Referente de la periferia
La Mina se despide del bar de Paqui, el epicentro de la revuelta de Venus: “Sin ella no habríamos podido”
La portavoz del degradado bloque del barrio traspasa el local donde ha encabezado una tenaz lucha por la dignidad y ha atendido por igual a vecinos, dos presidentes de la Generalitat y varios consellers
Esperanza y escepticismo en La Mina por el plan millonario del Govern: "No nos lo creeremos hasta que veamos grúas"

Paqui Jiménez, portavoz de los vecinos afectados de Venus, delante del bar que ha regentado en La Mina, en Sant Adrià de Besòs / Ferran Nadeu / EPC

“¿Dónde está lo más bonito de La Mina?”, suelta una señora nada más entrar en el bar. “¡Aquí!”, saluda Paqui Jiménez tras la barra. La mascarilla y el pañuelo con que se cubre no ocultan los sentimientos de la mujer que ha puesto y pone todavía cara, voz y garra a las denuncias y las reclamaciones de los habitantes del deteriorado bloque de la calle Venus, pendiente de un desalojo tan solo desencallado en los últimos meses antes de que se acometa el derribo previsto desde principios de siglo. Paqui traspasa su bar y deja el local que, más que un negocio, ha sido refugio para el barrio situado en Sant Adrià de Besòs y centro de operaciones de una de las luchas vecinales más pertinaces en la periferia de Barcelona para defender la dignidad de su gente.
“Se acaba una época, una etapa emocionante”, siente la hostelera y portavoz de los afectados. Tras 35 años sirviendo cafés, bocadillos y menús primero en un establecimiento y luego en otro en el epicentro de las necesidades del humilde vecindario, Paqui y su hija se despiden de aquí al viernes de la clientela. En su mayoría, son residentes de Venus, que han aguardado más de dos décadas para poder escapar del degradante estado en que ha decaído su bloque. Se han visto atrapados por la falta de ingresos en una de las calles donde menos renta se declara en el área metropolitana y por la demora de las administraciones a cumplir con el primer plan de transformación de La Mina, datado en el año 2000.
La barra de Paqui ha ejercido al modo de un despacho en que se han resuelto dudas, se han rellenado formularios y se han emprendido las demandas por las que decenas de familias han requerido ser indemnizadas por años de incumplimientos y esperas. “Al principio, con todo paralizado, venían a saber en qué punto estábamos; últimamente, lo hacen para preguntarme si deben quitar o no la demanda para realojarse ya, como la administración les dice”, admite Paqui. “Hemos sido una pequeña gran familia para personas que pasan necesidades y buscaban apoyo para hacer el papeleo y no perderse”, sintetiza.

Paqui Jiménez, con algunos de los habituales clientes del bar que deja esta semana en La Mina. / Ferran Nadeu / EPC
Si no se reincide en los retrasos mayúsculos que han aplazado los compromisos pendientes con La Mina, el edificio debe quedar vacío en 2027 y ser demolido en 2028. Aunque se intuya la luz al final del túnel, Paqui no va a cejar en su empeño: “Esto no puede quedar abandonado. ¿Hemos hecho mucho revuelo para nada? Bueno, sí conseguimos que se movieran todos, lo que no hubiera pasado sin todo lo que hemos hecho ni la sentencia”. Se refiere a una resolución del TSJC de 2020, a raíz de un recurso de los afectados, que afeó la “inactividad patente” de las administraciones para materializar el proyecto que obliga a expropiar y derruir el inmueble.
Oficina improvisada
Por la puerta de Paqui han entrado por igual vecinos apresados en la agonía de Venus, chicos de la calle, periodistas y líderes políticos. “Aquí hemos venido para saber qué pasaba en el bloque, sin Paqui no habríamos podido, se ha involucrado mucho, y el bar ha sido una baza para luchar por los derechos de Venus y un punto de encuentro, incluso para vernos con presidentes de la Generalitat”, destaca Carmen Galindo, histórica dirigente vecinal de La Mina.
El umbral del establecimiento lo cruzaron Carles Puigdemont y Quim Torra cuando encabezaban el Govern, para tratar con Paqui y los vecinos. También acudieron consellers como Oriol Junqueras y Dolors Bassa, además de secretarios generales, como los republicanos Francesc Iglesies y Oriol Amorós. “A Santi Vila lo trajimos cuando se cayeron unos techos en el bloque”, recuerda la mujer. Este martes ha pasado por el local la consellera de Drets Socials, Mònica Martínez Bravo. Paqui los ha recibido a todos como a cualquier vecino, sin mudarse para la ocasión ni variar su franqueza, llana y tajante.

Paqui Jiménez preparando cafés en su bar en La Mina, en Sant Adrià de Besòs. / Ferran Nadeu / EPC
Escéptica y resuelta a interpelar a todo político que se le ha puesto por delante, confiesa que Puigdemont fue el presidente con el que conectó más. El exmandatario la recibió junto a otros habitantes de La Mina en el Palau de la Generalitat tras coincidir en un programa de televisión y luego visitó las escaleras de Venus. “Nadie puede decir que le he faltado al respeto”, sostiene Paqui, siempre vehemente e insobornable, tenaz aunque los obstáculos parecieran demasiados. “Llegamos como huracanes, como toros de Miura, porque no se había cumplido lo que se nos dijo… Nadie se esperaba que lucháramos”, presume.
Tejido vecinal mermado
Algunos allegados asisten estos días al bar para fundirse en un abrazo con Paqui y agradecerle los servicios prestados. “Ha sido un referente para el barrio, un consultorio en el que descargarse de muchos problemas”, define Antonio Pinel, vicepresidente de la Asociación de Vecinos de La Mina. Aunque el bar pervivirá con otros responsables, Pinel lamenta que se vayan disipando coordenadas que han sido ineludibles en la zona: “El tejido vecinal se va perdiendo, ya pasó con la pollería y la ferretería, que cerraron y nadie se hizo cargo”.

Paqui Jiménez y Paqui García, dos referentes vecinales de La Mina, en Sant Adrià de Besòs. / Ferran Nadeu / EPC
Paqui García, la pollera de La Mina durante 43 años y otra de las mujeres implicadas en mejorar el vecindario, también ha mostrado sus respetos a su tocaya. “Con todo lo que ha pasado, Paqui siempre ha tenido una sonrisa y buena cara para todos”, elogia. “El bar ha sido la oficina no oficial de Venus, seguramente no se hubieran desbloqueado ciertas cosas sin él ni Paqui, ha sido una herramienta importantísima”, observan los responsables de Desdelamina.net, el portal de información del barrio.
El cariño compensa el esfuerzo que Paqui se ha echado casi sola a la espalda, con todos sus sinsabores. Persevera aún ahora, en que combate al cáncer desde hace más de un año, sin perder un ápice del deber que ha asumido con los suyos. “Todos tienen mi teléfono, seguiré siempre que mi salud me lo permita”, promete.
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