Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Movilidad

La batalla perdida de los motoristas que ya no podrán aparcar en los Jardinets de Gràcia

La reforma de la calle enseña el futuro de la ciudad: el consistorio insta a los que protestan a estacionar en otras zonas o contratar un párking privado

Barcelona descarta el peaje urbano y cobrar a las motos por aparcar en la calle

Barcelona, una ciudad con 90.000 motos mal aparcadas

Corredoria, Sáez y Nadal, de izquierda a derecha y en primer término, junto con otros motoristas que protestan por no poder aparcar en el futuro en los Jardinets.

Corredoria, Sáez y Nadal, de izquierda a derecha y en primer término, junto con otros motoristas que protestan por no poder aparcar en el futuro en los Jardinets. / Elisenda Pons

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Toni Sust

Toni Sust

Barcelona
Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

El Ayuntamiento de Barcelona inició el pasado 28 de febrero la reforma de la zona de los Jardinets de Gràcia, que persigue ofrecer más espacio al peatón y al ciclista. Alguien tenía que pagar ese pato, y es el motorista, que tendrá que buscarse otro lugar para aparcar. Es un cambio de concepto anunciado hace tiempo que todavía está lejos de cuajar: los barceloneses que van en moto ya no pueden dar por hecho que podrán aparcar en la calle a dos metros de su punto de destino, sea su trabajo, su casa o el cine.

La reforma afecta a una zona de 2.715 metros cuadrados y una vez completada dejará en el lado Llobregat una plataforma única solo para peatones. Por el lado Besòs, se alargará el carril bici para conectarlo con la calle de Bonavista. Las plazas pintadas para el aparcamiento de moto en superficie desaparecerán y los vehículos de dos ruedas tampoco podrán estacionar, como ahora sucede, en las aceras de ambos lados, aunque en el lado Besós, en principio, quedará alguna plaza posible. Muy pocas. Es un punto de inflexión para cientos de personas. No es una digestión fácil, pero es el menú del futuro.

Las protestas

En Barcelona hay unas 270.000 motos, y 84.000 plazas pintadas para ellas. El resto se reparten entre aceras y aparcamientos, que no son una rareza en el domicilio: a la gente le parece normal buscar un párking para su moto donde reside, y evitar así robos o roturas. Pero mucho más raro es que lo busquen donde trabajan, por ejemplo. Otro dato conocido: el plan de movilidad urbano 2025-2030 se propone bajar de las aceras 40.000 motos en cinco años. En Barcelona se puede aparcar motos en semibatería en aceras de más de seis metros y en paralelo a la vía si miden de tres a seis. Desde el 1 de febrero, se multa a las que lo hagan en aceras de entornos escolares y hopitalarios.

Que el cambio de Jardinets no es fácil de asumir se notó cuando, al iniciarse las obras, aparecieron folletos en la zona de Jardinets denunciando las ‘aviesas’ intenciones del Ayuntamiento de Barcelona. Algunos fueron colocados en las motos aparcadas en Bonavista y otras calles cercanas, como aviso a navegantes: “Atención, usuarios de motos: el Ayuntamiento de Barcelona eliminará 160 plazas de moto en los Jardinets de Gràcia”, y lo hará, proseguía el aviso, “sin ofrecer alternativas de aparcamiento”, indica el papel, que cifra en 115 las que había en el lado Llobregat y en 50 las del lado Besòs. En total, suma la denuncia callejera, son 250 las motos que ya no podrán aparcar en la calle.

Ensayo del futuro

La batalla, empecemos por el final, está perdida. Los motoristas que protestan tendrán que buscarse otro lugar para aparcar. Los Jardinets son ahora una precuela de lo que un día será la película de la ciudad. Porque un día, no sabemos si en 10 años o en 50, las motos tendrán que bajar de las aceras y colocarse en las plazas pintadas en la calzada o en un párking.

Muchos echan mano de argumentos conocidos: si ellos también fueran en coche, todo iría peor. Si van en moto es porque pueden llegar a su punto de destino y estacionar al lado, y así no perder tiempo caminando.

Las obras han causado una aglomeración de motos aparcadas que contrasta con el futuro: apenas quedará alguna en la calle.

