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Expectación en el barrio

El centenario restaurante Can Lluís de Barcelona resucitará en diciembre con nuevos propietarios y chef

Una familia rusa afincada en el Maresme ha recuperado al detalle su estética durante año y medio para preservar su historia y cocina catalana

Dos restaurantes históricos cerrados resucitan en Barcelona con cambios y nuevos operadores

El restaurante Can Lluís se rebela contra un desahucio "sin aviso"

Así será el 'nuevo' Can Lluís que reabrirá en el Raval en diciembre

FOTO Y VIDEO: FERRAN NADEU

Patricia Castán

Patricia Castán

Barcelona
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¿Puede un restaurante centenario en el corazón de Barcelona resucitar cuatro años después de su cierre y escribir una etapa 2.0? La hostelería local está acostumbrada a los relevos empresariales. Y la tendencia reciente es la 'arqueología' estética, patrimonial y emocional para devolver a la vida establecimientos que marcaron épocas en la ciudad, como han hecho algunos grupos sector con Casa Leopoldo, el Café del Centre o más recientemente, entre otros, el Mundial Bar. Las particularidades del caso de Can Lluís, en el Raval, es que su cierre en 2021 fue traumático, y que los nuevos 'rescatadores' de la actividad son una familia rusa que llegó hace 10 años a la capital catalana, había sido cliente y se atrevió a adquirirlo en 2024. Desde entonces han dedicado 18 meses a rehabilitarlo siguiendo al detalle las huellas del pasado. EL PERIÓDICO ha visitado en exclusiva el resultado, que ya está casi a punto para abrir al público el próximo 17 de diciembre.

Mientras muestran cómo ha quedado el 'nuevo' Can Lluís, numerosas personas que pasan por la calle de la Cera se detienen a comprobar si ya está abierto, o intentan acceder para comer, viendo sus impolutos manteles y servicios ya desplegados. Pero no. Estos días son de pequeñas pruebas, de puesta a punto, de detalles. Para Denis M., cabeza de familia, que en Rusia trabajó en un cargo directivo en el sector de la cultura, y su mujer, Olga, que era profesora, la nueva misión era "preservar este patrimonio de la ciudad lo más fielmente posible y ofrecer el mismo estilo de gastronomía al barrio", resumen.

El Restaurante Can Lluís del carrer de la Cera, en el Raval, volverá a abrir en diciembre.

La barra y neveras de Can Lluis, restauradas. / FERRAN NADEU

Mantenerlo era obligatorio, pero el proceso se ha convertido para ellos en una adicción. El restaurante tiene categoría 3 --por sus elementos de interés paisajístico-- en el catálogo local de establecimientos emblemáticos de 2016. Pero más allá del valor material, suma la fuerza de lo vivido entre sus cuatro paredes. De los orígenes como 'Can Mosques' a la gran celebración de sus 90 años, pasando por el azote de la guerra civil, la alegría rumbera de Peret (íntimo de la familia fundadora) y la comunidad gitana de la zona, la posterior apuesta por la cultura catalana, y su enorme poder de convocatoria: de Vázquez Montalbán comiendo caracoles a Serrat, Sara Montiel, Vittorio Gassman o el mismísimo Leo Messi, que descubrió sus platos cuando solo tenía 14 años.

Resurgimiento y retos

Fundado en 1929, el restaurante vivió un triste final en 2021 con un "desahucio no anunciado", que impidió consolidar la cuarta generación de la saga de los Rodríguez al frente del negocio, como relató entonces este diario. Por entonces, Ferran Rodríguez y Júlia Ferrer --una institución en el barrio-- habían vivido un largo proceso para renegociar su contrato de alquiler, tras haber intentado incluso comprar el inmueble, que finalmente adquirió un fondo de inversión israelí. Pero además el espacio necesitaba fuertes inversiones de mantenimiento que la propiedad no había asumido, y por último la pandemia paralizó la actividad, en un proceso que acabó con el desahucio y una pugna judicial. La serie 'Ravalear' (HBO Max) relatará la historia en 2026.

Paradójicamente, el local no logró inquilino en los siguientes años, hasta que Denis y Olga decidieron un buen día que esa persiana no podía seguir bajada más tiempo. Conocen bien la zona porque al llegar a Barcelona adquirieron un edificio en pésimo estado (había albergado narcosalas) en la calle de la Reina Amàlia y lo rehabilitaron para hacer apartamentos de temporada, además de velar por la recuperación de la zona, explican. Durante el proyecto acudían a comer a Can Lluis, y fueron testigos del "vacío que dejó".

Denis Minkin y Olga Minkina, propietarios del 'nuevo' Can Lluís

Denis Minkin y Olga Minkina, propietarios del 'nuevo' Can Lluís / FERRAN NADEU

Denis M. empezó alquilando el viejo establecimiento, pero al comprobar la gran inversión que precisaba (la planta superior no se había rehabilitado y la entrada de agua por la tormenta 'Gloria' había provocado derrumbes) vio que la única opción de llevar adelante la recuperación era comprando el local comercial. El fondo también se desprendió de los pisos superiores. A partir de ahí llegó la carrera por la rehabilitación de Can Lluís, en la que han participado incluso sus hijos, buscando reliquias en mercadillos para recrear la estética y detalles que veían en fotos de archivos y en Google.

