Entrevista
Jordi Mas, presidente de la Boqueria: "Hemos perdido más de un 5% de visitantes este año por las obras de la Rambla y el descenso de turistas"
El icono barcelonés se ha aliado con el de Florencia para solicitar el año que viene que los mercados históricos sean Patrimonio inmaterial de la Humanidad
La resistencia de los clientes locales de la Boqueria: "Venía con mi madre, es una costumbre que me gusta conservar"

Jordi Mas, presidente del mercado de la Boqueria, en la entrada del mercado, junto al árbol de Navidad. / Zowy Voeten / EPC

La Boqueria afronta el 2026 con ilusión porque iniciará su gran reforma con las reglas del juego claras: un mínimo del 50% de producto fresco para preservar su carácter de mercado de abastos, pero también una oferta adaptada a los "nuevos hábitos de consumo" y a su inevitable tirón turístico. Jordi Mas, presidente del gran zoco barcelonés desde 2022, respira aliviado por el apoyo mayoritario (91%) de los paradistas a la nueva etapa y analiza el presente y el futuro del considerado 'Mejor mercado del mundo'.
¿La nueva Boqueria logrará el equilibrio de oferta sin dejar de ser un mercado?
Nosotros hemos pactado con el ayuntamiento que mantenga la mitad del producto fresco y cada operador tenga al menos un 40%. Eso ya es un salto cuantitativo. Y queremos que se preserve la esencia para que sigan habiendo familias de vendedores de quinta o séptima generación. Defendemos un concepto y por eso acabamos de crear junto al mercado de San Lorenzo de Florencia una asociación de Mercados Históricos, porque también buscamos ser un 'lobby' con influencia.
¿Comparten el problema de la pérdida de identidad con otros mercados?
En Florencia y otras ciudades tienen el mismo problema, pero el objetivo común es proteger el mercado tradicional y buenas prácticas para que la gente, el consumidor final, entienda la cultura gastronómica. Y ya hemos ido a Bruselas a pedir que los mercados históricos sean Patrimonio inmaterial de la Humanidad y posiblemente presentaremos la candidatura el año que viene.
En cuanto a la masificación turística, ¿qué balance dejan los datos provisionales de 2025?
El año pasado tuvimos 25 millones de visitantes. Desde la pandemia no habíamos dejado de crecer, incluso el año en que tuvimos las obras del pavimento [hace dos]. Anteriormente, no lo teníamos contabilizado. Pero este 2025 calculo que acabaremos con una bajada de afluencia del 5 o 6% por las obras de la Rambla [ahora afectan al lateral Raval, donde se ubica el mercado] y la caída del turismo en la ciudad. Pero una cosa es la pérdida de afluencia, que en la Rambla ha sido mayor, y otra que algunos operadores hayan sufrido descensos de facturación mayores, según donde se ubiquen sus puestos. Sería necesario analizar el impacto de la movilidad.
¿Acusan la pérdida de clientes turistas?
No solo de turistas que vienen al mercado. Buena parte de las ventas se realizan a restaurantes, de manera que cuando hay menos viajeros en Barcelona estos restauradores locales compran menos en las pescaderías de la Boqueria. El círculo natural de suministro se resiente. Y sabemos que noviembre ha sido muy malo para la hostelería.
¿Barcelona debe frenar el volumen de turismo que recibe?
Cuando la gente está de vacaciones gasta más, nos pasa a todos. Hay que ponerle una alfombra roja al visitante, pero nos lo estamos cargando. El mercado ha de ser salud, cultura y entretenimiento.
¿Han estimado el peso de este visitante foráneo en sus cuentas?
En los últimos tiempos no. Sabemos que tras la pandemia el turista llegó a ser un 85% del público de la Boqueria, pero su impacto en la facturación suponía el 60%. El comprador barcelonés era el 15% y su gasto suponía el 40%, al incluir la venta a restauradores. Hemos promovido mucho que volvieran a proveerse al mercado.
En 2024 fueron elegidos Mejor mercado del mundo, pero en su propia ciudad son criticados por la actual oferta ¿Cómo lo encaja?
Hay gente que nos acusa de estar turistificados, de haber degenerado, pero lo que ha habido es una evolución, porque hace 50 años no pasaba tanta gente por la Rambla ni se consumía de la misma manera. Aún así, la Boqueria es el mercado de Catalunya con más producto fresco y con generaciones de vendedores. Y nosotros estamos haciendo mucho trabajo para enseñar la Boqueria que queremos que se vea, su producto diferencial... Estamos haciendo tours para gente de aquí, entidades, grupos... Y cuando terminan la visita, la gente alucina. También cuando nos llegan representantes de otros países.