Las obras han causado una aglomeración de motos aparcadas que contrasta con el futuro: apenas quedará alguna en la calle. / Elisenda Pons

Derecho al pataleo

Persuadidos de que difícilmente podrán revertir la situación los de la protesta esgrimen lo que Núria Nadal llama “derecho al pataleo”. Ella, María Jesús Corredoira y Jordi Sáez son tres de los motoristas afectados. Trabajan en una oficina en Jardinets y van en moto de su domicilio hasta allí. Siempre han aparcado a unos metros de su trabajo y consideran una injusticia que esa comodidad se extinga.

Cuando empezaron las obras, junto con otras personas, difundieron los folletos de protesta, instando a presentar reclamaciones ante el consistorio, en una cuenta de Instagram creada para tal fin. También lo hicieron en Facebook, pero allí la página fue bloqueada al momento. Cabe destacar que en el contexto actual de provisionalidad, la calle en obras ha vivido un cierto desconcierto: un sinfín de motos se apelotonan en el lado Besòs, algunas días la grúa ha retirado varias de la calzada, otros ha habido más tolerancia.

Los folletos de la batalla

El pasado miércoles, Nadal, Corredoira y Sáez, citados por este diario, expusieron sus quejas. “Primero pensamos que solo era cosa de un mes, porque en esta zona hay muchas filmaciones, y ha sido frecuente que no se pueda aparcar motos durante unos días. Pero alguien me dijo que en adelante ya nunca las podríamos dejar”, explica Núria. “Cuando faltaban dos meses consideramos que teníamos que hacer algo, pedir que el cambio fuera menos drásticos”, afirma Jordi.

Imprimieron 500 folletos, en catalán y castellano. “Alguien los arrancaba”, explica Núria. Y no resulta sorprendente, porque en esta batalla por el espacio público unos son los motoristas, pero también hay un ejército significativo, y diríase que creciente, que defiende las tesis contrarias: que la moto tiene que ceder paso al peatón, a la bici. Voces que denuncian que las motos aparcan mal en muchos casos, como ha constatado el especialista en movilidad de este diario, Carlos Márquez: en 2022 se cifraban en 90.000 los conductores de vehículos de dos ruedas que no cumplían las normas al dejarlas en las calles de la capital catalana.

Uno de los carteles, pegado a una moto aparcada en el entorno de los Jardinets.

Uno de los carteles, pegado a una moto aparcada en el entorno de los Jardinets. / Manu Mitru

Cuando ya no pudieron aparcar ante su despacho, la inquietud les invadió. “El primer día que no sabía dónde aparcaría no pude dormir”, dice María Jesús Corredoira. “Si no vienes muy pronto ya no puedes aparcar la moto”, lamenta Núria. Los tres compañeros tienen horarios distintos, y lo notan. Corredoira llega a las 7.15 y a esa hora encuentra siempre plazas libres en la calzada de Còrsega. Jordi Sáez lo hace a las 9.00. Con dificultad, consigue colocar la moto en la acera de Còrsega con Pau Claris. Núria Nadal deja a su hija cerca del colegio al que va y está en Jardinets a las 8.00 o las 8.05. “A esa hora ya no queda una plaza de las pintadas en la calzada”.

La respuesta del distrito

Cuando presentaron las reclamaciones, el distrito de Gràcia les envió una respuesta, cordial y descorazonadora: “En cuanto a las plazas de aparcamiento de motocicletas afectadas, se recomienda ocupar las reservas existentes en la Diagonal o hacer uso de los aparcamientos subterráneos de proximidad”. Los tres afirman que la opción de Diagonal no es realista, que las plazas pintadas están siempre llenas y que además de no poder dejar la moto tienes que hacer una vuelta de varios minutos para regresar a Jardinets.

No, dice Núria, no está preparada para ir en moto a un sitio y no aparcar allí mismo. Por algo, subraya, no coge el coche en esos casos. ¿El transporte público? “Tendría que salir una hora antes de casa". Por ahora se resisten a buscar plaza en el párking que tienen delante u otros cercanos, que, indican, cobran entre 30 y 40 euros mensuales por aparcar una moto. El tiempo dirá si se resignan a hacerlo a la vista de que parece bastante claro que lo que pase en los Jardinets con las motos acabará pasando en casi toda Barcelona.

Suscríbete para seguir leyendo