Ayuntamiento de Barcelona
Collboni pisa el acelerador en el nuevo curso político para consolidar logros de cara a 2027
La vivienda, el turismo y la unión del tranvía marcan la agenda del alcalde en su tercer año de mandato
La Mercè 2025 estrenará el curso en Barcelona con el pregón de Emma Vilarasau
Collboni cierra su viaje oficial a Jordania y Estambul reivindicando los derechos LGTBI en Turquia

El alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, en un pleno municipal. / Zowy Voeten / EPC

El Ayuntamiento de Barcelona estrena un nuevo curso político en el que el alcalde, Jaume Collboni, pisará el acelerador en los retos que tiene encima de la mesa y que serán decisivos para encarrilar la recta final del mandato. El primer edil encara los próximos meses con la intención de intensificar su actividad antes de verse inmerso en la precampaña, que siempre empieza mucho antes de lo que marca el calendario electoral. Pasado el ecuador de mandato, el tiempo vuela y el alcalde no quiere perder ni un minuto. La agenda que le espera es apretada e intensa, con varios frentes abiertos y la necesidad de avanzar en proyectos ahora encallados para llegar a las municipales de 2027 con logros palpables que mostrar a la ciudadanía.
Collboni terminó el curso anterior con una remodelación del gobierno municipal con la que reflejó sus prioridades: el traspaso de la cartera de Vivienda y una quinta tenencia dedicada a servicios sociales y promoción económica, trabajo, feminismos y memoria democrática. Con la puerta cerrada a un pacto con ERC para ampliar el ejecutivo, el alcalde reforzó su equipo creando esta nueva tenencia y nombrando a más comisionados, la figura que le sirve para cubrir áreas estratégicas sin necesidad de ampliar el número de concejales en el gobierno.
El dirigente socialista gobierna en minoría con 10 concejales, pese a que llegó a alcanzar un preacuerdo para forjar un bipartito con ERC que nunca se llegó a materializar y que derivó en una mesa bilateral para pactos en ámbitos concretos, como vivienda y lengua. Sin embargo, Collboni ha logrado gobernar con comodidad y se ha marcado sus propias prioridades para 'vender' en 2027 una ciudad más ordenada, atractiva y cohesionada.
Los presupuestos y las ordenanzas, el primer deber
Pase lo que pase en la ciudad, a ningún alcalde le pasa por alto que el primer deber tras la vuelta de vacaciones es preparar los presupuestos y ordenanzas fiscales para el año siguiente. En este terreno, el PSC no parte con buenos precedentes: no ha logrado aprobar ninguna de las cuentas anuales por la vía ordinaria. La fragmentación política y la relación algo crispada con los grupos de la oposición tampoco invitan al optimismo. Basta recapitular: las primeras cuentas del mandato, las de 2024, se aprobaron con una cuestión de confianza; las segundas, las de 2025, acabaron prorrogadas. Las ordenanzas fiscales de 2024 también las tuvo que prorrogar y las de este año logró sacarlas adelante con Comuns y ERC.

El pleno del Ayuntamiento de Barcelona. / Zowy Voeten / EPC
El escenario actual es incierto todavía. Aunque los antecedentes pesan, no impiden que las negociaciones puedan llegar a buen puerto esta vez. Si este no fuera el caso, Collboni aún dispone de los mismos mecanismos legales: repetir la cuestión de confianza o echar mano de otra prórroga. La incógnita es el ánimo con que arranquen el curso el resto de grupos, con las municipales de 2027 cada vez más cerca.
La vivienda y el turismo, las carpetas estrella
La vivienda sigue siendo la carpeta prioritaria de Collboni. El alcalde ha buscado proyección internacional para encontrar una solución a una crisis que afecta también a otras grandes ciudades europeas. Abandera el movimiento ‘Mayors for Housing’, pero lo cierto es que los resultados todavía son limitados. Su gran promesa de reformar la reserva del 30% a vivienda protegida ha quedado aplazada al próximo mandato. Cuando parecía a punto un entente con Junts, los posconvergentes decidieron romper la negociación y la modificación urbanística quedó en el aire.
Entre las múltiples medidas para hacer frente a la crisis de la vivienda, hay una decisión en especial de la que Collboni saca pecho con determinación. Es la de eliminar los 10.000 pisos turísticos de la ciudad en noviembre de 2028 para facilitar que se destinen al alquiler convencional. Su lucha contra los pisos turísticos ilegales le ha costado el enfrentamiento con la plataforma Airbnb, con quienes ha pactado un nuevo convenio. Mientras, la regulación de los alquileres de temporada mediante un veto urbanístico sigue en el cajón.
En turismo, el alcalde llega al inicio de curso con deberes marcados. Antes del verano logró cerrar un acuerdo con el Puerto y derribar tres terminales para construir una nueva de última generación. Además, está aplicando medidas específicas en 16 zonas de alta concentración turística, como la Sagrada Familia y el Park Güell, y se ha comprometido a subir el recargo municipal de la tasa turística al máximo, una cuestión que se incluye en la votación de las ordenanzas fiscales. Ahora queda comprobar si esas decisiones funcionan y si el recién nombrado comisionado de Turismo logra dar consistencia a la estrategia municipal en un ámbito que se ha convertido en una las grandes pruebas de fuego.
El civismo, la piedra en el zapato
Este curso se resolverá si entra en vigor al fin la nueva ordenanza de civismo. El texto, que primordialmente endurece las sanciones, ya pasó su primer trámite en comisión y debe validarse definitivamente antes de que termine el año, pero no cuenta con todos los votos garantizados y podría embarrancar. A ello se suma el reglamento de las pistolas eléctricas, más conocidas como 'táser', que está en barbecho. Fue otro de los contrapiés que tuvo Collboni antes de vacaciones: Junts decidió votar en contra, frenó la aprobación y dejó el calendario en el aire.
La esperada unión del tranvía
Y en clave urbanística jugará un papel decisivo la conexión del tranvía por la Diagonal. El alcalde tiene previsto presentar en septiembre el proyecto ejecutivo para el tramo que queda por construir entre Verdaguer y Francesc Macià, un tema que podría ser clave en la negociación de los presupuestos, sobre todo para BComú y ERC, que están a favor de la unión. Otra de sus promesas electorales fue la recuperación de 30 interiores de manzana en el Eixample antes de 2030 para ganar zonas verdes en la ciudad. De momento, tiene en fase de estudio 21 de los 30 que prometió en campaña.
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