Con 21 elaboradores
Corpinnat sumará dos bodegas en enero y evalúa una decena de nuevas incorporaciones hasta el 2028
La marca colectiva insiste en pedir cambios a las normas de las DO "porque no responden a la realidad del sector"
Corpinnat empieza a captar también bodegas de Clàssic Penedès y aspira a duplicar los socios en dos años

Supervisan una botella de Corpinnat antes de ser etiquetada / ACN

La marca colectiva Corpinnat sumará dos bodegas en enero y alcanzará los 21 elaboradores de vinos espumosos adheridos al proyecto. Los responsables de la nueva junta, Pere Llopart y Roc Gramona, explican que ya están en marcha auditorías a una decena de empresas más para que puedan incorporarse a Corpinnat en un plazo máximo de dos años, siempre que los resultados sean positivos. Tras nacer en 2018 como un grupo de seis bodegas disidentes dentro de la DO Cava, en Corpinnat aseguran haber demostrado “que no se trataba solo de un grupo de amigos que defendía el Penedès”. “Tenemos el reconocimiento de buena parte del sector, pero nos falta el apoyo de la administración”, lamentan, e insisten en reclamar cambios en las normativas de las denominaciones de origen “porque no responden a la realidad”.
Corpinnat cierra 2025 con cinco bodegas más respecto al inicio de año. Una de ellas comercializaba el vino a través de cooperativas, mientras que las otras procedían de la DO Cava y de Clàssic Penedès. El ejercicio también ha supuesto un relevo en la junta, ahora encabezada, con voluntad “continuista”, por Pere Llopart y Roc Gramona, quienes celebran que la marca inicie 2026 manteniendo una tendencia al alza que se traducirá de forma inminente en dos nuevas incorporaciones.
Alcanzar las 21 adhesiones el próximo mes de enero y contemplar la posibilidad de llegar a la treintena en dos años “evidencia que Corpinnat es un referente”, asegura el vicepresidente, Roc Gramona, quien apunta que numerosos distribuidores e importadores están instando a varias bodegas de la DO Cava o de Clàssic Penedès “a dar el salto” y abandonar sus organizaciones para adherirse a la marca colectiva.
Entre los motivos, señalan, figura “priorizar la generación de valor añadido dentro del territorio y a lo largo de toda la cadena de producción, y sobre todo defender el valor del precio de la botella de espumoso”. “No buscamos competir en precio, sino vender siempre de manera digna”, subraya Gramona.
A la espera de analizar en detalle la campaña de Navidad, los responsables de Corpinnat prevén que la facturación al cierre de 2025 aumente como consecuencia de un incremento generalizado de precios y de la venta de un mayor número de botellas por la incorporación de nuevos elaboradores. El presidente, Pere Llopart, celebra que las perspectivas sean positivas, tras un 2024 en el que la facturación creció un 1,7% —hasta los 26,87 millones de euros—, aunque la venta de botellas descendió un 2,63%, con 2,2 millones de unidades distribuidas.
“La marca es fuerte y cuenta con un modelo de producción que apuesta por la calidad”, afirma Llopart, quien admite que todavía no han cuantificado el impacto de la nueva política arancelaria en Estados Unidos. Recuerda que Corpinnat exporta “solo” una media del 19% de su producción, con diferencias notables entre bodegas, frente al 64% que la DO Cava vende en el exterior.
Estados Unidos es uno de los mercados donde más presencia tienen las bodegas de Corpinnat. Llopart reconoce “una gran incidencia” en las ventas durante los meses en que Donald Trump fue modificando de forma reiterada sus anuncios sobre los aranceles, “pero no hay datos concretos porque se trata de un mercado que sigue siendo inestable”. El presidente de la marca colectiva pide “prudencia” antes de realizar estimaciones sobre el impacto económico y considera que los nuevos impuestos “abren muchas oportunidades” para ganar terreno frente al champán francés o el prosecco italiano. El aumento de precios de productos que ya son elevados, añade, ofrece a Corpinnat la ocasión de captar nuevos clientes.
“Hay que reformular las DO”
La próxima primavera se cumplirán ocho años de la creación de Corpinnat y siete desde su salida de la DO Cava. Desde entonces, el colectivo ha lamentado haber quedado al margen de las ayudas de la administración “pese a ser el grupo con mayor producción de botellas de alto valor añadido”. Reconocen que su escisión no tiene precedentes, pero consideran que la dimensión alcanzada por Corpinnat obliga a la Generalitat “a tomar decisiones”, escucharlos y ofrecerles apoyo económico, “porque el cuidado del territorio debería ser una apuesta de país”.
“Desgraciadamente, las ayudas se asocian al hecho de formar parte de una DO, con un enfoque heredado de hace muchos años”, señala Llopart. Reconoce que la creación de las denominaciones de origen “tuvo un sentido muy relevante en el pasado”, pero defiende que “ha llegado el momento de reconocer otras realidades del vino catalán”.
Por su parte, Roc Gramona considera que la normativa que regula las DO “presenta muchas carencias” que encorsetan al sector. Apunta, por ejemplo, la imposibilidad de fijar un precio mínimo por kilo de uva para los viticultores, “pese a tratarse de uno de los principales problemas estructurales del sector vitivinícola”. Gramona destaca que durante la última vendimia Corpinnat pagó el kilo de uva a un precio que duplica los costes, con contratos firmados a tres años.
“Si se quiere apostar por un sector estructurado en torno a las DO, es necesario revisar la estructura actual, reformularla y contemplar alternativas”, insiste. En este contexto, sigue siendo lejana la posibilidad de crear una DO que agrupe los espumosos catalanes, ya que Corpinnat establece como línea roja mantener su autonomía en aspectos como el precio de la uva o la prohibición de comprar vino elaborado fuera de las bodegas miembros.
Pese a que el marco normativo actual dificulta la creación de una nueva DO de espumosos catalanes junto a los elaboradores de Clàssic Penedès, Gramona asegura que “las conversaciones nunca se han roto”.
Corpinnat sin alcohol, descartado
Por otro lado, los elaboradores de Corpinnat afirman observar con interés el crecimiento de la demanda de vinos de baja graduación y desalcoholizados. En este ámbito, precisan que están dispuestos a “experimentar” con una reducción del grado alcohólico, “pero nunca con una desalcoholización completa”.
Recuerdan que el reglamento interno ya permite la elaboración de vinos de 9 grados, mientras que la normativa de la DO Cava fija una graduación mínima del 10,8%. Gramona considera que disponer de un umbral más bajo, dentro de los estándares del sector, permite responder a las demandas de una parte de los consumidores “y, al mismo tiempo, conservar los aromas”. En cuanto al rechazo a la desalcoholización, sostiene que “es una práctica que dice poco del terruño y desnaturaliza los vinos”.
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