Entrevista
Manolita y Josep, históricos de las fiestas de Gràcia: "A la mínima que programas algo vistoso, se llena la calle"
Dos veteranos analizan la salud y los retos de la fiesta mayor y rememoran los años más difíciles
Los ‘exvecinos’ que decoran Gràcia tras mudarse fuera de Barcelona: "Era demasiado caro para mi"

Manolita Domínguez y Josep Soteras, de las calles Providència y Fraternitat de Baix de las fiestas de Gràcia / MANU MITRU / EPC

Las fiestas de Gràcia las organiza mucha gente y muy variada. Hijos y nietos de Gràcia de toda la vida, recién llegados de medio mundo, inquilinos que han tenido que mudarse por los precios… Y también diferentes generaciones. Los jóvenes aportan empuje y ambición. Los más veteranos ejercen un cierto liderazgo práctico y moral, al conocer todos los trucos y contactos. Dos integrantes históricos conversan con EL PERIÓDICO sobre la evolución de la fiesta y su salud actual.
Josep Soteras es presidente de la comisión de Fraternitat de Baix. Manolita Domínguez, expresidenta de la comisión de Providència. Se involucraron por primera vez en las fiestas siendo niños, él a los seis años y ella a los cinco. La vida los llevó a la hostelería profesional, punto de encuentro natural. Todo el vecindario les conoce y ellos conocen a todo el mundo en Gràcia.
No siempre los tiempos pasados fueron mejores. En comparación con las horas bajas de la Transición, podría bien decirse que la fiesta vive hoy un momento dulce.
Josep (J): Durante los años 70 llegaron a quedar solo tres calles engalanadas, Puigmartí, Llibertat y Progrés. Por poco no desaparece la fiesta. Por el momento histórico y por un factor que no se explica mucho, que la electricidad se tenía que coger de las escaleras de vecinos y muchas no querían porque les subía mucho la factura de la luz. Hasta que el ayuntamiento democrático no se hizo cargo del gasto, no empezó a cambiar la situación. Además, la implicación de los jóvenes se truncaban cuando se iban a la mili. La creación de la federación de calles, con Albert Torres al frente, ayudó mucho a mejorar las estructuras.
Manolita (M): En Providència no había habido nunca fiesta mayor porque pasaban dos o tres líneas de tranvía. Sí, sí, ya nadie se acuerda. Cuando lo sacaron, unos vecinos y comerciantes vinieron al bar a desayunar y me propusieron incorporarnos. Empezamos el papeleo en 1988, nos estrenamos en 1989 y desde entonces estoy en la comisión.
Durante los años 70 llegaron a quedar solo tres calles engalanadas. La electricidad se tenía que coger de las escaleras de vecinos y muchas no querían"
Su trayectoria les da perspectiva. ¿Cómo ven el momento actual?
M: Es un tiempo de muchos cambios. Los vecinos antes no se iban de vacaciones fuera, por ejemplo, y ahora muchos viajan. Han aparecido pisos turísticos, con huéspedes que se quejan. Y en el barrio hay muchas mudanzas. Hay gente nueva que todavía se tienen que adaptar un poco, porque no puedes llegar a un sitio y querer cambiar todas las actividades que se hacen.
J: Gràcia evoluciona a la vez que la fiesta mayor, que antes era más familiar, aunque cada calle tiene su tipo de fiesta. En cuanto a quejas, ¡también me ha parado por la calle gente mayor que son de Gràcia de toda la vida! Nosotros comprendemos que no somos los dueños del barrio, tenemos que adaptar la actividad de cada calle a sus vecinos, para estar tranquilos todos. En este sentido, veo muy bien la iniciativa de una Noche Tranquila [la del domingo al lunes, sin conciertos amplificados].
Desde la pandemia, en toda la ciudad hay más quejas por el ruido, incluso el de los patios de escuela.
J: Yo pico todos los timbres de la calle, porque me conocen todos, para ver si algo les molesta. A la gente nueva tenemos que facilitarle que esté contenta.
M: Nosotros no colgamos nada de ningún balcón si no hemos pedido permiso. Nada de nada. Y si sabes que a unos no les gusta tanto la fiesta, pues más prudencia. Por ejemplo este año queríamos poner una carpa más alta y no lo haremos porque sabemos que en esa esquina no gustará. A los nuevos a veces les digo: “Si no puedes con el enemigo, ¡baja a la calle con él!”. Y oye, he logrado que bajen unos cuantos.

Manolita Domínguez, de la calle Providència de las fiestas de Gràcia / MANU MITRU / EPC
En Gràcia los grandes follones han sido siempre de madrugada, cuando la programación ya ha terminado y parte de asistentes no quiere irse.
M: En mi calle, Providència, llevamos bastante a rajatabla la hora de cerrar. Cerramos luces y nos podemos a barrer, para hacer desfilar a la gente a sus casas. Tras un par de años con escobas, hemos notado mejoría.
Tú esforzándote para que ningún vecino se queje y viene una sola persona con 'bafle' y ya la tienes montada"
J: En Fraternitat, antes de la pandemia regábamos toda la calle y así la gente se marchaba seguro. Pero durante la sequía no se podía hacer. Ahora se podría, pero está mal visto. Una cosa muy positiva fue que la Fundació Festa Major incorporara un controlador por la noche en cada calle. Se incorpora ya en la fase de montaje, una semana antes. Parece mentira, pero hay gente que ve una tarima y se sube a saltar como si fuera un tablao.
M: ¡Imagínate hoy en día, que muchos van por ahí con altavoces! Tú esforzándote para que ningún vecino se queje y viene una sola persona con 'bafle' y ya la tienes montada. Hay que ir a decirle que por favor se vaya, quizá plantarle cara… Si tienes un vigilante, mucho mejor.
¿Y de manos, como van las fiestas? De hace 10 años a hoy quizá haya menos gente, pero hay más diversidad.
M: Cada comisión es totalmente diferente. En algunas calles hay jóvenes y son muchos, mientras que en otras más antiguas tenemos menos gente. Los que llevamos muchos años en la fiesta quizá hemos sido más conservadores. En general hay poca gente que se implique mucho. Te dicen que vendrán y luego en tres o cuatro días no viene nadie y te dejan colgado. Vienen los últimos días, y muy agradecida de que vengan, pero acabas reventado.

