7.500 metros cuadrados de superficie
Un nuevo centro de datos en Cerdanyola para 2027 reforzará a Barcelona como "polo digital del sur de Europa"
La empresa catalana, Adam, invertirá en una instalación de 7.500 m² y 8 MW de potencia que duplicará su capacidad operativa y consolidará su crecimiento del 15% anual
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Colocación de la primera piedra de Adam en el parc del l'Alba de Cerdanyola / Cedida / Joan Mateu Parra

Barcelona y su área metropolitana consolidan su papel como capital tecnológica del sur de Europa con la construcción de un nuevo centro de datos que la empresa catalana Adam impulsa en Cerdanyola del Vallès, dentro del Parc de l’Alba-Sincrotró. El equipamiento, cuya primera piedra se ha colocado este martes, 11 de noviembre, está previsto que entre en funcionamiento en 2027, si se cumplen los plazos.
El proyecto representa una de las inversiones "más relevantes en infraestructura digital de los últimos años en Catalunya", según fuentes de la empresa, y consolida a Adam entre los actores europeos de referencia en servicios de alojamiento y computación en la nube.
Con 7.500 metros cuadrados de superficie y una potencia instalada de 8 MW, el nuevo data center permitirá a la compañía duplicar su capacidad actual y alcanzar los 14 MW entre sus instalaciones de Barcelona, Madrid y la futura de Cerdanyola. Adam prevé cerrar 2025 con una facturación de 10 millones de euros, un 15% más que el año anterior, impulsada por la expansión de su red y la creciente demanda de servicios de infraestructura digital.
“Estos centros de datos son el corazón que hace latir nuestra economía digital; infraestructuras estratégicas de país y de futuro. Ahora más que nunca, necesitamos hablar de autonomía en la gestión de los datos dentro de nuestro territorio”, ha subryado el conseller d’Empresa i Treball, Miquel Sàmper, durante el acto simbólico de colocación de la primera piedra, en el que también ha participado el alcalde de Cerdanyola, Carlos Cordón.
Por su parte, el director general de Adam, José Mejías, ha destacado “el potencial del sur de Europa como polo de atracción de inversiones tecnológicas” y la “necesidad de contar con socios especializados que garanticen soberanía y eficiencia en la gestión de los datos”.
Inversión estratégica y compromiso ambiental
El centro de Cerdanyola nace como una infraestructura estratégica para el ecosistema digital catalán, tanto por su capacidad técnica como por su diseño sostenible, explican fuentes de la compañía. Por este motivo, seguirá los estándares Tier III, que garantizan alta disponibilidad, redundancia y continuidad operativa, aspectos críticos para empresas que dependen de la gestión segura e ininterrumpida de sus datos.
Adam, también, integrará paneles fotovoltaicos que reducirán la dependencia energética y permitirán avanzar hacia la neutralidad climática antes de 2030. El proyecto incorporará, además, sistemas de refrigeración avanzada y monitorización inteligente para optimizar el consumo de recursos, evitando el uso de métodos evaporativos que requieren grandes volúmenes de agua.
“La clave está en la eficiencia: equipos de bajo consumo, energía 100% renovable y un uso responsable de los recursos”, ha explicado Mejías, quien ha subrayado que el nuevo centro “nace con vocación de sostenibilidad y de servicio al territorio”.
Un motor para la economía digital catalana
El proyecto se enmarca en un contexto de expansión del sector de los centros de datos, considerado ya uno de los "motores de la economía digital". Estas infraestructuras no solo alojan servidores y datos: también atraen inversión, generan empleo especializado y promueven servicios de alto valor añadido, desde ingeniería eléctrica y ciberseguridad hasta conectividad avanzada.
La compañía, admite, también dispone de "soluciones de respaldo y recuperación ante desastres", esenciales en un contexto en el que la digitalización empresarial avanza con rapidez y las empresas buscan reducir costes, externalizar riesgos y garantizar la continuidad de su negocio.
El proyecto tiene la voluntad de posicionar Catalunya en la primera línea de la economía digital europea, con infraestructuras propias, eficientes y alineadas con los objetivos de soberanía tecnológica y transición verde.
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