Zona cero
"Las medidas son buenas, pero hay riesgo": preocupación entre estudiantes de la UAB ante el brote de peste porcina
La Universidad defiende que el campus actúa con protocolos estrictos y una comunicación constante para garantizar la seguridad
DIRECTO | Última hora del brote en Collserola: jabalíes muertos y zona afectada

Iker Ramón, 19 años, y Carlota Monera Calvet, 19 años, ambos estudiantes de segundo de Veterinaria de la UAB, comentan cómo han vivido las restricciones al parque y a los bosques del campus una semana después del brote de peste porcina africana. FOTOS: Zowy Voeten / El Periódico / Zowy Voeten / EPC

En las facultades hay avisos colgados por paredes, pasillos y tablones, advirtiendo del brote de peste porcina africana con el que conviven, desde hace una semana, los más de 37.000 estudiantes y docentes que cada día pisan el campus de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB). El recinto —ubicado en el punto cero del foco detectado en Cerdanyola del Vallès— está rodeado en un 60% por bosques y áreas agrícolas, unas 180 hectáreas donde la presencia de jabalíes es habitual. El foco de guardas forestales y de la administración están ahí desde el inicio. Y es que de hecho, este mismo jueves, empleados del campus han hallado un jabalí muerto cerca del gimnasio, el Servei d’Activitat Física (SAF), a pocos metros de zonas de paso.
La escena se repite desde el viernes pasado, cuando se confirmaron los primeros dos casos positivos en jabalíes. La Autònoma está incrustada en ese paisaje, y facultades quedan expuestas como es el caso de la de Veterinaria, rodeada de vegetación, áreas de prácticas y caminos donde cada día se ven rastros de fauna salvaje. La Universidad insiste en que las medidas adoptadas son amplias y efectivas, pero los estudiantes insisten que "en un entorno así, las medidas son buenas, el riesgo cero no existe".

Información de la peste porcina en la Facultad de Veterinaria de la UAB / Zowy Voeten / EPC
En este contexto, el catedrático de Periodismo y director del Gabinete de Comunicación y Educación de la UAB, Santiago Tejedor, describe así la respuesta institucional: “Se han anulado todas las actividades en espacios naturales, se han cerrado las zonas de pícnic y se insiste en transitar solo por áreas asfaltadas. La prioridad es minimizar cualquier contacto con los itinerarios habituales de los jabalíes”. Tejedor subraya que el ambiente general en el campus es de “tranquilidad”, sin señales de alarma, aunque sí de vigilancia y atención informativa.
"Tenemos que ser prudentes"
A la salida de clase, Carlota Monera, 19 años, estudiante de segundo de Veterinaria, explica que han recibido correos y formación específica. “Hoy nos han hecho una charla”, cuenta. “Tenemos indicaciones claras, porque sabemos que es importante y sabemos qué debemos hacer”. Su compañero Iker Ramon coincide con ella y explica que hay una consigna compartida: ser prudentes. “No es obsesión, es información. Es serio, pero no estamos asustados”, resume él.
Saben que la peste porcina africana no afecta a las personas ni a los animales domésticos, pero sí puede arrasar explotaciones porcinas enteras. "Muchos alumnos —y parte del profesorado— mantienen contacto directo con granjas, laboratorios o visitas técnicas; por eso, el riesgo profesional está en su radar diario", admiten ambos.

Anna Ruiz, 19 años; Anna Suner, 19 años; y Nora Monsó, 19 años, todas estudiantes de segundo de Veterinaria de la UAB, explican cómo han vivido las restricciones al parque y a los bosques del campus una semana después del brote de peste porcina africana / Zowy Voeten / EPC
“Somos la facultad más expuesta”
Cerca del edificio principal, Nora Monzó y Anna Soñé, también estudiantes, explican que la inquietud es real, aunque contenida. “La gente está preocupada, incluso como si les afectara directamente”, señala Anna. Ambas coinciden en algo que aparece en todas las conversaciones: la falta de vigilancia en un campus tan amplio. “La mayoría cumple, pero tenemos miedo que muchos acabarán saltándose las vallas para cortar camino”, admite Nora.
Anna añade otra medida que altera la rutina académica: “Hoy nos han dicho que acabemos las prácticas diez minutos antes para evitar aglomeraciones cerca de los laboratorios. Veremos si funciona”.
Y subrayan una queja que se repite: “Solo han puesto cintas en las zonas de pícnic. No sé si es suficiente, porque es un virus muy contagioso. Aquí hay muchos jabalíes, la tierra aparece removida cada día. Y tenemos la sala de necrópsies. No es un laboratorio cualquiera. Se trabaja con animales muertos. Las medidas son buenas, pero siempre hay riesgo”.
La visión de la Universidad
Tejedor detalla que la UAB ha aplicado un paquete de restricciones que afecta a todo el campus: suspensión de actividades en zonas boscosas o agrícolas, prohibición de salidas de campo, limitación de actividades extraacadémicas al aire libre, refuerzo de señalización y campañas de sensibilización para evitar dejar residuos que puedan atraer fauna. Además, se mantiene un contacto directo con Protección Civil para canalizar avisos y reforzar pautas de actuación: no tocar animales —vivos o muertos—, alertar a los agentes rurales y mantener distancias de seguridad.
La institución ha desplegado también un esfuerzo comunicativo: infografías, guías visuales, noticias y actualizaciones constantes en web y redes. Se organizó una charla abierta con expertos, cuyos contenidos se han difundido a toda la comunidad. “Siguiendo estas normas no debería haber problema”, insiste Tejedor. “La sensación general es de normalidad: interés, expectativa por ver cómo evoluciona, pero sin nerviosismo”.
Mientras tanto, en los caminos del campus siguen apareciendo huellas frescas de jabalí. Y las cintas de precinto —algo tan simple— se han convertido en recordatorio diario de que la vida universitaria continúa, pero bajo una vigilancia constante. ¿Suficiente? Para muchos estudiantes, la clave está en que se cumplan las normativas. Para la Universidad, en mantener la información fluida. Para ambos, en convivir con un riesgo que, aunque acotado, está ahí.
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