Josep Soteras, de la calle Fraternitat de Baix de las fiestas de Gràcia / MANU MITRU / EPC
J: Nosotros, dentro de lo que cabe, somos bastante gente. En la Junta, 10. Y de estos, cuatro son jóvenes. Bueno, ¡jóvenes de 40 o 45 años!
¿La veteranía les ha llevado a especializarse en alguna labor?
J: Yo de la decoración artística no hago nada. Hago de lampista, electricista…
M: Yo tampoco. Llevo la logística. Me dicen: “Necesitamos esto”. Y yo voy a comprarlo, a buscar o encargar material… “Manolita, ¿puedes ir a buscar aquello?”. Como tengo moto, pues ya voy yo. Y también montar barras y preparar a la gente, que es mucho trabajo.
Fraternitat de Baix es una de las comisiones que ha renunciado a tener barra de bar.
J: Sí, fue decisión nuestra. Tenemos escenario, pero no montamos barra. Hacemos la fiesta para disfrutarla. Unos cuantos hemos estado en otras comisiones y ya sabemos qué es tener barra, así que propusimos tener otro tipo de fiesta. Eso sí, tenemos un tirador de bebida privado desde julio, para la gente de la comisión, los que nos vienen a ayudar, los artistas y si queremos invitar a un vecino.
Tener barra es un currazo, pero sin ella no nos vemos capaces de sufragar los gastos"
M: Nosotros sí que tenemos barra. Es un currazo, la verdad. Lo que pasa es que sin ella no nos vemos capaces de sufragar los gastos. A la gente joven le encanta estar en la barra, cabe decir. Y nuestros jóvenes, además, no son de beber: ¡Nos han llegado a caducar las cervezas!
Hace 20 años el programa de actos de Gràcia incluía cantantes y bandas muy famosas. Hoy casi todos los conciertos son de grupos emergentes. ¿Es premeditado, para frenar la atracción de público? ¿O por presupuesto?
J: Por todo un poco. Recuerdo que un año trajimos a grupos famosos y tuvimos que cerrar la calle.
M: Nosotros traíamos a la Salseta del Poble Sec y actividades muy potentes, sí. Ahora no podríamos pagar el caché de grandes grupos. Han subido mucho. Pero además no podemos atraer a tanta gente. A la mínima que programas algo más vistoso, ese día la calle está llenísima.

Manolita Domínguez y Josep Soteras, de las calles Providència y Fraternitat de Baix de las fiestas de Gràcia / MANU MITRU / EPC
Es difícil encontrar un equilibrio entre morir de éxito y programar solo actividades de bajo perfil.
J: Al incorporarme a esta comisión aporté una cosa que me gusta mucho y se ha consolidado: cena de fiambrera cada noche. Tenemos a un grupo tocando y una gran mesa para los vecinos. Comemos, charlamos, luego una partidita de cartas… Y el día 20 sin fiambrera, cena preparada para todos. Hacemos cosas para nosotros, sin renunciar a la música. Contratamos conciertos los tres días mínimos que pide la Fundació y el resto de programación nos la hacemos nosotros: bingo musical, karaoke, talleres, juegos de mesa… Hay que ahorrar, al no tener barra.
M: En Providència cada noche tenemos un grupo de música. No podemos pagarles mucho, pero cada año se nos ofrece gente para tocar. ¡Y no puede faltar Albert Malla, con su Cocodrilo Club! No has puesto aún ni una silla y ya tienes a la gente esperándole. También hacemos talleres, claro, y por primera vez las habaneras serán por la tarde para respectar la Noche Tranquila. El año pasado ya decidimos que es imposible hacer comidas diurnas por el calor, hace mucho sol en nuestra calle. Solo haremos barbacoas nocturnas: una sardinada y una botifarrada.
Me gusta ponerme en la valla de acceso y escuchar qué dicen los visitantes"
La cara más visible de la fiesta es la decoración de las calles, muy elaborada. Y los premios, que se viven con un fervor difícil de comprender desde fuera.
J: En 2024 fuimos octavos. Si no hubiera premios, haríamos lo mismo. Si nuestra gente ha disfrutado y nadie se ha hecho daño, ya estoy contento. Al fin y al cabo, cuando miro un concurso en la tele tampoco estoy siempre de acuerdo con la decisión del jurado. Eso sí, me gusta ponerme en la valla de acceso y escuchar qué dicen los visitantes.
M: Nosotros los primeros años estábamos obsesionados, si no ganábamos. Solo hemos tenido una vez el primer premio. Segundos, terceros y cuartos, muchos. A los jóvenes les importa más. Los mayores ya estamos en la siguiente fase, disfrutamos al ver que nos ha quedado bonita la calle y punto pelota. Aunque el año pasado quedamos penúltimos (22º) y hombre, no se correspondía. ¡Hasta me dijo en broma el Ricardet de la plaza del Poble Gitano (21º) que les habíamos quitado el sitio, que siempre quedaban ellos por detrás nuestro! No nos enfadamos, pero si quedas mejor clasificado se anima más gente a participar el año siguiente.
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