Las obras alcanzaron a cada milímetro del establecimiento. "Había muchísimas pequeñas cosas que hacer", además de algunos temas importantes, como la modernización de la extracción en la cocina o la renovación de los baños, donde se ha mantenido también la estética, con baldosas adquiridas en Girona. Recorriendo las salas, Denis muestra la histórica barra de mármol, que solo se ha limpiado a fondo tras el largo cierre, y su característica nevera, ya puesta a punto, como la antigua cafetera restaurada. El cliente tal vez no aprecie que los azulejos son idénticos a los de siempre, pero en muchas paredes no son los originales. Había piezas rotas y desgatadas, y finalmente dieron con un fabricante de Castellón que las reprodujo, como en el segundo comedor. Unas verdes, las otras en tonos marrones, hechas a mano y con pigmentos naturales.

En ese otro espacio hubo que cambiar el pavimento, de nuevo exacto al original, y además hidráulico y que necesitará muchos cuidados. Pero primorosamente se ha salvaguardado una pequeña área con los restos de la bomba anarquista que cayó en enero de 1946 y dio paso a un tiroteo policial con víctimas mortales.

El Restaurante Can Lluís del carrer de la Cera, en el Raval, volverá a abrir en diciembre.

El segundo comedor de Cal Lluis, en fase de preparativos. / FERRAN NADEU

El mobiliario de la sala suma algunas piezas que quedaron en el local, algunas sillas, mientras que otras y las mesas se han reproducido exactamente para que sean más cómodas o funcionales. "Con fotos en 3D hemos seguido hasta el último detalle, como el reloj o los colgadores", relata. Algunas piezas son del mercado de los Encants, donde uno de sus hijos --un estudiante que trabaja como voluntario en una entidad del Raval-- localizó un póster de Comediants como el que aparecía en las fotos, pero incluso firmado por sus artistas. También adquieron en otro rastro de Francia el cuadro de Oliver y Hardy de la sala principal, un original de la misma época que el que hubo en Can Lluís. Y así hasta una infinidad de elementos.

Detalle de la mantelería con el nuevo logo

Detalle de la mantelería con el nuevo logo / FERRAN NADEU

En sus servilletas bordadas se aprecia que lo que sí ha cambiado es el logo. Tampoco son originales los rótulos en la calle; uno estaba maltrecho y el otro ya no estaba. Una empresa los ha fabricado siguiendo el estilo original, y aunque el negocio haya cambiado de manos, el nombre no estaba registrado, al ser un nombre común. Han mantenido la alusión a 1929, porque creen que define el espíritu del local, aunque la estirpe creadora ya no esté.

Sabores del recetario catalán

La carta no será la misma, obviamente. Pero sí el estilo de cocina, centrado en el recetario catalán, cuenta Albert Güell. El chef tiene experiencia en la especialidad y ofrecerá "platos de siempre, de casa y de temporada". De hecho se abastecen en gran medida en el vecino mercado de Sant Antoni. Habrá clásicos en la línea de la etapa anterior: croquetas caseras, arroces, escudella, 'esqueixada', 'bacallà amb samfaina'... Pero han incorporado otros clásicos, como un 'steack tartar' con personalidad propia o una poderosa tarta de queso.

Estos días afinan sabores y elaboraciones, que acompañarán de una buena bodega. Juegan con la baza de un servicio de sala con experiencia, pese a la dificultad que hoy en día entraña fichar a profesionales curtidos. Y pese a que todo serán caras nuevas para la clientela.

Anchoas con escalivada, steak tartar y esqueixada, en el nuevo Can Lluís.

Anchoas con escalivada, steak tartar y esqueixada, en el nuevo Can Lluís. / Can Lluís

Cuentan que ofrecerán un menú diario de 25 euros, mientras que comer a la carta costará de 30 a 60 euros, porque habrá platos de variados precios. Su objetivo es combinar público local y de viajeros interesados en la cocina tradicional local. "No queremos ser un restaurante para turistas", dice el cabeza de familia, que tiene intención de supervisar el negocio, pero de dejar el día a día a los verdaderos profesionales que han contrado. En el último año han hecho formaciones en gestión y hostelería, pero nunca han tenido un restaurante propio. "Confiamos en el equipo", añade.

El próximo 16 de diciembre presentarán su Can Lluís a la prensa, y a partir de esa fecha quedará abierto al público, aprovechando la campaña navideña, para la que ya tienen reservas de grupos. Posiblemente abrirán de jueves a lunes y descansarán los martes y miércoles, atendiendo a la demanda del vecindario, ya que "el lunes es un día en que casi todos los restaurantes están cerrados en la zona", explican emocionados, en plena cuenta atrás.

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