Negocios navideños
La última tienda de belenes de Barcelona, Pessebres Puig: "Cada vez quedan menos artesanos, en unos años esto se acaba"
La regenta Francesc Puig Joaquim, de 74 años, nieto de pesebrista y padre de tres hijos que continúan con el negocio familiar
Luces, árboles gigantes, pistas de hielo y pesebres vivientes: los mejores planes navideños de Barcelona

Francesc Puig, propietario de la tienda Pessebres Puig, en el barrio de Sant Antoni de Barcelona / ZOWY VOETEN
En el barrio de Sant Antoni, cerca de la Gran Via, un escaparate repleto de figuras y un rótulo clásico señalan la ubicación de Pessebres Puig, en la calle Comte Borrell. No se trata de una tienda cualquiera: es la última especializada en belenes que sobrevive en Barcelona.
Cruzar su umbral es sumergirse de golpe en el espíritu navideño. Personajes de todos los tamaños, complementos y luces decorativas ocupan cada centímetro disponible. El suelo hidráulico modernista y las estanterías cargadas al máximo transmiten esa sensación reconfortante de los comercios de toda la vida, lugares que huelen a tradición y a historia familiar.
Tras el mostrador está Francesc Puig Joaquim, de 74 años, quien representa la tercera generación de una estirpe dedicada al pesebrismo. "Mi padre había sido un gran pesebrista, ganó premios antes de la guerra, era de Acción Católica y estaba muy volcado en el pesebrismo", recuerda. Entre esos galardones, cuyos diplomas aún conserva, destaca un primer premio de Sant Boi a principios de los años 30.

Francesc Puig, propietario de la tienda Pessebres Puig, en el barrio de Sant Antoni de Barcelona / Zowy Voeten
La historia de Pessebres Puig arranca en 1929, cuando Josep Planelles, valenciano de origen, abrió la primera tienda especializada en la zona. Combinaba venta de petardos y de figuras de belén para cubrir la temporada de verano y de invierno. Uno de los proveedores era el padre de Francesc Puig, que adquirió el negocio en 1967 cuando Planelles se retiró: "Mi padre pasó de ser fabricante a ser fabricante y mayorista".
Ese mismo año, la familia se trasladó al número 127 de la calle Comte Borrell, donde ocupaban una pequeña tienda que anteriormente había sido un tostadero de café. En 1970, el negocio se había quedado pequeño y decidieron ampliarlo con el local contiguo, que es el actual. Años más tarde, a principios de los ochenta, La Caixa les ofreció comprar la propiedad. "En condiciones buenas, la compramos", rememora. Aquella decisión resultó crucial para la supervivencia del negocio décadas después.

Figuras y piezas de belén expuestas en la tienda Pessebres Puig, negocio centenario de Barcelona / Zowy Voeten
Hoy, Pessebres Puig es la última tienda física especializada en belenes de la capital catalana y no tiene equivalentes tampoco en el resto de Catalunya. "Antes teníamos unos 50 clientes minoristas en Catalunya. Había arbolerías, librerías... Gente que se dedicaba a vender belenes estos tres meses. Todos han cerrado, por culpa del alquiler o porque se han jubilado", lamenta.
Desde 50 céntimos a 1.500 euros
La singularidad del establecimiento radica en su amplísimo catálogo. Desde figuras de centímetro y medio hasta medio metro de altura, en materiales tan diversos como barro, plástico, resina o madera. "Aquí puedes encontrar algo que vale medio euro o gastarte, si quieres, 1.500 euros", resume. Muchos artículos proceden de artesanos de Murcia, aunque advierte que "se van jubilando": "Quedan cada vez menos y dentro de unos años esto se acaba".

Figuras y piezas de belén expuestas en la tienda Pessebres Puig, negocio centenario de Barcelona / Zowy Voeten
La tienda, en realidad, solo abre tres meses: octubre, noviembre y diciembre. Puig está jubilado desde hace una década y trabaja junto a una chica que le ayuda, una vecina del barrio. Es la única empleada del establecimiento, que conoce bien el negocio porque de pequeña compraba allí con su familia. Un equipo de dos personas durante la temporada más intensa del año es suficiente para atender a una clientela fiel que, año tras año, regresa al local.
"Lo hago porque mi gran satisfacción es que, cuando entra la gente, se queda maravillada", confiesa Puig. Muchos visitantes no llegan a comprar, van simplemente a contemplar la variedad expuesta. "Hay gente que solo entra a mirar y se va. Y muchos clientes que ya tienen el belén completo vienen a saludarme cada año", relata.

