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Desde 1988

De la eclosión de las carpas al primer 'beach club' de Barcelona: relevo generacional en el macro grupo de ocio Costa Este

La saga Bordas, que en 2024 facturó 100 millones de euros con sus 14 locales, abrirá en octubre la 'disco' Boris en la zona alta

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Ramón Bordas, a la derecha, y su hijo Jorge, que marca el relevo generacional en Costa Este, en el Bastian Beach.

Ramón Bordas, a la derecha, y su hijo Jorge, que marca el relevo generacional en Costa Este, en el Bastian Beach. / Marc Asensio

Patricia Castán

Patricia Castán

Barcelona
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Del fulgurante exitazo de las carpas de verano a finales de los años 80, a los 15 millones de euros de inversión en el 'beach club' Bastian Beach del litoral de Barcelona, que culminará este verano. De las alegres noches de la ciudad preolímpica, a la que cada vez habla más idiomas. Los hermanos Ramón y Javier Bordas, creadores del grupo Costa Este, han levantado durante casi cuatro décadas un imperio del ocio nocturno que en la actualidad suma 14 locales (con el 15º al caer) y se reparte entre su epicentro barcelonés y también en Madrid, Marbella y la Costa Brava. El arraigo de la marca se blinda ahora con la entrada oficial en el accionariado de una segunda generación de la saga, Jorge y Ramón, hijos del primero y que debutarán en el puesto de mando con la apertura el próximo octubre de la nueva 'disco' de la zona alta, bautizada como Boris.

El interés por el mundo del ocio nocturno del progenitor no fue por aquel entonces heredado, sino que empezó como afición en 1988, rememora Ramón (padre), que en aquel momento trabajaba en la banca. Pero un verano se les ocurrió un montaje de carpas a la fresca en la Barceloneta (en la plaza de las Palmeras) que también tuvo réplica en la Costa Brava como Costa Este Calella. En Barcelona le seguiría La Chatarra en 1990 en terrenos del RCD Espanyol, un "éxito brutal" , el lugar donde todos querían estar aquel año y que llevó a los hermanos a convertir el asunto en su profesión y volar como empresa. Se gestaba el que sería el mayor grupo de ocio nocturno de la ciudad, superviviente a modas, tendencias y colores políticos en el gobierno de la ciudad.

Siguiendo el hilo del historión, plagado de anécdotas que darían para una novela, aquella gran afluencia noctámbula obligó a una mudanza a la zona universitaria un año después. El dúo aún recuerda cómo recorrieron en moto la ciudad en busca de 10.000 metros cuadrados para dar continuidad a su proyecto, que en ese nuevo emplazamiento sería escenario estrella de las largas noches de los JJOO y sus saraos finales. Reubicadas una vez más como El Canódromo, y por fin durante toda una década como Torre Melina --sin moverse del entorno de la Diagonal-- las carpas de Costa Este se convirtieron en un referente al aire libre de la vida nocturna de la ciudad --en su versión más pija-- mientras hubo los espacios (y permisos) necesarios.

Discotecas, restaurantes y expansión

Pero mientras tanto, desgrana Bordas, ya habían echado el ancla en locales estables, como el Jimmyz de los bajos del entonces hotel Princesa Sofía, que duró hasta que cambió la gestión del hotel. Al mayor de la saga no le escuece admitir que no todas las aventuras fueron lucrativas. De hecho, su historial suma más de 50 aperturas de establecimientos entre clubs y restaurantes. Unos pocos no funcionaron lo bastante, muchos vivieron un periodo feliz que luego dio paso a nuevas apuestas, y otros les propulsaron a lo grande hacia nuevas inversiones, como la suerte de hacerse con el mítico bar Universal, que pilotaron hasta que el ayuntamiento de la época disolvió poco a poco el ocio del eje de Marià Cubí, Laforja y Regàs.

Barcelona. 03/06/2025. Barcelona. Ramon Bordas y su hijo Jorge Bordas, en el Bastian Beach Club. AUTOR: Marc Asensio Barcelona, Catalunya, España, Ramon Bordas, Jorge Bordas, Bastian Beach Club, playa, Grupo Costa Este

Ramon Bordas y su hijo Jorge, en uno de los rincones de su 'beach club'. / Marc Asensio / EPC

Entre sus 'hits' se cuentan espacios como fue el glamuroso Búcaro. Y una etapa gestionando la franja más nocturna de Sutton, que al final no hicieron suyo pero propiciaría la "locura" de atreverse --por nueve millones de euros-- en 2007 con el traspaso del entonces alicaído Baja Beach del Front Marítim para convertirlo en Opium, la mayor discoteca (con restaurante) de Barcelona. Se convertiría rápidamente en la madre de sus ingresos y motor de muchas otras propuestas, como ampliar miras solo un año después con el vecino Sotavento --que convertirían en Pacha Barcelona, y ha llegado a ser de su propiedad-- o el Nu Barcelona, animando la gastronomía con copas por encima de la Diagonal. Sin olvidar Bling Bling, con el que quisieron dar brillo a la calle de Tuset, y aún les da alegrías. O los restaurantes Cachito's. ¿La clave de la permanencia de sus buques insignia? "La ubicación", afirma categóricamente, sumada a la experiencia.

La ambición empresarial --que Javier compatibilizó un tiempo como directivo del Barça-- también les propulsó a abrir un Opium Madrid y más tarde un Opium Beach Marbella, que siguen latiendo con fuerza, entre otros. No logró cuajar, en un entorno más complejo, su aventura londinense en 2018. Pero sí sirvió para que sus hijos, formados en Esade y posteriormente en la banca de inversión en Londres, empezaran a conectar con la empresa familiar. "Sabíamos que acabaríamos en Costa Este porque mi padre nos narraba las hazañas de los locales que habían ido abriendo". Pero hubo otro detonante imprevisto que recondujo sus carreras: la pandemia. Como a tantos operadores del ocio, el largo parón estuvo a punto de asfixiarlos, y fue cuando Jorge subió a remar al barco familiar.

Enésimo reto

Con las aguas volviendo al cauce, y cuando los Bordas pensaban que el susto les haría más conservadores, volvieron "a caer" y exhibir osadía al hacerse con el proyecto de un 'beach club', ligado a la reforma del Club Natació Barcelona. "Los proyectos bonitos siempre nos atraen y este tiene magia", sentencia el patriarca. El año pasado inaguraron la parte de restaurante y club de playa, a pie de la de Sant Sebastià, mientras que este verano planean culminar la terraza panorámica con coctelería y los espacios de las plantas superiores. Aunque su actividad se centra en la temporada alta, destacan que está funcionando muy bien el resto del año para actos corporativos y eventos. El grupo facturó 100 millones de euros el año pasado, y alcanzó el millar de empleados.

La nueva generación ya ha repartido roles. Jorge, está más a cargo del márketing, las obras de sus proyectos y la gestión de compras, mientras que Ramón jr. lleva la operativa de las contrataciones, salas y equipos. Ambos combinan horario de oficina, donde coinciden con padre y tío, y tienen energía para seguir de cerca la actividad nocturna de los locales, que en octubre crecerán con la inauguración de Boris. Será su un local para apenas 300 personas en la calle de Borí y Fontestà, donde antaño se ubicó Bacarrá y que llenará el hueco que buscan los treintañeros de la zona alta, con más privados y buen ambiente, prometen. El primero que abanderará el relevo generacional.

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