Conflicto vecinal
Vandalismo, peleas y drogas en dos bloques de L'Hospitalet apremian a trasladar a una guardería municipal
Familias del jardín de infancia y vecinos de los mismos edificios denuncia los problemas de convivencia con lo que lidian desde hace años
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Vandalismo, peleas y drogas en dos bloques de L'Hospitalet apremian a trasladar a una guardería municipal / Manu Mitru

Una docena de niños de preescolar salen al patio acompañados de un vigilante de seguridad que se pasea por la zona e incluso juega a pelota con alguno de los pequeños. La escena ocurre en un interior de manzana del barrio de La Florida de L’Hospitalet de Llobregat, a poca distancia del metro de la Torrassa.
El motivo es que, a lo largo de los últimos años, la guardería y buena parte de los vecinos de dos bloques de protección oficial adyacentes han tenido que lidiar con lanzamientos de objetos, vandalismo e, incluso, amenazas de muerte por parte de algunos inquilinos problemáticos de los mismos bloques en los que se ubica el centro. Esto llevó a que se pusiera seguridad privada y se haya cerrado una mitad del patio, en la que también se han colocado toldos ignífugos para evitar que caigan objetos o colillas directamente. Ahora, el Ayuntamiento de L’Hospitalet estudia el traslado de la guardería La casa de les flors ante las dificultades de reconducir la situación.
Las familias del jardín de infancia tomaron la palabra en el último Pleno municipal para reclamar que sus hijos puedan “crecer en un espacio seguro y limpio” y denunciaron haber tenido que convivir con “situaciones intolerables” durante años. Ruido, discusiones constantes, cristales rotos y restos de alcohol y drogas son algunos de estos elementos que han llevado a las familias a reclamar soluciones. Uno de los últimos problemas han sido unas fugas de agua en un piso sobre el jardín de infancia que ha llevado a tener que cerrar espacios del mismo.

Una mujer tiende la ropa con los alumnos de la guardería municipal La casa de les flors de L'Hospitalet de fondo. / MANU MITRU
En el mismo Pleno, el Ayuntamiento aprobó una partida de 1,9 millones de euros para la construcción de una nueva guardería, aunque todavía está pendiente concretarse cuándo y dónde se hará realidad. En un comunicado, el consistorio señala que se ubicará en “un emplazamiento cercano” y que se hará con “estructura prefabricada” para reducir los plazos de ejecución. Paralelamente, el gobierno local afirma que se instalarán nuevas medidas de protección en el patio de la escuela actual, con una inversión de 432.000 euros, “con el fin de mejorar su seguridad”. Con todo, las familias dicen estar desesperadas y reclaman soluciones lo antes posible.
Conflicto enquistado
Los problemas en los bloques, dos edificios ‘hermanos’ propiedad de la Agència de l’Habitatge de Catalunya (AHC) empezaron años atrás. Dan buena fe de ello, Vanessa Panadero, presidenta de la comunidad de vecinos del inmueble de la calle Alegría 58, y Olga Gómez, presidenta del bloque de la avenida Catalunya 98. Ambas coinciden en que los conflictos con los que lidia la guardería y ellas mismas empezaron hace, aproximadamente, una década.
Los primeros residentes entraron hace 16 años, pero, un lustro después, algunas de las familias que residían se marcharon y varios pisos quedaron vacíos. Tras ello, algunas de las viviendas fueron ocupadas. Panadero matiza que entre las ocupaciones, que aún se producen, hay familias que no generan ningún problema, mientras que hay otros casos conflictivos. Así, no solo los pisos están ocupados. En una visita de este diario a las fincas, dos personas se encontraban durmiendo en unos colchones colocados en la salida a la azotea. Los vecinos dicen que estas situaciones son una constante y que aumentan su sensación de inseguridad. Además, añaden que también hay residentes con contrato que han protagonizado multitud de conflictos. Fuentes municipales apuntan que muchos de los pisos ocupados se encuentran con procesos judiciales abiertos, tal y como les ha trasladado la AHC.

