La historia de la ciudad
El 'Rebombori' de 1789: cuando las mujeres se rebelaron en Barcelona por la subida del precio del pan
Un libro de la historiadora Isabel Segura repasa la revuelta que empezó dos meses antes de la Revolución francesa por la indignación que causaba el coste de un alimento básico
Clotilde, la olvidada hija antiesclavista de Ildefons Cerdà que triunfó como arpista internacional

Pintura anónima que retrata el mercado del Born en la época, a finales del siglo XVIII. / El Periódico

La Revolución francesa cambió el mundo como se conocía entonces. Marcó el final de la monarquía absolutista, del Antiguo Régimen. Empezó el 5 de mayo de 1789, pero este artículo no pretende abordar esa revuelta, si no otra que se inició en Barcelona menos de dos meses antes, el 28 de febrero, a cuenta de una subida del precio del pan, y que tuvo como característica principal que sus protagonistas fueron las mujeres de la capital catalana, lo que fue conocido como el ‘Rebombori del pa’.
Hay publicaciones que han abordado el caso (Enric Moreu-Rey reunió crónicas y Oriol Pi de Cabanyes transcribió otra), pero por primera vez este episodio ha sido relatado en un libro monográfico, obra de la historiadora Isabel Segura, experta en la recuperación de la memoria histórica de las mujeres, que lleva ese título: ‘El Rebombori del pa, Barcelona 1789’ (Ajuntament de Barcelona)
La mala cosecha
Hay que imaginar una Barcelona amurallada, con 95.000 habitantes (solo 70 años antes vivían en la ciudad 35.000 personas). A finales del siglo XVIII, en la capital catalana había problemas de acceso a la vivienda –nada es nuevo en esta vida- y vivir en Barcelona era caro. Era un mundo agrícola en el que las cosechas pobres eran siempre semilla de algo malo, fuera enfermedad, muerte, violencia o todas ellas. La de 1788 fue mala.
El precio del pan subía mucho, explica Segura en su obra. Añade que las autoridades –militares, reales, municipales- no vieron en ese hecho peligro alguno de respuesta por parte de la ciudadanía y se centraron en preparar actos en honor del rey Carlos III, muerto tres meses antes, en diciembre de 1788.

