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Entrevista

Giuseppe Costantino (BIP): “Si no es fácil acceder a la movilidad compartida, los usuarios seguirán usando el coche”

El experto en movilidad señala que es fundamental mejorar las condiciones de acceso para que los usuarios adopten los servicios compartidos y descubran sus ventajas, como llegar más rápido a sus destinos

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Giuseppe Costantino, socio responsable del área de Movilidad y Transporte de BIP, fotografiado en los alrededores de la Fira, con motivo del Smart City Expo World Congress.

Giuseppe Costantino, socio responsable del área de Movilidad y Transporte de BIP, fotografiado en los alrededores de la Fira, con motivo del Smart City Expo World Congress. / JORDI COTRINA / EPC

Glòria Ayuso

Glòria Ayuso

Barcelona
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Giuseppe Costantino, con casi 20 años de experiencia asesorando a empresas y administraciones en movilidad, es el responsable de Movilidad y Transporte en BIP, consultora con 6.000 empleados en todo el mundo y 400 en España. Su informe “Movilidad Inteligente: Avanzando hacia un futuro más verde y conectado” apunta hacia una transformación radical en los desplazamientos. En el futuro ya no habrá un coche en el parking de casa ocupando espacio, sino que se accederá en cada momento a los medios más adecuados —bicicleta, tren, bus o vehículo compartido— desde una sola aplicación, de forma sostenible y eficiente.

¿Cómo están evolucionando los nuevos servicios de movilidad compartida?

Los usuarios emplean los servicios de movilidad compartida para desplazamientos cada vez más largos. Empiezan a reconocer la movilidad compartida como un servicio, como una opción de movilidad, especialmente cuando está integrada con el transporte público.

Si las administraciones y los gobiernos consiguen integrar plenamente mediante un marco regulatorio adecuado la movilidad compartida con el transporte público, veremos un crecimiento sostenido y una consolidación del sector.

¿Cómo estamos en Barcelona en comparación con otras ciudades?

La movilidad compartida funciona bien, pero hay enormes diferencias en el comportamiento que reflejan las diferencias culturales. En el norte de Europa la gente tiende a usar menos el vehículo privado. En Alemania el carsharing funciona muy bien porque culturalmente es algo aceptado y valorado. Aquí destaca la alta dependencia del coche, estamos muy acostumbrados a utilizar nuestro vehículo particular.

En Barcelona también destaca la bici compartida de base fija -el Bicing- y el uso notable tanto de patinetes como de bicicletas de libre disposición. En cambio, la flota libre de coches, motos y bicis está prohibido en Madrid. Igual que en París, donde el Ayuntamiento decidió eliminar los patinetes sin estación fija. En Roma, en cambio, finalmente se dividió la ciudad en cuatro zonas, cada una gestionada por un operador distinto, para controlar mejor el servicio.

Barcelona. 04.11.2025. Barcelona. Giuseppe Costantino, socio responsable del área de Movilidad y Transporte de BIP, fotografiado en los alrededores de la Fira, con motivo del Smart City Expo World Congress. Fotografía de Jordi Cotrina

Giuseppe Costantino, socio responsable del área de Movilidad y Transporte de BIP, responsable de Movilidad y Transporte en BIP, acumula casi 20 años de experiencia asesorando a empresas y administraciones en movilidad. / JORDI COTRINA / EPC

En Barcelona aún hay muchas quejas por poner límites al coche.

Debemos recordar que medidas como las zonas de bajas emisiones o las restricciones al tráfico no buscan castigar al usuario, sino promover un cambio modal. Quizá el usuario decida dejar el coche, usar el transporte público integrado con movilidad compartida, y descubra que tarda menos en llegar. Este cambio modal es crucial para nuestras ciudades, ya que la situación del tráfico es insostenible. Limitar el uso del coche privado afecta a ciertos intereses, pero si pensamos en el bienestar social, es algo que debemos considerar.

Pero ¿cómo facilitar que los usuarios dejen la comodidad del coche?

Si como usuario puedo pasar sin complicaciones del tren a una estación de bici o a un vehículo de libre disposición, los utilizaré. Si no uso la movilidad compartida es porque no es fácil acceder a ella, como ocurre por ejemplo en Roma. Es imposible crear un ecosistema de movilidad adecuado sin infraestructuras adecuadas. Por suerte muchas ciudades europeas están invirtiendo en hubs multimodales donde los usuarios pueden cambiar de un modo de transporte a otro de forma sencilla y fluida.

La multitud de aplicaciones también lo complica.

Tener aplicaciones fáciles de usar también determinará nuestros hábitos de movilidad. Con una única app podré reservar un trayecto que implicará enlazar distintos modos de transporte y pagarlo con un solo billete.

Estas son las tendencias, pero ¿estamos viendo cambios reales?

La ciudadanía necesita que la movilidad sea más fácil, porque llegar a las ciudades ahora es muy difícil, hay muchos atascos.

¿Cuánto tiempo necesitaremos para lograr esos cambios?

Dependerá mucho de lo que hagan las instituciones públicas, los gobiernos y los ayuntamientos en términos de política, directrices y regulación para favorecer y potenciar este sector. Puedes diseñar la mejor app intermodal, pero si no existen normas que incentiven a la gente a dejar el coche y usar transporte público y la movilidad compartida, la gente seguirá actuando igual. En Italia por primera vez el gobierno decidió el año pasado destinar parte del fondo nacional para transporte público a su integración con la movilidad compartida. Es un porcentaje pequeño —0,3%—, pero muy significativo, un hito, porque por primera vez una institución reconoce su importancia.

¿Qué otras medidas se deben tomar?

Es necesario mejorar la fiscalidad y que la movilidad compartida disfrute de un IVA reducido del 10%, como el transporte público. Mientras persista esta desigualdad, no habrá condiciones adecuadas para un entorno competitivo y colaborativo, donde todos los operadores, incluso los pequeños, puedan desempeñar un papel.

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