Dos personas duermen en unos colchones situados en un rellano en un edificio de la Agència de l'Habitatge de Catalunya de L'Hospitalet. / MANU MITRU
En el curso 2023-2024, ante los problemas de incivismo, peleas y lanzamientos objetos desde los balcones al patio de la guardería, Habitatge empezó a pagar a un guardia de seguridad. Panadero recuerda que en un primer momento el vigilante se encargaba también de las dos porterías, donde la situación no era muy diferente. Sin embargo, este fue amenazado de muerte por un vecino y se cambió de vigilante. Además, ahora sólo se ocupa del jardín de infancia. Panadero destaca que la persona que amenazó al guardia ya no reside en la finca, pero que tuvieron que convivir con él durante ocho años. Por ello, esta vecina también pide mayor diligencia en intentar echar a los residentes más conflictivos.
Ambas comunidades comparten también un párking, que sirvió de techo para algunas personas que dormían en la calle. Hace dos años, hubo un incendio en el mismo y, ya sofocado, la AHC lo clausuró para que no hubiera nuevas entradas. Desde entonces, no se puede acceder. Los vecinos de la calle Alegría 58 han sufrido ya tres incendios en la finca. El último fue a principios de octubre, cuando se quemaron unos sofás que habían dejado en la entrada a la espera de que el servicio de recogida municipal se los llevase. Pese a las capas de pintura y algunas pequeñas reparaciones, las heridas del humo y las llamas todavía están presentes en la escalera: ventanas rotas, maderas bufadas y una sala de contadores todavía ennegrecida son muestra de ello. Vanesa Panadero dice que habló con electricistas que vinieron a la finca y le dijeron que el estado de los contadores podría ser también un riesgo.
Sensación de desamparo
Igual que las familias de La casa de les flors piden soluciones, también lo hacen los vecinos de ambos bloques. Dicen que han denunciado todos los problemas un sinfín de veces, pero que la respuesta siempre llega tarde. Un ejemplo de ello es la puerta de la entrada. Panadero dice que se tomaron mal las medidas y que no cierra del todo bien, por lo que algunas personas de la calle o de pisos ocupados la fuerzan con facilidad para colarse en el edificio: "No lo quieren solucionar". Comenta que han requerido también que instalen alarmas en los pisos vacíos y cámaras en el rellano para sentirse un poco más seguros, pero que tampoco se lo han concedido. "A lo mejor no podemos permitirnos un alquiler de 1.000 euros, pero también somos personas", remarca Vanessa Panadero.

Vanessa Panadero, en el balcón de su casa, en la calle Alegria de L'Hospitalet. / MANU MITRU
La misma sensación de impotencia explicita Olga Gómez, quien remarca que el pasado fin de semana vivieron tres nuevos intentos de ocupación den el bloque. "No hacen nada, no se lo creen. Hace tres semanas puse cinco reclamaciones en Habitatge. No han venido. Es tanta la desesperación que te vuelves loca", añade. En un bloque hay 13 pisos por planta y en el otro 15. Son viviendas de apenas 30 metros cuadrados pensadas para una persona sola o parejas. Sin embargo, ambas vecinas dicen que hay pisos en los que conviven hasta seis y siete personas. Son precisamente algunos de los más problemáticos y en los que se celebran fiestas y, explican, "consumen droga, beben alcohol y se pelean entre ellos".
Panadero comenta también que en algunos de los pisos vive gente mayor con "problemas" que, durante años, no han estado suficientemente atendidas. Algunas de estas personas son las que también han tirado objetos al patio de la guardería y han confrontado a educadores por el ruido que hacen los niños cuando juegan. Este diario ha preguntado por estas situaciones a la Agència Catalana de l'Habitatge, pero al cierre de esta edición no ha recibido respuesta. En declaraciones a 'TV3', la ACH sí que apuntó que ya había gastado 150.000 euros en reparaciones en las fincas.
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