Testimonios personales
“Tengo ganas de volver a bailar aquí”: alegría vecinal en Rubí al reabrir el popular Casino tras una década cerrado
Los vecinos del municipio vallesano celebran
El Casino de Rubí reabre sus puertas con una programación cultural de Navidad

Vecinos de Rubí, Cesáreo Ezpeleta , Maricruz Barceló y Manel Soler, delante de la puerta del Casino de Rubí / Ferran Nadeu / EPC

Una flor prendida en el vestido bastaba para cruzar la puerta. Era el código, la señal, que indicaba que aquel joven tenía “permiso para entrar” al baile, ya que significaba que había pagado la entrada. Así lo recuerdan quienes vivieron los domingos de orquesta en el Casino de Rubí, cuando el salón no solo era un lugar para bailar, sino también un pequeño mundo con reglas propias: el vigilante atento, la mirada de los mayores desde los palcos y una distancia obligatoria entre cuerpos —“un palmo”— que marcaba el compás tanto como la música. Diez años después de bajar la persiana, el Casino ha vuelto a abrir y, con él, regresa una parte muy concreta de la memoria sentimental de la ciudad.
La reapertura no se vive únicamente como la recuperación de un edificio emblemático, sino como el reencuentro con un espacio que fue casa, punto de encuentro y escenario de la vida social de una Rubí que entonces apenas rondaba los siete mil habitantes. “Es una alegría muy grande”, resume Maricruz Barceló, de 76 años, hija de quien llevó el bar del Casino a mediados de los años sesenta. Su vínculo con el inmueble es literal: “Dormíamos aquí al lado y he visto cómo ha crecido la vida en el bar”. Su padre se hizo cargo del café en 1965, y durante tres años la familia vivió pegada al trajín de las comidas, los socios y los espectáculos. “Mi madre era cocinera y servía en el bar… aquí se hacían comidas, bodas, se hacía de todo”, recuerda.

Maricruz Barceló, vecina de Rubí e hija del propietario del bar que sale en la imagen / Ferran Nadeu / EPC
Barceló era demasiado joven para trabajar —“yo tenía 13 años”—, pero lo vivió desde dentro, con la familiaridad de quien conoce el edificio por sus pasillos. Aún conserva autógrafos y nombres que, en su relato, siguen entrando por la misma puerta: “La gente que venía a actuar pasaba por aquí, comía aquí, iba a actuar y ya está”. Para ella, el Casino no fue solo un escenario, fue también el lugar donde conoció al que acabaría siendo su marido. “Estoy casada con él desde hace 54 años”, cuenta, con la naturalidad de quien resume una vida que, de algún modo, empezó allí.

Imagen del exterior del Casino de Rubí / Ferran Nadeu / EPC
La sala grande de Rubí
El Casino fue durante décadas la sala grande de Rubí: café para conversar, cine, teatro y bailes con orquesta en directo. Manel Soler, de 63 años, lo recuerda desde el otro lado, el de quienes sostenían el día a día. Su padre fue vicepresidente y, durante años, se ocupó de que los espectáculos salieran bien: “Se encargaba cuando venían actuaciones… de atender a los músicos, de arreglar cosas, de muchísimas cosas”. Soler acompañaba a su padre y por eso lo conoció “por dentro”, en una época en la que el local empezó a cambiar al ritmo de la ciudad.
La transición llegó con los setenta y la expansión demográfica. “Con el aumento de población también aumentó el número de personas paradas… y a veces había más enganchadas dentro de la sala”, explica. Para mantener viva la sociedad, el Casino se modernizó y se transformó: “Se tuvo que adecuar un edificio de los años veinte como si fuera una discoteca”. Lo fue, de hecho, durante un tiempo: “Con palcos, con señoras arriba mirando, sus hijos y abajo empezó a sonar música disco”. Pero Soler distingue bien las dos épocas: “Hasta finales de los 60 la gente bailaba con orquestas”. Después llegaron los conciertos y las noches que, en su memoria, suenan a cartel de otra era: “Aquí actuaron Miguel Ríos, la Janet, la Karina; grupos como Los Diablos o Tony Ronald”. Y una tradición que se repetía cada Navidad: “El bingo, también. En Navidad se hacía bingo”.

