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Tradición

La resistencia de los clientes septuagenarios de la Boqueria: "Si pudiera, vendría más"

La mayoría de los compradores fieles superan los 60 años de edad y tienen un fuerte vínculo emocional con el mercado de la Rambla

Entrevista a Jordi Mas, presidente de la Boqueria: "Este año hemos perdido más de un 5% de visitantes"

La clientela local aún es la mayoritaria en algunas paradas del Mercat de la Boqueria

La clientela local aún es la mayoritaria en algunas paradas del Mercat de la Boqueria / Zowy Voeten / EPC

Ariadna Miranda

Barcelona
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El mercado de Boqueria es una parada obligatoria para cualquier turista que viaja a Barcelona. Ubicado en centro de Barcelona, la histórica plaza recibe cada día miles de visitantes. El año pasado registró cerca de 25 millones y prevé cerrar 2025 con la primera cifra de decrecimiento de afluencia desde la pandemia por la menor llegada de visitantes y las obras de la Rambla. En los últimos años, la oferta de productos ha evolucionado hacia un mix de clientela local y turística, una combinación que, según paradistas y clientes de toda la vida, crea reticencias entre los compradores de proximidad.

Frente a polémicas y tópicos, hay una clientela barcelonesa y catalana que mantiene su vínculo con el mercado. Resisten haciendo su compra diaria en el emblemático zoco. La mayoría de los fieles de la Boqueria superan los 60 años de edad y mantienen un vínculo emocional con la Rambla.

La clientela local compra en sus paradas preferidas del Mercat de la Boqueria

La clientela local compra en sus paradas preferidas del Mercat de la Boqueria / Zowy Voeten / EPC

Es el caso de Montserrat Vilà, de 80 años, que ya venía cuando era pequeña, “cogida de la mano” de su madre. Con el carro de la compra, se abre paso entre la marabunta de turistas para llegar “a las cinco o seis paradas buenas que quedan”, afirma a EL PERIÓDICO. Para Vilà, es su mercado de confianza y de toda la vida, pero lamenta que “casi todo está destinado para extranjeros”.

En la misma línea, Àngela Guzmán, de 79 años, reivindica el peso de la tradición: "De pequeña, venía a comprar con mi madre, y es una costumbre que me gusta conservar". Hoy por hoy, solo viene por Navidad para comprar el tradicional pollo relleno.

Clientela turística y local convive en los pasillos del Mercat de la Boqueria

Clientela turística y local convive en los pasillos del Mercat de la Boqueria / Zowy Voeten / EPC

Muchos de los compradores vienen de fuera de Barcelona expresamente para hacer sus compras. Un ejemplo de ello es Damià Amorós, de 67 años, que se desplaza desde la Conca de Barberà solo para comprar perdices. También Anna Donat, residente en el Maresme, que ha aprovechado una visita al médico para pasar por la Boqueria. “Si pudiera vendría más, pero entre que aparcar es imposible y que muchas paradas van cerrando, ya no es lo que era”, comenta.

Aunque hay muchas voces críticas con la masificación, como la de Pedro Cerón, vecino de la calle Salvador del Raval, que apunta que “hay momentos en los que no se puede ni caminar”, no todos comparten esta visión. Josep Maria Roger, de 79 años, le contradice: lleva más de 50 comprando en la Boqueria y sigue viniendo desde la plaza Kennedy solo para adquirir carne de buey para su hija. “Yo estoy cómodo, una vez pasas la zona de la entrada se puede comprar tranquilamente”, afirma.

Barcelona, 17/12/2025. Sociedad. Clientela local compra en paradas del Mercat de la Boqueria, un retrato de los vecinos que todavía mantienen el mercado como espacio de compra cotidiana, mostrando quiénes son y qué productos adquieren. Foto: Zowy Voeten / El Periódico

Clientela local compra en paradas de la Boqueria, vecinos que todavía mantienen el mercado como espacio de compra cotidiana / Zowy Voeten / EPC

