En primavera de 2026
Barcelona sustituirá unas escaleras mecánicas del Putxet con constantes averías: “Ojalá que las arreglen, pero para bien”
El ayuntamiento licita las obras de las escaleras de Claudi Sabadell y Roma, aunque los vecinos las reciben con escepticismo
“Están hechas para guiris, no para vecinos”: continúa el calvario de las escaleras de la Baixada de la Glòria de Barcelona

Escaleras mecánicas en la calle Claudi Sabadell, en el Putxet. / Ferran Nadeu / EPC

A escasos diez minutos andando de la Baixada de la Glòria, en el barrio de Gràcia de Barcelona, donde las escaleras mecánicas llevan años desesperando a cualquiera que viva por allí, hay otro par de tramos que también acumulan sus propios quebraderos de cabeza. Son las de la calle Claudi Sabadell y las de la calle Roma, situadas en el norte del parque del Turó del Putxet, donde los vecinos ya prácticamente calculan la ruta para ahorrarse subir a pie en caso de avería.
Su situación no es tan extrema como el calvario de la Baixada de la Glòria, donde las averías constantes hacen casi inasumible una subida interminable: de 64 metros de desnivel entre las avenidas de Vallcarca y del Coll del Portell. Pero el problema es el mismo: en los barrios de montaña, donde vive sobre todo gente mayor, que las escaleras mecánicas fallen se convierte en una barrera diaria que condiciona la movilidad y, en muchos casos, la autonomía.
Ahora el Ayuntamiento de Barcelona ha movido ficha: ha adjudicado el proyecto para sustituir las escaleras mecánicas de las calles Claudi Sabadell y Roma por "la obsolescencia de toda la instalación y la integración al sistema de telecontrol del consistorio", explican fuentes municipales a EL PERIÓDICO. Los trabajos empezarán en el segundo trimestre de 2026 en ambas escaleras. Las primeras tendrán un coste aproximado de 1,2 millones de euros y las segundas un millón de euros.

Las escaleras mecánicas de la calle Roma, en el barrio del Putxet. / Ferran Nadeu / EPC
“Acabas buscando alternativas”
Es la primera vez que se renuevan y, aunque es una buena noticia para los vecinos, la reciben con una mezcla de alivio y resignación de quien sabe que lo peor quizá esté por llegar. Las escaleras fallan a menudo, pero estar meses sin ellas tampoco les convence. El tiempo estimado de las obras es de ocho meses como máximo. “Espero que lo hagan por tramos y nos dejen alguna funcionando”, pide María, vecina de la calle Roma, que ya imagina el día en que vuelva a subir a su casa sin pensar en si hoy toca escalera o dar la vuelta por otro camino.
“Acabas buscando rutas alternativas”, explica a este diario. Asegura que las escaleras “no funcionan 20 días al mes”, o lo que es lo mismo: apenas diez. “Las arreglan, se vuelven a averiar, tardan en venir…”, lamenta. Percibe que la gente del barrio está intranquila: “El 80% de las conversaciones giran alrededor de las escaleras y el acondicionamiento del barrio”. La mujer, que ya está jubilada, admite que cuando trabajaba y se movía en moto no veía la dificultad: “Ahora que no trabajo y estoy todo el día subiendo, ves el problema”.
“Ni un cartel ni nada”
Marta, también vecina de la calle Roma, coincide en que las escaleras fallan con frecuencia y critica la falta de señalización: “No ponen ni un cartel ni nada”. Ella las utiliza para subir al gimnasio y reconoce que “en el fondo va bien porque haces ejercicio, pero hay gente muy mayor en el barrio”. Advierte de que para estas personas la situación se vuelve complicada, mientras que para los jóvenes es distinto: “¡Ellos las suben de dos en dos! Pero oye, cada uno conoce sus límites”, ríe.

Las escaleras mecánicas de la calle Roma, en el barrio del Putxet. / Ferran Nadeu / EPC
Mercè y Carme se encuentran arriba de las escaleras de la calle Claudi Sabadell, que conectan la avenida de la República Argentina con la calle Portolà. Para quienes salen del metro de Vallarca y viven más arriba son de gran utilidad y prácticamente obligadas. Por suerte, hoy las escaleras funcionan, aunque ambas vecinas saben que “hay temporadas de todo y cada día es una sorpresa”.
Coinciden en que la sustitución les parece necesaria, aunque se quejan de que el sentido de bajada nunca funciona. “Iría muy bien que funcionara”, comenta Mercè, mientras Carme discrepa: cree que habilitar la bajada complicaría la subida y exigiría más coordinación entre vecinos. De subida, las escaleras siempre están en marcha.
"Desgaste evidente”
Miguel Ángel, que sube del gimnasio, asegura que las escaleras muestran “desgaste evidente” y que las reparaciones son tan frecuentes como poco duraderas: “Vienen cada semana o dos”. Valentina, cuidadora de un señor mayor, también sufre las interrupciones mientras empuja el carro de la compra: “Ojalá que las arreglen, pero que lo arreglen para bien”. Explica que el hombre al que atiende apenas sale porque vuelve agotado.
La situación es distinta para Jaume y Mercè, matrimonio cuyo edificio da directamente a las escaleras, viven la situación con más distancia gracias a que disponen de un ascensor en el bloque que les evita buena parte del desnivel. Consideran que, al estar al aire libre, "es normal que se deterioren", y admiten que para ellos no supone el mismo quebradero de cabeza que para otros vecinos que dependen por completo de las escaleras para desplazarse.
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