Manel Soler ,Cesáreo Ezpeleta y Maricruz Barceló dentro del Casino de Rubí / Ferran Nadeu / EPC
Entre quienes sienten el regreso como una reparación personal está Cesáreo Espeleta, de 81 años, que llegó a Rubí con 13 desde Burgos y encontró en el Casino una puerta de entrada a un mundo nuevo. Habla del choque cultural, de un pueblo donde se hablaba “más en catalán que en castellano” y de cómo se fue adaptando. Pero su recuerdo más íntimo es adolescente: el descubrimiento de una chica que vivía cerca, las rutas inventadas para pasar por delante, el impulso por aprender a bailar para estar a la altura. “Yo era vergonzoso. Me daba vergüenza decir que venía a bailar porque no sabía bailar”, admite. Al final, no hubo escapatoria: o aprendía o se acababa el baile. Se hizo socio con 14 años y, con el tiempo, llegó incluso a la presidencia en la última etapa de la entidad. Preguntado por si se pondría de nuevo al frente ahora que el Casino vuelve a respirar, no duda: “¿Ahora? Y tanto”. Su vida sentimental también quedó amarrada a esas paredes: “Mi pareja fue un año Miss Casino”, recuerda entre risas.

Manel Soler Sagristà, vecino de Rubí / Ferran Nadeu / EPC
La historia del Casino es, en realidad, la historia social de Rubí. Sus orígenes se remontan al antiguo café El Jardí (1864), en el mismo emplazamiento, donde ya se representaba teatro aficionado. El edificio actual, de estilo novecentista, lo proyectó el arquitecto Ramon Puig i Gairalt y se inauguró en 1928, coincidiendo con la fiesta mayor. Primero fue Cámara Agrícola Oficial; en 1942 pasó a llamarse Casino Español, con estatutos centrados en fines recreativos y en el uso de café y sala de teatro. Fue sala de baile, cine y escenario para óperas, zarzuelas, revistas y conciertos. En los setenta, cuando la música en directo empezó a desaparecer de las salas, se reconvirtió en discoteca sin perder del todo algunas celebraciones y bailes de socios.
La última década, la del cierre, fue la más silenciosa. En 2016, tras un acuerdo con la Associació Casino Español, el edificio pasó a manos del Ayuntamiento, lo que permitió impulsar la rehabilitación integral que ahora culmina con la reapertura. Para quienes lo miraron años como un gigante dormido en el centro, la recuperación significa más que ladrillos: es la posibilidad de volver a habitar un lugar que definió generaciones. “Tengo ganas de venir a bailar cuando”, dice Maricruz Barceló. Y en esa frase —tan sencilla— cabe una ciudad entera volviendo a la pista.h

La renovación por dentro del Casino de Rubí / Ferran Nadeu / EPC
Suscríbete para seguir leyendo
- El veto al dinero en efectivo en el bus de Barcelona que deja sin seguro a pasajeros: “No es lo mismo no pagar que no poder pagar
- Barcelona reclama dos millones al antiguo concesionario de chiringuitos de la Ciutadella, la Sagrada Família y Montjuïc
- Sabadell se desmarca de Barcelona y descarta prohibir los pisos turísticos
- El temporal destroza parte del paseo marítimo y de la zona de las vías del tren en Badalona: 'Es muy preocupante
- Adif suspende la circulación de Rodalies en Catalunya tras dos descarrilamientos
- Barcelona invertirá 2,3 millones en la reforma de tres calles del barrio de Porta
- Barcelona registra una caída histórica de la contaminación y roza el objetivo europeo de 2030
- ALDI abre este 28 de enero un nuevo establecimiento en el mercado de Montserrat de Barcelona