Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Sentencia

La sala Bóveda de Barcelona gana en los tribunales a la 'vecina' que la denunció por ruidos pero tenía un piso turístico

El establecimiento lleva cerrado desde el verano por obras de insonorización que le permitan volver a acoger conciertos

La sala Bóveda de Barcelona cierra temporalmente por obras de insonorización: podrá volver a ofrecer conciertos

La barcelonesa sala Bóveda cancela todos sus conciertos por una denuncia por ruido

Imagen de archivo del exterior de la sala Bóveda.

Imagen de archivo del exterior de la sala Bóveda. / Jordi Cotrina / EPC

Patricia Castán

Patricia Castán

Barcelona
Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

La popular sala de conciertos y discoteca Bóveda, en el Poblenou de Barcelona, ha ganado la batalla judicial que mantenía contra un supuesto apartamento turístico que la había denunciado por ruidos. El negocio lleva semanas cerrado para afrontar una insonorización que le permitiese volver a acoger conciertos, como avanzó este diario.

La resolución, dictada por el Juzgado de Primera Instancia nº 46 de Barcelona, desestima la demanda presentada por una particular que alegaba que los ruidos de la sala afectaban a ella, a sus tres hijas menores y a su sobrina. La sentencia, fechada el 1 de diciembre y a la que ha tenido acceso EL PERIÓDICO, también obliga a la demandante a pagar las costas del proceso judicial.

El juez concluye que el inmueble donde residía la denunciante no tiene uso legal de vivienda, sino de local comercial, según consta en el Registro de la Propiedad. Aunque la demandante estaba empadronada en esa dirección y afirmaba vivir allí, el magistrado recuerda que el empadronamiento no modifica la naturaleza jurídica del inmueble, que nunca obtuvo un cambio de uso autorizado por el ayuntamiento, se argumenta.

La sentencia destaca, además, varias contradicciones respecto a la versión de la demandante. En la demanda, ella afirmaba sufrir ruidos desde 2021, pero durante el interrogatorio admitió que entre septiembre de 2023 y mayo de 2024 no vivía en el local, y que este que incluso fue alquilado. Además, la sobrina no se trasladó allí hasta finales de 2022. Tampoco se presentó documentación médica que acreditara posibles daños psicológicos o de salud derivados de los ruidos.

Así, el juez concluye que no se pueden reclamar perjuicios derivados de una situación creada por quien ocupa un inmueble con un uso distinto al permitido. Además, menciona que la demandante había alquilado el local y que había creado una sociedad para gestionar alquileres. Por su parte, el abogado de la sala Bóveda, Fernando Martínez, desde los servicios jurídicos de la patronal Fecalon, sostuvo y demostró que el inmueble se alquilaba como apartamento turístico.

La problemática

El conflicto se remonta a este verano, cuando la sala se vio obligada a cerrar temporalmente para realizar obras de insonorización, tras la denuncia por ruidos de una particular. Su propietario, Óscar Martínez, explicó a este diario que, a raíz de la denuncia, durante los meses previos al cierre limitó la actividad a fiestas de fin de semana y tardeos, renunciando temporalmente a conciertos diarios, uno de los pilares del negocio, lo que hizo que bajara su facturación un 40%, a lo que se añadió posteriormente el gran coste de las obras de insonorización.

El Ayuntamiento de Barcelona había establecido un límite máximo de 97 decibelios para la sala, a pesar de que su licencia de discoteca permite hasta 105 decibelios salvo problemas de ruido. El límite que tuvieron que asumir era incompatible con los recitales en directo, ya que la batería --por ejemplo-- emitía puntas superiores. La sentencia judicial ahora da la razón a la sala, al constatar que el denunciante no es una vivienda habitada de forma legal.

Inaugurada en 1992, la sala Bóveda irrumpió en la escena nocturna cuando no había vecinos cercanos, consolidándose en el circuito de conciertos y ocio nocturno. La sala siempre ha mantenido un diálogo con los vecinos para asegurar la convivencia, contando incluso con un documento firmado por la comunidad de vecinos del 157 de la calle Ramon Turró, que avala que su actividad no perturba el descanso.

El conflicto se originó cuando el propietario de los bajos del inmueble anexo transformó oficinas en vivienda, denunciando posteriormente a la discoteca a la que reclamaba el cese de actividades y una indemnización de 36.000 euros. El titular de Bóveda, a su vez, denunció a través de los servicios jurídicos de Fecalon que la denunciante no contaba con permiso de cambio de uso. La justicia ha ha dado la razón a la sala, que muy pronto estrenará mejoras.

Suscríbete para seguir leyendo