Memoria histórica
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Josep Fuentes, en una de las galerías de la prisión Modelo de Barcelona / Mireia Arso
Con 25 años, el manresano Josep Fuentes ingresó en la cárcel de la Modelo de Barcelona acusado de asociación ilícita y propaganda ilegal, pero al cabo de dos meses pudo salir tras la muerte de Franco. El pasado sábado, volvió por primera vez al centro penitenciario desde su liberación, en el marco de los actos de los 50 años de las últimas detenciones de militantes antifranquistas del 1975 en la ciudad de Manresa.
Lo detuvieron muy joven, ¿puede explicar qué le llevó a la Modelo?
Desde muy joven entré en Comisiones Obreras y en el PSUC, y luchábamos por la mejora de las condiciones laborales y de vida de la ciudadanía y a favor de la democracia. En 1975, con las últimas ejecuciones, sacamos un octavilla contra el terrorismo y la pena de muerte en la que llamábamos a la gente a luchar y exigir libertad y democracia.
Pero algo salió mal…
La Guardia Civil encontró muchas octavillas en un piso y, a partir de entonces, comenzaron las detenciones. En total fuimos 25, muchos fuimos torturados y, después de pasar por la prisión de Manresa, cinco de nosotros fuimos internados en la Modelo acusados de asociación ilícita y propaganda ilegal.
¿Cómo recuerda el momento en que le comunican que será internado en la Modelo?
En la prisión de Manresa llegó una orden del juez López Carrasco de que debíamos ingresar de manera provisional, a la espera de juicio y sin fianza. Por suerte, fue algo corto.
¿Cuánto tiempo estuvo dentro de la Modelo?
Poco tiempo. En total, fueron dos meses y algunos días. Mi abogado, Albert Fina, nos decía que nos preparáramos porque nos pedían ocho o diez años, pero por suerte fue mucho menos.
¿Cómo recuerda el viaje de Manresa a Barcelona?
Fue en un furgón de la Guardia Civil, casi sin ventanas y, para colmo, había habido un accidente mortal en Olesa de Montserrat. Además, pudimos ver los dos cuerpos cubiertos con una manta en la carretera…
¿Y ya allí, en la Modelo?
Me impresionó mucho. Nos hicieron un registro muy superficial y un delincuente común de Manresa nos dijo que si necesitábamos algo se lo dijéramos, que él intentaría conseguirlo.
¿Recuerda a qué celda lo enviaron?
No sé el número exacto, pero sí recuerdo que estaba en el segundo piso de la galería cuatro. Lo que también recuerdo a la perfección son los ruidos y los olores, que me impresionaron mucho.
¿Cómo era el día a día dentro de la prisión?
Muy monótono. La mañana estaba marcada por el desayuno, que era un trozo de pan con una taza de café con leche. Después de comer algo, también podíamos salir al patio hacia las 11 de la mañana y allí nos quedábamos casi una hora. Luego almorzábamos, teníamos un rato más de patio…
¿Cómo rompía la monotonía?
Principalmente cuando venía algún familiar o el abogado, cuando recibías alguna carta o algún libro, incluso cuando te traían algo de comida. También ayudaban las conversaciones entre nosotros cuando estábamos en el patio.
¿Cómo fueron aquellos últimos días en la prisión?
El día antes de ser liberados ya nos avisaron de que nos habían dicho que vecinos de Manresa habían pagado la fianza que nos habían puesto para poder salir. La ilusión fue indescriptible, en parte porque tampoco sabíamos cómo reaccionarían los sectores franquistas más ultras.
¿Cómo recuerda la llegada a Manresa?
Muy emocionante. Primero, al ver a compañeros a los que hubieran podido encarcelar, y también al ver a la familia.
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