Centro anticuado
Goteras, temperaturas extremas y cortes de luz en un instituto de Barcelona: “Casi no se ha renovado desde los 50”
El instituto Sants, con unos 600 alumnos y construido hace más de 60 años, reclama reformas y reparaciones para resolver los problemas que arrastra en sus instalaciones
Hasta cinco años más de espera en un colegio de Barcelona para dejar los barracones: “Causa mucha frustración”

El Institut Sants, entre lo retro y lo ruinoso: goteras, temperaturas extremas y cortes de luz / Manu Mitru

El instituto Sants es un centro público de secundaria de Barcelona que bien puede etiquetarse de histórico. Hace más de 60 años que se construyó el edificio al que acuden unos 600 alumnos de ESO y Bachillerato en las inmediaciones de la estación de Sants. Cuenta con varios laboratorios que rezuman un aire retro, intacto desde hace décadas. Tan genuino es que ahí se han rodado películas y series ambientadas en mitad del siglo XX. Del mismo modo que luce con orgullo salas repletas de instrumentos y artilugios que parecen piezas de museo, el instituto acusa un reverso menos encantador. Tras el aspecto añejo con el que carga, alumnos y profesores capean con temperaturas extremas en verano e invierno, la lluvia se filtra por algunos techos y la luz se corta en ciertas plantas al enchufarse los aparatos con que los jóvenes aprenden.
“Han reparado la electricidad, pero seguimos sin poder encender todos los teclados del aula de Música o los microscopios del laboratorio de Ciencias Naturales porque saltan los plomos”, lamenta el centro en un escrito reciente. Una profesora se refiere al juego de equilibrios que han de cuadrar en las clases para no quedarse a oscuras: “Si comenzamos a encender cosas, sufrimos por que vaya a saltar el diferencial. Intentamos llevar el día a día con la máxima normalidad, pero siempre con atención a que puede saltar todo si, por ejemplo, conectamos más de cierto número de microscopios”.
La Asociación de Familias del Alumnado (AFA) del Sants se queja de que el instituto “tiene unas instalaciones que casi no se han renovado desde finales de los años 50”. El Consorci d’Educació de Barcelona -sostenido por la Generalitat y el ayuntamiento- responde que ha invertido casi medio millón de euros en el centro en el último quinquenio. El centro replica que 250.000 euros del presupuesto se fueron en pintar la mitad del inmueble.

Uno de los laboratorios del instituto Sants, en Barcelona. / MANU MITRU
También recalca que carece de fondos propios para afrontar los elevados costes para poner las dependencias al día. Su dotación se limita a 30.000 euros por año. Queda lejos del importe para rehabilitar el teatro del instituto, tasado en 1,2 millones de euros, según un proyecto presentado en los presupuestos participativos de Barcelona. La sala está anticuada, deteriorada -“cuando llueve, se inunda”, cuentan- e infrautilizada, por lo que se quisiera acondicionar para abrirla al barrio.
El consorcio dice que, antes de asumir la gestión hace un año, el Sants “ya arrastraba deficiencias por falta de mantenimiento”. Añade que es consciente de su situación. Responsables del instituto y familiares de los estudiantes desmenuzan un diagnóstico nada corto en achaques: mencionan humedades y goteras, boquetes en el patio en los se forman charcos, cañerías que dan problemas, caídas de la corriente, falta de climatización cuando aprieta el calor y un ambiente tirando a gélido al bajar las temperaturas. Junts ha urgido un calendario de actuaciones en el centro al ayuntamiento.
El teatro está deteriorado y se estima que ponerlo al día costaría 1,2 millones de euros. "Cuando llueve, se inunda", aseguran
Caldera de los 60
“En invierno, el alumnado pasa frío porque la caldera es de origen, de 1962, y nunca se sabe cuándo dejará de funcionar”, señala la AFA. “Tenemos una calefacción que tiene 60 años, cuesta mucho de encender, no funciona bien y no llega a todo el centro: los pasillos y la tercera planta son un congelador”, describen en el equipo directivo.

Una butaca rota en el teatro del instituto Sants, en Barcelona. / MANU MITRU
En contraste, otras clases son conocidas como “aulas infierno”, por el ambiente sofocante que las caracteriza. “El sol les da de lleno todo el día y son tostadoras”, equiparan. El centro asegura que ha llegado a registrar 35 grados centígrados dentro de algunas clases. “Hay alumnos que se han mareado -confiesa una maestra-. En el laboratorio, les pedimos que usen el agua para lavase la cara y que no caigan redondos”.
El Sants reclamó al Consorci d’Educació que se le dotase de aire acondicionado, en una petición conjunta con otros dos centros. Asegura que, de los tres, es el único que aún carece de la instalación.
“Hay alumnos que se han mareado. En el laboratorio, les pedimos que usen el agua para lavase la cara y no caer redondos”, afirma una maestra
En su ausencia, cabría pensar en dejar las ventanas de par en par, pero el ruido de las obras en la estación de Sants no ha invitado a ello. En algún caso, ni siquiera ha sido una opción: en una aula renovada hace pocos cursos y que sufre goteras, un cartel ruega no abrir las ventanas para evitar que se desprendan. “Tenemos ventanas atornilladas porque no se reparan y otras que no se pueden abrir, cada vez fallan más ventanas”, protestan en el centro.

Un pasillo del instituto Sants, en Barcelona. / MANU MITRU
Tampoco resulta extraño que los estudiantes se dejen los abrigos puestos dentro de algunas aulas en pleno invierno para sobrellevar las deficiencias de la caldera. “Cuando la encendemos, no la podemos tener todo el día porque nos da miedo de que deje de funcionar”, admiten en el instituto. El Consorci d’Educació responde que se planea cambiar la caldera el año que viene para que esté operativa a partir del curso 2026-2027.
El equipo directivo y la AFA inciden en que la sustitución es urgente. “Algunas salas son muy frías, nuestros hijos tienen derecho a recibir una educación y los profesores a impartirla sin sufrir estos contratiempos”, observa Sergio Patón, padre de un estudiante del centro. En los pasillos se aprecia algún que otro remiendo. “Lo que este edificio necesita es un plan, no parches”, remacha Patón.
El Consorci d'Educació planifica pintar la fachada del patio interior, lo que el centro y la AFA no consideran prioritario
Techos y fachada
El consorcio planifica la reforma del techo del instituto en los próximos meses. “Esperemos que sea efectiva esta vez”, confía el instituto. Dice que los arreglos anteriores no bastaron para acabar con las humedades en el teatro y algunas aulas.

La fachada del instituto Sants, en Barcelona. / MANU MITRU
El Consorci d’Educació también proyecta repintar la fachada que da al patio interior. El centro y la AFA no piensan que sea prioritario. “¿Qué falta nos hace pintar la fachada del patio cuando nos estamos muriendo de frío en invierno?”, se preguntan en el Sants.
El consorcio se declara dispuesto a entregar ventiladores al instituto si el zumbido de las obras de la estación hace imposible abrir las ventanas. “Este curso ya se les ha suministrado 18”, cifra el consorcio. Por lo que explican en el centro, el problema no es que falten de aparatos, sino que la red eléctrica no soporta que se enciendan tantas máquinas a la vez.
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