El libro de Isabel Segura. / Ajuntament de Barcelona
Indiferencia y cenotafio
Para tal fin, erigieron un cenotafio, un monumento funerario sufragado por la Reial Junta Particular de Comerç y el Consolat de Barcelona, que basaban gran parte de su estima por el rey fallecido en que permitió el libre comercio directo de barceloneses con América, sin pasar por puertos andaluces. Después tocó centrarse en homenajear al nuevo rey, Carlos IV.
Mientras todo esto sucedía, algunas paradas de venta de pan tenían que cerrar por la dificultad de acceder a la harina, y muchos barceloneses no podían consumirlo. El año empezó con mucho frío y una gran nevada, y el Baró de Maldà reflejó la situación: “S’han pujat los preus dels pans: lo blanc, a quinze diners la lliura, una diner més de l’any passat lo mitjà, a sis sous, i lo moreno a quatre sous i sis (…), no deixant de ser bastant gravós lo preu del pa mitjà i moreno a la pobra gent”. El pan, recalca Segura, era la base de la alimentación de los barceloneses, sobre todo de los que no eran ricos, la mayoría. A la falta de harina se sumó el hecho de que algunos acapararon el pan disponible, un hecho habitual en estas situaciones.
El fuego
El 28 de febrero de 1789, el capitán general de Catalunya, Francisco González de Bassecourt, conde del Asalto, anunció mediante un edicto que el pan subía tres ‘diners’ por cada libra. Hasta poco antes, hasta 1767, era la administración municipal, y no la real, la que regulaba el precio del pan. El cambio liberalizó la actividad, permitió a más gente hacer pan.
Ese 28 de febrero, el pregonero fue anunciando por Barcelona el nuevo precio del pan y a última hora de la tarde llegaron las consecuencias: un grupo de mujeres, entre las cuales Josefa Vilaret, empezaron una protesta y quemaron una barraca de venta de pan en la Boqueria. Después hicieron lo propio con otra de la Baixada de la Presó y se dirigieron hacia la plaza de Sant Agustí profiriendo un grito: “Lo pa, lo pa, lo pa”.
“’Fueron las mugeres’”
Mujeres humildes que llegaron al Pastim de Sant Agustí, el principal lugar en el que se horneaba el pan, cogieron del que ya estaba hecho y quemaron la parada de venta. El fuego prendió en el edificio. Los testimonios de la época indican que los vecinos, lejos de dedicarse a apagar el incendio, se sumaron a la revuelta. Y aquí llega la frase que Segura destaca como subtítulo de su libro y que señala quien prendió la mecha de la revuelta, escrita por el cronista Ramon Cornet, un artesano sombrerero que siguió los hechos desde su balcón: “Y quien empesso toda la bulla fueron las mugeres”.
Ante la situación, el conde del Asalto se refugió en la Ciutadella para salvar el cuello y las tropas salieron a reprimir la protesta. Cinco o seis personas –el Baró de Maldà no está seguro de la cifra aunque se decanta por la segunda- fueron detenidas y al día siguiente los ánimos seguían encendidos: otras paradas de pan fueron pasto del fuego a primera hora. Con el paso de los días las revueltas llegaron a otras localidades, como Vic y Mataró.
La rebaja
Un grupo de los participantes en la protesta exigió en el pla de Palau la puesta en libertad de los arrestados y la bajada del precio del pan. Las autoridades, con el conde del Asalto al frente, lo aceptaron y firmaron un papel que rezaba: “’Lo pa mitjà y moreno se donara al mateix preu que l’any passat’”. Horas más tarde, un grupo de manifestantes exigía una rebaja del precio de la carne, el vino y el aceite. No fue la mejor semana del conde, que entonces ordenó a sus hombres cargar contra la gente, dispersada a golpes de sables que quedaron manchados de sangre.
A la vista de que la tensión no bajaba, anunció entonces que se comprometía a estudiar una bajada del precio de la carne, y, combinando los intentos de caer bien con la represión, el 2 de marzo, prohibió que más de tres personas fueran juntas por la ciudad, a riesgo de recibir 200 azotes y 10 años de cárcel; obligó a ir por la calle con un farolillo a partir de las ocho de la tarde; ordenó a los “forasteros” que abandonaran Barcelona en dos horas, y amenazó con la pena de muerte a quien participara en más protestas.
Las represalias
Que acabara aprobando bajar el precio del aceite y el vino no le salvó el empleo: unas semanas después, el 4 de abril, fue destituido y enviado a Madrid, por no poder controlar la situación y por rebajar las tarifas. El conde de Lacy le sustituyó a principios de marzo como capitán general de Catalunya. Grupos de detenidos, no está claro cuántos, fueron sacados de Barcelona en barcos, desterrados. Seis personas, cinco hombres y una mujer, Josefa Vilaret, fueron condenados a la horca. Murieron ajusticiados el 28 de mayo.
Segura afirma en su libro que tras lo sucedido no se reconoció que un colectivo de mujeres había iniciado un acto político, que las autoridades y las élites económicas las consideraron mujeres que actuaban en solitario. En declaraciones a este diario añade que cree que el ‘Rebombori’ no ha sido muy recordado porque fueron mujeres las que lo protagonizaron.
Perspectiva “androcéntrica”
“La historiografía ha puesto el foco en la guerra, la violencia, la idea de la muerte como motor de la historia, es una perspectiva androcéntrica. Las mujeres del ‘Rebombori’ defendían el derecho a la vida, el derecho a subsistir”, declara. La autora aprecia una línea de continuidad entre esta revuelta y otras: “También la Revolución francesa la iniciaron mujeres”. E insiste: porque fueron historias de mujeres han sido menos difundidas.
- Agentes de paisano controlan el Mercat de Sant Antoni para regular la compraventa ilegal de cromos
- La renuncia de Sony al videojuego físico pone las tiendas especializadas de los Encants y Sant Antoni a un paso del 'vintage
- Catorce municipios del área de Barcelona multan con hasta 750 euros por fumar en la playa
- Terrassa, L'Hospitalet y Sabadell son las tres ciudades de España más demandadas para alquilar, según 'Idealista
- Cuatro kilómetros de retenciones en la ronda Litoral por los cortes de acceso al Port
- Nuevas excavaciones en un yacimiento arqueológico de Martorell permitirán entender mejor cómo era el antiguo núcleo medieval
- Javier García, exempleado del metro de Barcelona con ocho arrollamientos de suicidas: 'Lo normal es que un conductor sufra uno o dos
- Carmen Zapata, 'alcaldesa' de la Noche: 'Barcelona cada vez tendrá más actividad nocturna, pero ahora no necesita más discotecas