Un año después de la renovación
“Están hechas para guiris, no para vecinos”: continúa el calvario de las escaleras de la Baixada de la Glòria de Barcelona
Los vecinos del Park Güell afrontan con desesperación las constantes averías y creen que hubiera sido mejor una escalera mecánica para subir y otra para bajar
La renovación de los seis tramos de la Baixada de la Glòria, terminada al fin en noviembre

Las escaleras mecánicas de la Baixada de la Glòria, fuera de servicio este 6 de noviembre de 2025. / RICARD CUGAT / EPC

Prometían hacer la subida más fácil, pero lo único que ha subido es la frustración. En el barrio de Gràcia, el desnivel entre las avenidas de Vallcarca y del Coll del Portell -64 metros con una pendiente de más del 30%- convierte la Baixada de la Glòria en una cuesta interminable. Las escaleras mecánicas, pensadas para aliviar el trayecto, vuelven a fallar una y otra vez. Justo hace un año que se completó la renovación de esta infraestructura y para los vecinos, que las esperaban con ansias tras un año de obras, el calvario continúa. Sienten que no están hechas para ellos, sino para los turistas que las usan para subir hasta el Park Güell.
“Parece que solo están hechas para que suban los guiris, no para que bajen los vecinos”, lamenta Juan, que sube con las bolsas de la compra. Los residentes del barrio -especialmente las personas mayores que recorren cada día esta pendiente- son los principales perjudicados por las averías. Al fin y al cabo, los turistas están de paso y hacen un esfuerzo puntual y voluntario, pero a muchos vecinos no les queda otra que usar las escaleras fijas si quieren llegar a su casa o salir a comprar o a pasear.
En la Baixada de la Glòria hay actualmente seis tramos de escaleras mecánicas reversibles. Tres de estos tramos se pusieron en funcionamiento el mayo pasado y los otros tres en noviembre de 2024. Los vecinos se quejan de averías constantes y de tardanza en repararlas. “Los del barrio tampoco les damos tanto palo”, se defiende Francisco, que lamenta que se quedan tirados si no funcionan.

Un hombre sube por las escaleras del hormigón al lado de las mecánicas. / RICARD CUGAT / EPC
“Es un desastre, nunca sabes con qué te vas a encontrar”, critica Lorena, que vive justamente entre dos de los tramos de escaleras. Recuerda con resignación que el mismo día del estreno de los primeros tramos, en mayo, “ya se rompieron”. “Es que cada mes y medio las vienen a reparar”, recalca indignada.
Dos sentidos y mucha paciencia
Tampoco les convence el funcionamiento del sistema. Las escaleras suben automáticamente, pero para cambiar su sentido hay que pulsar un botón y esperar a que se detengan y arranquen en dirección contraria, siempre que no haya nadie encima. “Tarda mucho. Antes me he estado un buen rato esperando y al final he bajado andando”, cuenta Juan, que asegura que en verano la espera se hace eterna, sobre todo cuando hay más turistas o grupos escolares que pisan la plataforma y retrasan el cambio de sentido.

Turistas suben por las escaleras de hormigón de la Baixada de la Glòria. / RICARD CUGAT / EPC
Es un buen entrenamiento de la paciencia si se tiene prisa. Una vecina sale de su casa justo cuando cambian de dirección. “Tienes que aprovechar cuando suben, pero es desesperante cuando ves que bajan y no sabes cuándo cambiará de nuevo el sentido”, se queja.
Mientras Francisco aguarda para subir, otro vecino aprovecha el hueco para bajar corriendo. Tiene prisa. “¡Cuando funcionan tienes que aprovechar!”, bromea. Franscisco se lo mira y se reafirma: “Tendrían que haber puesto dos escaleras distintas: una que suba y otra que baje. Mira si no hay espacio aquí”, dice señalando las escaleras de hormigón contiguas. Son muchos los que optan por ellas antes de esperar a que las mecánicas cambien de sentido.

Una vecina sube a pie porque las escaleras mecánicas están averiadas, el día 6 de noviembre de 2025. / RICARD CUGAT / EPC
Y entre todo este vaivén de subidas y bajadas, uno de los vecinos cuya ventana da a las escaleras avisa de que realmente el problema está en las ratas que, según él, han aparecido con las jardineras que se han colocado al lado de las escaleras en el marco de su renovación.
Dos actos vandálicos en menos de un año
En este último año, las escaleras han sufrido dos actos vandálicos importantes en menos de un año. El primero, en octubre de 2024, fue un vertido de pintura que obligó a una limpieza superficial y, meses después, a desmontar los peldaños para una reparación más profunda. El segundo, en junio de 2025, fue aún más grave: además de pintura, se arrojaron yesos y morteros que dañaron los escalones y los mecanismos internos, dejando la instalación fuera de servicio durante varias semanas.
Más allá de estos episodios, el Ayuntamiento de Barcelona defiende que las escaleras han sufrido solo “afectaciones puntuales” por problemas electrónicos y “parones de poca duración” por averías menores. Fuentes municipales aseguran que los servicios técnicos realizan un mantenimiento preventivo mensual.
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