Engaño con los alquileres
La mafia de las habitaciones realquiladas crece en Barcelona: continúan apareciendo anuncios de subalquiler a estudiantes en portales inmobiliarios
El mismo grupo arrienda por 5 años otra vivienda en el Casc Antic y levanta tabiques para crear 6 habitaciones para estudiantes y trabajadores
La pesadilla de un propietario de Barcelona: "Mi inquilino ha levantado paredes y alquila habitaciones por días a turistas"
Una mafia que subalquila habitaciones a turistas acumula 15 expedientes en Barcelona

Momento en que los afectados del piso de la Barceloneta recuperan su vivienda, el jueves, y detalle de las habitaciones y la terraza tapiada. / EPC

Final de la pesadilla para el propietario engañado en la Barceloneta, pero nuevo susto para otra víctima que ha alquilado én el Casc Antic una vivienda a la mafia que actúa en Barcelona alterando la distribución de los pisos para subalquilar habitaciones como negocio ilegal. La familia del primero, junto con su agencia inmobiliaria han podido recuperar su domicilio de Joan de Borbó tras lograr paralizar su actividad turística unos días, una vez Airbnb cortó los anuncios de los infractores. Pero otro propietario ha sido víctima de la misma red --contra la que el ayuntamiento tiene ya abiertos 15 expedientes-- con un nuevo modus operandi, ya que esta vez las camas no se ofrecen por días a turistas, sino a estudiantes y trabajadores por meses, lo que aún resulta más difícil de combatir.
Desde el inicio de la ofensiva municipal contra los pisos turísticos ilegales, el ayuntamiento tenía claro que estrangular la oferta ilegal pasaba por bloquear su demanda, eliminando dichos anuncios en Airbnb, que ejerce como principal motor de búsqueda de camas turísticas en Barcelona. Y la misma estrategia ha seguido la agencia Casamona, que alquiló el 15 de septiembre al ciudadano chileno A. H. L. un piso en la Barceloneta propiedad de J. W., profesor universitario que se había marchado un año de excedencia a Estados Unidos. En cuestión de días, la red actuó: tabicaron el piso y lo anunciaron para turistas, con resultados inmediatos.
Los afectados detectaron rápidamente los anuncios y lucharon para que Airbnb los eliminara. Cada vez que lo conseguían, el grupo organizado colocaba nuevo anuncios. Hasta que la semana pasada desaparecieron --tras enviar incluso burofax a la empresa en EEUU--, y con ellos el desfile de maletas que había tomado el bloque de Joan de Borbó, donde explotaban cuatro habitaciones con sus propias cerraduras a cien euros por cama y día. "La forma de luchar es cerrarles el negocio dejándoles sin anuncio", aconseja a otros afectados Tine, pareja del dueño. "Hasta que se marchen si ven que un propietario se lo pone complicado", añade.
En un vídeo, muestra cómo este jueves entraron en la vivienda representantes de la agencia y de la familia (mujeres), junto con sus cerrajeros, para volver a tomar posesión de ella una vez comprobaron que aparentemente la red había dejado de utilizarla. ¿Qué se encontraron? Ya no había salón, sino una nueva habitación tabicada, e incluso habían anulado algunas salidas a la terraza para privatizarla.
La recuperación
La vivienda era todo pasillos y cuartos, y en ellos solo había austeras camas para optimizar el negocio por habitaciones. Como el inquilino estafador había instalado incluso una alarma, los Mossos se presentaron durante la 'reconquista' de la vivienda. Y en el vídeo se aprecia cómo familia del propietario y personal de la agencia acreditan su titularidad y explican su odisea de denuncias. El caso estaba siendo investigado por la policía, y también por el consistorio, que había detectado que el mismo anfitrión o intermediario que aparecía en los anuncios acumulaba por otros casos un total de 15 expedientes de alojamiento turístico sin licencia –siempre con la fórmula de alquiler habitaciones—, que por parte de la Dirección de Servicios de Inspección (DSI) “han derivado en 14 expedientes de restitución y 14 sancionadores y 65.000 euros en multas coercitivas”, como informó este diario.

Vivienda del Casc Antic donde han realquilado habitaciones por días, esta semana. / Jordi Otix / EPC
Pero el insaciable grupo busca otras víctimas que parezcan menos combativas, y ahondan ahora en otros tipos de engaño inmobiliario, como demuestra el nuevo caso del Casc Antic, en la frontera con el Eixample, en una calle perpendicular a Trafalgar y cuya propietaria pide que se omita la dirección exacta. Esta persona ha contactado con EL PERIÓDICO tras comprobar que el mismo inquilino de la Barceloneta, A. H. L., firmó con ella un contrato de alquiler en este caso de 5 años, solo cuatro días después de aquel, con mediación de una inmobiliaria de confianza.
Obras en sábado
Los vecinos, que se conocen entre sí, enseguida dieron la alerta a la dueña. Porque la red apenas esperó unas horas para iniciar una reforma total de la vivienda, en pleno sábado, que pasó de ser de 3 habitaciones a un total de 6, tras sembrar de tabiques de pladur el ático, de unos 100 metros cuadrados y con amplia terraza. Sus hijos sospecharon lo que sucedería y poco después localizaron el anuncio, esta vez en Idealista y dirigido supuestamente a estudiantes a 600 euros al mes, aunque han logrado que sea eliminado. Hasta siete plazas ofrecían. Y el mismo domingo ya llegaron los primeros jóvenes con maletas. Negocio rápido, aunque mucho menos lucrativo que el turístico.
Sin embargo, la nueva fórmula hace aún más complejo recuperar el piso. De entrada, con un inquilino con contrato firmado y que de momento paga, las demandas civiles que puedan interponer se limitan al "incumplimiento de contrato" y por haber realizado obras estructurales sin licencia. La mafia en cuestión ya suma cuatro expedientes por este último concepto. Pero son procesos que pueden durar muchos meses, y que no son prioritarios para los jueces. En los casos en que ejercen de pisos turísticos ilegales interviene también el ayuntamiento para evitar la infracción, con expedientes y multas que conducen al precinto, que tampoco es rápido.
Pero este nuevo engaño la propiedad se siente en un callejón de difícil salida, porque alquilar a estudiantes o trabajadores por meses no es en sí mismo ilegal en Barcelona, sino que la irregularidad se halla en el subalquiler de habitaciones a terceros, como explicita el contrato que suscribieron. Y en la trama que se ha vertebrado para esta práctica fraudulenta.
Aconsejados por su abogado, los afectados del piso del Casc Antic han esperado a ver cómo procedía la red, que de momento no ha abonado el nuevo mes, con lo cual podría abrirse también un proceso por impago. Un intermediario, de origen italiano, que actuó orquestando la reforma y el realquiler, replicó a su inmobiliaria --que había hecho esta intermediación y les pidió que dejaran el piso voluntariamente tras los hechos--, que "no tenían intención de dejar la vivienda porque tenían un contrato". Y parecían conocer bien la legislación local, pese al uso indebido que ejercen. La propietaria quiere hacer frente común con otras víctimas para emprender acciones judiciales con más fuerza.
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