Francesc Puig, propietario de la tienda Pessebres Puig, en el barrio de Sant Antoni de Barcelona / Zowy Voeten
La clientela de Pessebres Puig trasciende las fronteras catalanas. "Vienen clientes de toda España. Este año han venido bastantes de Sudamérica", destaca el mayorista, que recuerda especialmente a dos clientes habituales de Ávila y Logroño que cada diciembre aprovechan su paso por Barcelona para visitar la tienda. "También cuando hay congresos de medicina, tengo médicos que vienen a comprarme. Incluso ha venido gente de Portugal", añade.
Márketing invisible de abuelos a nietos
La transmisión del amor por el pesebrismo es fundamentalmente intergeneracional y no requiere de publicidad: "El belén todavía se vende, es un negocio que no sube ni baja, es estable”. Cuando se le pregunta el por qué, Puig explica que esta tradición pasa de padres a hijos y, en especial, de abuelos a nietos. “El hijo tiene mucha faena y no está para esto, pero de abuelos a nietos sí que se transmite todo esto", analiza. Es habitual que lleguen tres generaciones juntas: abuelos que compraban de pequeños traen ahora a sus nietos para adquirir nuevas figuras y completar belenes familiares.
Un tesoro para Puig son los compradores que se han convertido en amigos. "Tengo una serie de clientes que hasta me invitan a comer a su casa. Tienen el belén montado, esperando que yo vaya, lo inauguran conmigo y me invitan a comer", cuenta emocionado. Son vínculos que trascienden la mera relación comercial.
Tres hijos en el sector
Los tres hijos de Francesc Puig continúan en el negocio por una vía diferente: tienen su propia empresa, también llamada Pessebres Puig pero independiente, dedicada a la venta mayorista y distribución en ferias. "Venden a grandes distribuidores como El Corte Inglés o Alcampo... Si vas a las ferias de Alemania, verás Pessebres Puig. Cada año van a Alemania a vender", explica orgulloso. Incluso tienen una fábrica en China que produce para ellos.

Figuras y piezas de belén expuestas en la tienda Pessebres Puig, negocio centenario de Barcelona / Zowy Voeten
Además, la familia mantiene dos paradas en la feria de Santa Llúcia de Ciutat Vella, una tradición de más de un siglo, cuando el abuelo de Francesc Puig estrenó un puesto allí. "Desde 1917 tenemos parada en la Catedral", destaca. Muchos clientes compran en las paradas y luego completan sus pedidos en la tienda física del Comte Borrell. Según confirma Francesc, el futuro del establecimiento está asegurado, al menos durante una década más. "Mi hijo mayor, que tiene 50 años, me dice: 'Padre, tú conserva esto lo máximo posible, que a mí me faltan 10 años para jubilarme'. Y entonces lo hará él", revela.
Su hijo, como relata Puig, además de continuar con la distribución mayorista, tiene habilidades artesanales heredadas del abuelo: sabe crear piezas de corcho y retocar figuras, manteniendo vivo el espíritu creativo familiar. A pesar del contexto actual, donde muchos comercios tradicionales desaparecen, Francesc no se muestra preocupado por la competencia online. "Tengo muchos clientes que buscan algo concreto por internet, lo piden y les viene algo que no esperaban. La foto o la imagen te puede engañar", argumenta con la seguridad que dan los años de experiencia.
"De cada 10 familias, solo una hace belén"
Lo que sí le preocupa es la pérdida de tradición en las escuelas. "Antes las escuelas hacían sus propios belenes y venían a buscarme un pastorcillo, una vaca... Ahora no se hace", lamenta. En cuanto a la evolución de la sociedad catalana, ofrece cifras reveladoras: "De cada 10 familias, solo una hace belén. El porcentaje es muy bajo". "En cambio, en Italia, de cada 10 familias, cinco hacen belén", compara.

Figuras y piezas de belén expuestas en la tienda Pessebres Puig, negocio centenario de Barcelona / Zowy Voeten
Con todo, Pessebres Puig se mantiene como referencia indiscutible de esta tradición navideña: "Estoy muy orgulloso, seguimos toda una tradición de muchos años. En el mercado de los belenes había muchos nombres y ha quedado el de Puig". En este escaparate de Comte Borrell las figuras siguen esperando a quienes mantienen viva una de las tradiciones más arraigadas de la cultura mediterránea. El espíritu de la Navidad pervive, año tras año, en cada figura que cruza su puerta.
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