Paciencia al límite
"Estoy harta de que se colapse todo": el drama diario de los conductores en las rondas de Barcelona
Hablan ciudadanos que viven cada día con agotamiento los atascos en la Ronda de Dalt y la Ronda Litoral
La falta de un transporte público interurbano eficiente obliga a muchos a depender del coche pese a las retenciones
La ratonera diaria de Barcelona: por qué las rondas ya no dan más de sí y qué proponen los expertos
Barcelona crea dos nuevos apartaderos en las rondas para mitigar el colapso diario

Tráfico en la Ronda de Dalt / Ricard Cugat

"Esto no es sano para las personas", "es una tortura", "un desastre". Cada día, conductores del área metropolitana de Barcelona viven la misma escena: kilómetros de coches avanzando a un paso casi de procesión por la Ronda de Dalt (B-20) y la Ronda Litoral (B-10). No se trata de accidentes puntuales, sino de un problema crónico que convierte los trayectos hacia oficinas y colegios en un lento desfile de luces rojas.
Dentro de Barcelona ciudad, el coche apenas supone el 10% de los desplazamientos, según datos del RACC. Pero, al cruzar los límites de la ciudad, esa cifra se cuadruplica. El 40% de los trayectos entre municipios del área metropolitana se hacen con vehículo privado. La razón de esto no es una preferencia por el coche, sino la falta de un buen transporte público, que sigue sin dar respuesta a las necesidades de movilidad diaria de miles de vecinos. Según la asociación y el testimonio de los conductores, sin trenes ni autobuses con suficiente capacidad y frecuencia, para muchos trabajadores el coche continúa siendo la única opción viable.
“Las rondas me han superado”
"Barcelona nunca había estado así. Es un desastre", expresa Miquel (60), vecino de Ripollet y trabajador en Barcelona. Lleva 40 años desplazándose cada día a la capital catalana y utilizando la Ronda de Dalt desde su inauguración en 1992.
Recuerda que, antes de que existieran las rondas, había mucho tráfico para entrar en la ciudad, pero cuando se inauguraron el año de las Olimpiadas “fue una bendición para los conductores”. Sin embargo, asegura que, con el paso de los años, la situación ha cambiado radicalmente: “Después de 33 años, me han superado las rondas. Hay un colapso cada vez mayor, tremendo”, explica. Según dice, lo viene notando más en los tres últimos años, tras la vuelta a la normalidad después de la pandemia. “Esta ciudad está al límite, en el peor momento de su vida”, asevera, en cuanto a circulación.
Para un trayecto que sin tráfico podría hacerse en 20 minutos, Miquel llega a tardar hasta una hora y 20 minutos, llegando a casa del trabajo aún más cansado y estresado. “Para mí era imposible seguir así. Ha superado ya todos mis estados de nervios y de salud”, lamenta. Y añade: “Se pierde mucho tiempo de vida, de descanso y de otras actividades. Esto no es sano para las personas”.
“Para mí era imposible seguir así. Ha superado todos mis estados de nervios y de salud. Se pierde mucho tiempo de vida. Esto no es sano para las personas”.
Trabajar en la Diagonal a la altura de la avenida de Sarrià ha sido para él un ejercicio de paciencia diario. Desde Ripollet no cuenta con un servicio de tren directo: “Tendría que ir hasta Montcada o Cerdanyola, coger la Renfe hasta Sants y luego ir hasta la Diagonal andando”. A ello se suma la saturación de Rodalies: “He probado a ir algunas veces en tren y jamás me he sentido tan incómodo. Vas tan apretado que no puedes ni sacar el móvil”.
Miquel señala que “hay un tráfico horroroso porque están preparando la ciudad para que no utilicemos el coche”. Apunta que, aunque el transporte público funciona bien dentro de Barcelona, no es una buena opción para quienes viven en municipios de los alrededores.
Así, y tras años de atascos diarios, el hombre cuenta que, desde hace poco, ha decidido cambiar de estrategia y optar por tomar un bus interurbano hasta la Sagrera, coger el metro y caminar. Aunque tarda cerca de una hora igualmente, ahora aprovecha ese tiempo de otra manera: “He decidido tomarme la vida de otra forma. Ha llegado un momento que he dicho: me cojo cada día un libro y voy en bus y metro. Para mí era imposible seguir así. Sigo tardando, pero al menos ya no voy a trabajar cabreado y aprovecho para leer. Prefiero seguir así el tiempo que me queda hasta jubilarme”.