Jordi Mas, presidente del mercado de la Boqueria, en el interior del mercado barcelonés. / Zowy Voeten / EPC
¿Cómo reconectar con los barceloneses que ya no van al centro?
Es importante decir que toda la gestión que hace la Boqueria es para el público local, porque consideramos que el no local ya lo tenemos. Toda la obra, todo el presupuesto de márketing, todo lo que hacemos nosotros, es para los barceloneses, como una colaboración de Navidad con la escuela Massana. Hay una realidad que no podemos negar, pero somos conscientes de que no podemos perder la esencia y un 91% de vendedores asume que tenemos que dar un paso atrás.
¿Cuál es ese paso?
Tenemos un plan estratégico y sabemos hacia dónde queremos ir como lobby gastro-cultural. Si no dejamos llegar al público local, estamos rotos. Y tenemos un gran problema de movilidad en la ciudad. Cada día hay más calles cerradas o con restricciones. Ya podemos tener el mejor mercado del mundo, que si no dejamos que llegue la gente, es un drama.
Para contabilizar y analizar a los que sí llegan instalaron sensores hace poco. ¿Alguna conclusión inicial?
Hemos puesto estos 78 sensores, que aún están en pruebas, con el objetivo de ayudar a mejorar el tráfico del mercado y tomar decisiones. Según los primeros resultados, la zona con más afluencia es la plaza del Quiosc Modern, que esponjaremos para que la experiencia sea más agradable. Hemos visto también que hay paridad de hombres y mujeres, y en un futuro podremos ver si son extranjeros o locales. La digitalización del mercado es de gran ayuda.
Cuando la gente va de vacaciones gasta más. Hay que ponerle una alfombra roja al turista que viene a Barcelona, pero nos lo estamos cargando
¿Determinará el modelo de reforma?
La reforma se ha de aprobar y no se hará nada que no se acepte en conjunto, de la mano del ayuntamiento. Tenemos que comenzar con los temas de infraestructura, como la isla del pescado y la reubicación de los lavabos en planta baja (ahora están en el sótano), posiblemente el próximo año. Luego avanzaremos hacia el mix comercial, el tejado y la reforma de la plaza Gardunya para dotarla de una fachada, porque es la entrada natural del comprador local que llega en coche y ahora solo ve la retaguardia del mercado.
¿Qué cambios destaca en el interior?
La puerta turística es la Rambla. Pero la del ciudadano es la Gardunya, por lo que el proyecto técnico contempla que el pasillo central baje; hacer un 'túnel' [en la construcción actual] de tal manera que llegues a la Gardunya y al entrar ya veas el mercado, y no su 'trasero' como ahora.
¿La obra comportará paralizar la actividad o reducir alguna parte de la oferta?
No queremos que el mercado cierre en ningún momento, siempre habrá vida aunque se haga por fases y quedarán las 180 paradas actuales. En realidad faltan carnicerías, nuevos conceptos y tiendas superespecialistas. Hay fruterías con zumos donde hay montañas de frutas y los zumos apenas se ven, el producto ha de estar presente. Hemos de ir a por producto y oficio. Pero personalmente opino que si el 'cheescake' hoy en día es un producto estrella, ¿por qué no tenemos un puesto? Hemos de poder introducir nuevos proyectos y productos.
¿Llegan inversores que compran paradas a golpe de talonario como negocio turístico?
Va por temporadas. Hubo un momento en que una persona con un negocio en el mercado compró unos cuantos puestos más de distintas especialidades. Pero de fuera están habiendo pocas entradas. Tenemos sobre todo compras horizontales de gente que ya estaba dentro.
Corre el rumor de que hay una cafetería en traspaso por 1,5 millones de euros.
Siempre se oyen cifras. Hay gente que está pidiendo el oro y el moro, pero igual luego no se vende. Y si se vende, les ha tocado la lotería. Cuando el precio es bajo, el ayuntamiento tiene opción de quedárselo para esponjar el mercado durante la reforma. Ya hay 20 puestos vacíos para eliminarlos o reubicar a paradistas según avance la obra.
¿Y qué pasa con los operadores que actúan como si el mercado fueses un merendero?
Hay una ordenanza municipal general que dice lo que puedes vender y lo que no puedes vender. Y a día de hoy, si eso no se cumple, es el Instituto de Mercados quien tiene que poner orden, no la Asociación de Vendedores. Un puesto de frutas y verduras no puede vender elaborados que no sean de fruta o verdura. Y la ordenanza tiene alegalidades, por eso es importante que ahora la Boqueria regule el porcentaje de elaborados, que no podrá ser más de la mitad. Hasta ahora había algunas sanciones pero no un control estricto, que pronto tendremos.
¿Valdrá más la pena bajar a comprar a la Boqueria?
El mercado es salud, no solo física por comprar buenos alimentos, buena calidad, sino salud mental. Lo hemos visto en las reuniones con la Unesco y la asociación de históricos. Nosotros competimos con el supermercado, con esa otra forma de comprar. El súper es solo un lineal y el comercio del mercado te habla, tienes profesionales que saben lo que hacen. Y la Boqueria no es un mercado de barrio, lo es de toda la ciudad, con un surtido y carácter únicos.
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