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Entrevista

El pastor de Collserola que lleva su rebaño por zonas de alto riesgo por la peste porcina: "En todos los sitios se ven marcas de jabalís"

David Barrero pastorea sus 402 ovejas y 25 cabras, en un parque casi vacío, entre restricciones, desinfecciones y la vigilancia de la peste porcina

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Clàudia Mas

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Collserola
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Cada mañana, David Barrero sale del Carmel (Barcelona), su barrio, y se dirige al Parque Natural de Collserola. Allí le esperan 402 ovejas y 25 cabras: su rebaño y, como dice él, su vida. El parque, antes lleno de corredores, ciclistas y paseantes, desde hace poco más de una semana parece otro lugar.

La peste porcina africana (PPA) ha convertido Collserola en la llamada “zona cero”: un espacio restringido donde solo se permiten actividades profesionales, como el pastoreo. Otras zonas de Catalunya también están afectadas por restricciones, como Sant Llorenç del Munt i l’Obac o Montserrat, que han limitado la entrada de visitantes y cuyas medidas ya alcanzan a 91 municipios. Pero la zona considerada de alto riesgo es, precisamente, aquella por la que se mueve cada día David con su rebaño.

El pastor oficial de Collserola que pastura en áreas de alto riesgo por la peste porcina africana

El pastor oficial de Collserola que pastorea en áreas de alto riesgo por la peste porcina africana / MANU MITRU / EPC

Él no es un pastor cualquiera. Es el único licitador oficial del parque, un contrato que ganó en 2023 y que se prolongará hasta 2027. Su misión es clara: limpieza forestal, desbroce y silvopastoreo. Sus ovejas y cabras comen la vegetación, reducen la maleza y mantienen el bosque en condiciones para prevenir incendios. Para David, esta labor es imprescindible, tanto para el equilibrio del ecosistema como para la seguridad de las poblaciones cercanas.

“Si no pastoreara aquí, el parque tendría un problema real. La vegetación crecería sin control y aumentaría el riesgo de incendios”, explica, consciente de que su trabajo forma parte de la gestión del territorio.

El pastor de Collserola que trabaja como pastor en Ca n’Oller, Cerdanyola del Vallès.

El pastor de Collserola que trabaja como pastor en Ca n’Oller, Cerdanyola. FOTO: Manu Mitru / MANU MITRU / EPC

También conoce al detalle la economía que sostiene su día a día y admite que, si le vetaran la entrada al bosque por la peste porcina, tendría un problema serio. Calcula que necesita 400 euros al día para alimentar al rebaño, lo que supone alrededor de 12.400 euros al mes. “Si me prohibieran apacentar las ovejas, perdería todo ese dinero. Y no solo yo: también el parque necesita esta limpieza”, dice con firmeza. Para David, este tipo de actividad no se puede vetar: sostiene que sin el pastoreo el bosque estaría más desprotegido y su modo de vida quedaría en el aire.

La rutina diaria roza lo ceremonial. Antes de adentrarse en la zona de alto riesgo —Cerdanyola del Vallès, Sant Cugat y Montcada i Reixac— prepara su kit de desinfección, facilitado por el parque y supervisado por la Unidad Militar de Emergencias (UME). Pulveriza las ruedas de su vehículo, limpia el calzado y revisa a los animales. Cada gesto está calculado para minimizar el riesgo de propagación de la enfermedad.

“Si mis ovejas pasaran por un área contaminada, podría propagar la enfermedad y convertirme en transmisor”, resume.

Barcelona, 06/12/2025. Barcelona. Entrevista al pastor de Collserola que trabaja como pastor en Ca n’Oller. Cerdanyola. Para un reportaje sobre cómo su ganado pastura saltándose el control de la peste porcina africana (PPA) establecido en las zonas consideradas de riesgo. AUTOR: MANU MITRU

El pastor de Ca n’Oller coge en brazos a una oveja que corría peligro. AUTOR: MANU MITRU / MANU MITRU / EPC

No pueden salir de la zona cero

Por este motivo, ahora no puede salir de los municipios donde pastorea y no puede trasladar su rebaño a otras localidades no afectadas, como Osona, el Empordà o el Ripollès, entre otros. Esta limitación le obliga a concentrar todo su trabajo y sus ingresos en las zonas marcadas como de riesgo, sin margen para cambiar de comarca en busca de mejores condiciones. El pastor explica que no ha encontrado aún animales muertos, pero la tierra removida por los jabalís está en todas partes. “En prácticamente todos los sitios se ven las marcas de los jabalís, escarbando, buscando comida”, explica.

Nada de esto, sin embargo, es sencillo. David se queja de que algunos agentes rurales “le dificultan el trabajo”, una crítica que repite constantemente, sobre todo por la presión burocrática y las advertencias que acompañan a las restricciones sanitarias, que a veces complican una labor que ya exige disciplina y precisión. Pero al mismo tiempo subraya que no todo son trabas.

El pastor oficial de Collserola que pastura en áreas de alto riesgo por la peste porcina africana

El pastor oficial de Collserola que pastorea en áreas de alto riesgo por la peste porcina africana / MANU MITRU / EPC

Asegura que está muy contento con el apoyo de la policía local, a la que agradece la presencia sobre el terreno y la coordinación en los accesos al parque, y se declara “superagradecido” por el trabajo de la Unidad Militar de Emergencias (UME), que ha desplegado dispositivos de control y desinfección en la zona. Entre unos y otros, explica, siente que su labor de pastor no queda del todo desamparada en medio de las restricciones y la emergencia sanitaria.

Así, entre ovejas, cabras, tierra removida por jabalíes y controles sanitarios, David Barrero sigue entrando cada día en Collserola. Su trabajo se mueve entre la necesidad económica, la gestión del bosque y la contención de la peste porcina, con la convicción de que el pastoreo, en este contexto, no es un lujo ni una tradición romántica, sino una pieza más del engranaje que permite mantener el territorio en pie.

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