Zona cero
Las restricciones por la peste porcina en Collserola obligan a centenares de alumnos de Sant Cugat a llegar a clase por un camino precintado
Fuentes municipales aseguran que "el acceso a los caminos escolares está permitido, sólo por los alumnos y por ir a los centros por los caminos delimitados"
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Punto de desinfección principal de la UME, el más grande del operativo desplegado ante el brote de peste porcina africana en la zona de Collserola. Foto: Zowy Voeten / El Periódico / Zowy Voeten / EPC

Las restricciones a veces conllevan casuísticas que provocan escenas curiosas. Una de ellas se vive estos días en Sant Cugat del Vallès: centenares de alumnos de la Escola Avenç atraviesan cada mañana un camino flanqueado por cintas y señales de “acceso restringido” por el brote de peste porcina africana en Collserola para poder llegar a clase a pie, en bici o en patinete. El centro está en los límites del Parc Natural, junto a la carretera de la Rabassada, y su principal camino escolar coincide con una de las puertas de entrada al espacio natural, ahora cerrado al ocio.
El sendero, uno de los principales accesos peatonales al colegio, coincide con una de las puertas habituales de entrada al parque, ahora cerrado al ocio por el dispositivo de emergencia. La Avenç escolariza a unos 1.070 alumnos, y buena parte —especialmente en secundaria— utiliza este camino para llegar a pie, en bicicleta o en patinete. “Es un camino que usan muchísimos alumnos y familias, y también el profesorado”, resume el director, Hug Llàcer. La alternativa, recuerda, “es ir por la carretera de Sant Cugat hacia Barcelona, que no es una opción segura para quienes no van en coche”.
El cierre llegó el pasado fin de semana, cuando la activación del blindaje de Collserola y su entorno convirtió la zona de Cerdanyola —la llamada “zona cero”— en un punto prioritario de control. La peste porcina africana no afecta a los humanos, pero sí es devastadora para cerdos y jabalís y supone un riesgo serio para un sector, el porcino, que es clave en las exportaciones agroalimentarias del país. Por eso, el Ministerio de Agricultura y la Unión Europea han desplegado un operativo inédito que afecta a 91 municipios, con accesos clausurados, controles en caminos y estrictas medidas de bioseguridad en las granjas.

Centro de mando de la UME en Torreferrussa, donde militares coordinan gestiones logísticas y operativas ante el brote de peste porcina africana declarado en la zona de Collserola. Foto: Zowy Voeten / El Periódico / Zowy Voeten / EPC
En medio de esa maquinaria sanitaria, la Escola Avenç se encontró con un problema inmediato: su camino escolar amaneció precintado con cintas y vallas. “Lo vimos el fin de semana y contactamos enseguida con el Ayuntamiento de Sant Cugat”, explica Llàcer. “Pedimos que, aunque entendemos que como acceso al parque tuviera que estar cerrado, se mantuviera abierto para el alumnado, las familias y el profesorado”.
"No queremos retroceder en movilidad sostenible"
La respuesta municipal fue rápida: el sendero se puede utilizar en las franjas de entrada y salida, tal y como aseguran fuentes del ayuntamiento a este diario. Pero, a ojos del ciudadano, las cintas siguen ahí, el cartel de “acceso restringido” también, y eso ha obligado a la dirección a situarse personalmente el primer día para evitar confusiones y a enviar circulares aclaratorias a las familias.
El acceso en coche al centro no se ha visto afectado, pero desde la comunidad educativa insisten en preservar la movilidad a pie y en bici, con el aval del Ayuntamiento. “Nos parece importante que esta emergencia sanitaria no suponga retroceder en la movilidad sostenible”, reivindica Llàcer.
La autorización tiene, sin embargo, sus límites: el camino solo puede usarse en horario escolar. Fuera de esas franjas, rige el cierre general y cualquier persona que lo transite como acceso al parque se expone a sanciones. “Cuando no es hora de entrar ni de salir, entendemos todos que es un camino cerrado y que el Ayuntamiento puede intervenir si alguien lo utiliza indebidamente”, admite el director.
Así, mientras las administraciones tratan de equilibrar el blindaje sanitario del parque con la rutina diaria de quienes viven a sus pies, la vida escolar continúa. Cada mañana, una hilera de niños y niñas cruza el bosque acordonado por la última amenaza vírica que sacude Collserola. Lo hacen entre cintas y señales de alerta, pero con la mochila a la espalda y la mirada puesta en lo de siempre: llegar al aula a la hora.
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