Contraste de opiniones entre paradistas

Entre los paradistas también hay opiniones muy enfrentadas. Rosen Bertran, de la Cansaladeria Bertran Mascarell —una parada fundada en 1955 y especializada en embutidos clásicos catalanes y butifarras frescas de sabores diferentes— asegura que el turismo la ha "arruinado" porque apenas gasta en su tienda. Explica que todavía mantiene parte de la clientela de siempre, aunque no es suficiente para sostener el negocio: “No nos da para sobrevivir, con las cuatro o cinco que compran”. A su parecer, los comercios orientados al público local acabarán desapareciendo, ya que la mayoría de sus clientes son personas mayores que, con el tiempo, dejarán de venir. “Cuando cerremos las diez o doce paradas de toda la vida, la Boqueria morirá”, concluye con desánimo. 

Leonela y Jessica, dependientas de Morilla Fruites, atienden a clientes habituales en una de las paradas históricas del Mercat de la Boqueria

Leonela y Jessica, dependientas de Morilla Fruites, atienden a clientes habituales en una de las paradas históricas del Mercat de la Boqueria / Zowy Voeten / EPC

En cambio, la parada Morilla Fruites ha visto en el turismo una oportunidad. Abierta desde 1960, está especializada en la venta de fruta y verdura, sobre todo cerezas, mango y fresón. Rosa Millán atiende a EL PERIÓDICO mientras atiende una hilera de clientes y se declara agradecida de estar en un espacio tan céntrico y turístico. Las dependientas Leonela y Jessica también despachan sin parar toda la tarde. Dice que durante todo el día “entra mucha gente” que mantiene la parada “rebosante, como si fuera un martes”, el día en que los comercios reciben el género fresco. Incluso hay semanas que “se vende más un lunes que un sábado”. La responsable de Morilla Fruites reconoce que la clientela local ha disminuido y que los turistas suponen ahora una parte importante de sus ventas. 

El curioso caso de las empanadas del lunes

Todos los paradistas entrevistados coinciden en que solo hay dos opciones: “renovarse y vender productos aptos para turistas, o cerrar”. Muchos han optado por destinar una parte de su comercio a este público. Es el caso de la Carnicería Garriga, que ha decidido dedicar los lunes a la venta de empanadas, mientras que el resto de la semana mantiene su oferta habitual. “Como los lunes llegan muchos turistas, optamos por vender productos de consumo rápido, y los demás días seguimos con nuestro producto tradicional: ternera, cordero, buey y cabrito”, argumenta Màxim Garriga.

Otras paradas también señalan que el descenso de la clientela local no se debe únicamente al turismo. Miquel Trullols, de Bacallaneria M. Trullols Pujamar, enfatiza que Ciutat Vella ha cambiado con el paso del tiempo: “Ahora tenemos un público que no teníamos antes, porque tanto el barrio como el mercado han cambiado".

Imma Roquet, paradista de Olives Francesc, en su puesto del Mercat de la Boqueria, uno de los comercios que aún conserva la compra de proximidad

Imma Roquet, paradista de Olives Francesc, en su puesto del Mercat de la Boqueria, uno de los comercios que aún conserva la compra de proximidad / Zowy Voeten / EPC

Por otro lado, Imma Roquet, de Olives Francesc —una parada familiar de tercera generación que vende aceitunas a granel, conservas, aceite y especias— subraya que también ha habido un cambio en los hábitos de consumo. “Los que más compran son personas de 60 años en adelante, los jóvenes no tienen costumbre de ir a plaza”. Además, los supermercados y la facilidad de compra que ofrecen es un rival difícil: “No podemos competir con las grandes superficies”.

50% de producto tradicional y fresco

Para recuperar el papel de la Boqueria como mercado de abastos barcelonés y frenar la venta de artículos orientados solo al turismo, el Ayuntamiento y la asociación de comerciantes han pactado obras de mejora y un reglamento específico que regulará la venta de productos en 2026. Obligará a que al menos el 50% de la oferta corresponda a alimentos tradicionales, como frutas y verduras frescas, carne o pescado. El presidente de la Boqueria, Jordi Mas, reconoce a EL PERIÓDICO que se trata de una zona muy turística, pero espera que la reforma ayude a preservar “la esencia” del mercado para que sigan habiendo familias de vendedores de quinta o séptima generación.

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