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Salud

Los barceloneses se alejan de la dieta mediterránea: más ultraprocesados y menos frutas y verduras

El consumo de platos preparados en los hogares españoles sigue disparándose

Consumo prohibirá los alimentos ultraprocesados en los menús infantiles en los hospitales

El consumo de alimentos ultraprocesados se ha triplicado en España en las tres últimas décadas

Alimentos típicos de la dieta mediterránea

Alimentos típicos de la dieta mediterránea / Ron Lach

Gisela Macedo

Gisela Macedo

Barcelona
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La evidencia científica considera la dieta mediterránea como una de las más saludables del mundo, ya que se asocia a una mayor longevidad y calidad de vida. Seguir este estilo de alimentación, caracterizado especialmente por un consumo abundante de frutas, verduras, legumbres y aceite de oliva, resulta más fácil en los países mediterráneos, como España, debido a la alta disponibilidad de sus productos básicos. A pesar de ello, una parte de la población se aleja de este patrón de alimentación, adoptando de manera habitual alimentos ultraprocesados, con exceso de sal y carnes rojas, con el impacto negativo en la salud que ello supone. Este es el caso de Barcelona, donde la adherencia a la dieta mediterránea en los hogares se considera “baja o moderada”, según revela una investigación del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la Universitat Autònoma de Barcelona (ICTA-UAB).

El estudio, que se ha llevado a cabo en el marco del proyecto 'Pobreza Nutricional y de Salud en Barcelona (PANIS)', muestra que la adherencia media a la dieta mediterránea, medida a través del índice MEDLIFE adaptado, se sitúa en 8,12 sobre 20 y desciende a 7,65 en los hogares con bajos ingresos y menores de 16 años. Todo esto ocurre, señalan los investigadores, “a pesar de estar ampliamente reconocida por sus beneficios para la salud cardiovascular, metabólica y mental”.

Lo que comen las familias

En el análisis se observa un consumo elevado de snacks, patatas y vino en los hogares barceloneses; un consumo medio de carnes rojas, bebidas azucaradas, fibra, pescado, dulces, legumbres, sal, cereales e ingredientes para sofrito, y un bajo consumo de frutas, verduras, aceite de oliva, frutos secos, carne blanca, huevos y lácteos bajos en grasa.

Por ello, los investigadores concluyen que muchos hogares en Barcelona "presentan un riesgo de no cumplir con la dieta mediterránea, ya sea por consumir pocos alimentos saludables -como fruta, verduras, aceite de oliva, frutos secos, carne blanca, huevos y lácteos bajos en grasa- o por consumir demasiadas carnes procesadas".

El estudio también hace hincapié en la alimentación infantil. Los datos muestran que los hogares donde hay niños menores de 16 años tienden a un consumo insuficiente de verduras, frutas, fibra y aceite de oliva, mientras que los hogares sin menores de 16 años tienden a consumir en exceso huevos, sal y carne roja.

Desigualdades sociales

Además, los investigadores advierten de que los hogares barceloneses con bajos ingresos económicos tienden a consumir menos alimentos saludables, debido a que el contexto socioeconómico y alimentario de los barrios condiciona fuertemente los hábitos de consumo. En Barcelona, más de 140.000 personas viven en zonas censales con alta vulnerabilidad alimentaria.

Ante esta situación, una de las posibles soluciones que plantean los investigadores a la Administración Pública es aumentar el salario mínimo, regular el alquiler y fortalecer la vivienda pública para reducir la carga financiera de los hogares vulnerables. Así mismo, proponen a las instituciones poner en marcha políticas para mejorar los entornos alimentarios en barrios vulnerables, mediante mercados de proximidad, huertos urbanos y regulando el exceso de oferta de comida ultraprocesada.

El papel de la mujer

Otro factor determinante es el género de la persona que sustenta el hogar. La investigación refleja que los hogares donde la persona que aporta principalmente los ingresos es una mujer tienden a seguir mejor la dieta mediterránea que los hogares donde el principal sustentador es un hombre. No obstante, cuando hay hijos menores de 16 años en la vivienda, esta ventaja desaparece, ya que la carga de cuidar a los menores y la reducción de tiempo y recursos que conlleva termina repercutiendo en la calidad de la dieta familiar.

Por ello, el estudio señala que sería positivo que las instituciones adoptaran un enfoque de género en las políticas de conciliación y alimentación, promoviendo la corresponsabilidad y reduciendo la carga invisible que recae sobre las mujeres.

Políticas para comer mejor

El informe pone el acento en la importancia de que las administraciones pongan en marcha políticas coordinadas que aborden las desigualdades socioeconómicas, de género y territoriales. "Solo mediante este enfoque será posible avanzar hacia una mejora sostenible y equitativa en las condiciones alimentarias de toda la población, poniendo especial atención en los grupos más vulnerables", sostienen.

En esta línea, los investigadores piden a a Administración Pública -y, en este caso, especialmente al Ayuntamiento de Barcelona- poner en marcha medidas para universalizar y reforzar los comedores escolares, incluyendo las etapas de educación postobligatoria, con menús saludables; implementar campañas de educación alimentaria comunitaria, con talleres prácticos y asesoramiento local; y establecer un sistema de monitoreo nutricional por barrios en Barcelona, con datos desagregados por género y edad, para orientar mejor las intervenciones que se vayan a realizar en el futuro.

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