Conductores parados por un accidente en la Ronda de Dalt / L.H.
"Es una tortura"
"Estoy cansada de coger las rondas", manifiesta Marina (28), auxiliar de enfermería que vive en Badia del Vallès y que conoce muy bien la problemática. Durante años trabajó en el Hospital Quirónsalud Barcelona, junto a la Ronda de Dalt, y ahora lo hace en el Hospital del Mar, junto a la Ronda Litoral, lo que la ha obligado a pasar cada día por una de estas dos vías.
La sanitaria explica que depende del coche porque sus horarios dificultan el uso del transporte público. Sus turnos empiezan tan temprano que, según relata, “apenas hay buses o hacen demasiadas paradas y hay que dar mucha vuelta, cuando con el coche voy directa”. Por este motivo, se ve forzada a utilizar el vehículo privado pese al colapso diario de la tarde, que es cuando termina su jornada.
Por eso, describe su rutina como una carrera contrarreloj: “Es una tortura tener que salir corriendo del trabajo para intentar circular antes y no coger tanto tráfico”. También subraya que lo que más la agota no son los accidentes puntuales, sino la saturación constante: “Lo que más me cansa es el colapso porque sí. Ya me pasaba cuando iba por la de Dalt y me sigue pasando ahora que voy por la Litoral”.
Su trayecto podría hacerse en unos 20 minutos, pero cuenta que “se convierten en 50 minutos que son puramente de espera”. Lo vive con resignación: “Estoy harta de que se colapse todo, pero qué le vamos a hacer”.

Retenciones en la Ronda de Dalt en ambos sentidos / FERRAN NADEU / EPC
Ni coche ni tren: "Barcelona tiene un problema"
Guillem (29), vecino de El Masnou y trabajador en L’Hospitalet de Llobregat, conoce bien lo que es tener que elegir entre lo malo y lo menos malo para ir a la oficina, ya que ni el coche ni el tren son buenas opciones para él. Resume su experiencia en la Ronda Litoral —la que utiliza con más frecuencia— con una palabra: “Obsoleta”.
Opina que esta vía “no está pensada para el volumen de coches actual” y cree que la solución pasa por mejorar el transporte público: “Tendríamos que tener un transporte público con garantías”, sostiene. En este sentido, señala que él, y “mucha gente”, elegirían el tren más a menudo “si supiéramos que vamos a llegar a nuestros puestos de trabajo a tiempo”.
Guillem relata que, durante un tiempo, intentó ir a trabajar en Rodalies. “Cogía la R1 en Masnou, me iba hasta Hospitalet y hacía transbordo a la L1 del metro”, explica. Pero las “sorpresas” eran constantes: “Muy a menudo me encontraba con problemas tanto de ida como de vuelta… Me quedaba tirado en la estación”. El tiempo previsto de una hora y media podía convertirse fácilmente en dos: “Le tenía que sumar otra media hora más por norma”, recuerda.
Al final, ha terminado optando por el coche, no porque sea lo óptimo, sino porque le resulta más fiable que Rodalies. Con su vehículo, dice que suele tardar una hora en un trayecto que, sin tráfico, sería de menos de 30 minutos. Aun así, apunta que algunos días el tiempo de desplazamiento se reduce: “Los viernes las rondas suelen ir más ligeras”, dice.
En los últimos meses, el trabajador asegura haber notado un empeoramiento de la situación: “Mi conclusión es que, tanto por tren como por carretera, Barcelona tiene un problema y habría que solucionarlo cuanto antes”. Considera prioritario “tener un buen servicio de trenes que cumpla con los tiempos” y afirma que, por ahora, seguirá usando el coche.
“Mi conclusión es que, tanto por tren como por carretera, Barcelona tiene un problema y habría que solucionarlo cuanto antes”
Sobre la Ronda Litoral, señala que tiene un problema aún mayor al contar solo con dos carriles. En su opinión, en esta vía “se nota mucho más la retención cuando cortan un carril”, algo que, dice, es "muy frecuente". Cualquier avería o pequeño choque obliga a cortar parcial o totalmente la vía por falta de espacio para retirar vehículos. "No puede depender una ciudad entera de un carril”, manifiesta.
Recientemente, se ha construido un apartadero en la salida 23 de la Ronda Litoral, en sentido Besòs, una medida quirúrgica que también está prevista próximamente en otro punto concreto de la Ronda de Dalt, han informado fuentes del Área Metropolitana de Barcelona (AMB) a este diario.
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