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Entrevista

Marc Garcia, impulsor del grafiti legal en Barcelona: "Somos una ciudad controladora a la que gusta poner límites a todo"

El director de Rebobinart lamenta que el proyecto Murs Lliures, que democratizó y sacó el grafiti de la ilegalidad, pierda fuerza en una urbe, se queja, en la que es demasiado fácil pintar una iglesia o un tren

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Marc Garcia, en uno de los muros que forman parte del proyecto Murs Lliures, el pasado viernes

Marc Garcia, en uno de los muros que forman parte del proyecto Murs Lliures, el pasado viernes / Jordi Otix

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Carlos Márquez Daniel

Carlos Márquez Daniel

Barcelona
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Creó Reboninart en 2012 y se adentró en un mundo muy celoso de su clandestinidad. El grafiti en Barcelona era sinónimo de rebeldía, de ilegalidad, de oposición al sistema. Pero con el proyecto Murs Lliures se abrió una ventana, con paredes en las que sí estaba permitido el mural bajo el auspicio del ayuntamiento. Se reservaba día y hora y la obra se podía compartir, si así lo deseaba el artista, en la web de Wallspot.

Pero todo empezó mucho antes, con una petición de aumento de sueldo.

¿Así que su hermano Pau le pidió más dinero...?

Trabajaba conmigo en la agencia de publicidad y me dijo que necesitaba un aumento para poder pagar las multas por los grafitis que hacía en la ciudad. Le dije que ni hablar, que lo que haría es legalizar el grafiti.

¿Usted también pintaba?

Solo he hecho dos grafitis en mi vida. El primero, en Eslovenia, durante el Erasmus de mi hermano, en un tren. Me dijo que pintara más para allá para que no le jodiera el suyo. El segundo, en un muro ya legalizado de Barcelona.

Marc Garcia, director de Rebobinart, en uno de los muros legales, situado junto a las Glòries

Marc Garcia, director de Rebobinart, en uno de los muros legales, situado junto a las Glòries / Jordi Otix

¿Y cómo pasamos de la publicidad a los murales?

Montamos un proyecto para pintar persianas de comercios, pero la ordenanza no lo permitía. Entonces estaba Jordi Hereu de alcalde, y los de Paisaje Urbano nos dijeron que jamás cederían muros para el arte urbano. De hecho, aunque teníamos permisos de las tiendas, la Urbana nos seguía multando.

"Trias nos dijo: Si soy alcalde intentaré que podáis hablar con todo el mundo para convencerles del proyecto. Pero si salía de esos espacios, os perseguiré y os multaré".

Y entonces apareció Xavier Trias.

Fue meses antes de las elecciones de mayo de 2011. Abrieron una web que se llamaba 'Trias respon' y escribí explicando el proyecto de Murs Lliures. Ese mismo día me llamó Albert Ortas, que después sería director de gabinete del alcalde, y quedamos en vernos. En una segunda reunión ya vinieron miembros de su candidatura, como Antoni Vives (sería concejal de Urbanismo) o Jordi Ciurana (Cultura). Pero yo no era grafitero y Trias quería escuchar a los protagonistas.

¿Hubo un encuentro Trias-grafiteros?

Sí, en un bar de Gràcia, en la calle de Mozart, con 10 grafiteros. Era el bar de un amigo, bastante cutre. La gente fumaba porros, bebía. Y entraron dos personas con traje. Eran Trias y Ortas. Trias les dijo: "Si soy alcalde intentaré que podáis hablar con todo el mundo para convencerles del proyecto. Pero si salís de esos espacios, os perseguiré y os multaré".

Ambiente grafitero en los muros de las Tres Xemeneies, en febrero de 2021

Ambiente grafitero en los muros de las Tres Xemeneies, en febrero de 2021 / Manu Mitru

¿Y cómo le dieron forma a la idea?

Creamos la asociación Rebobinart en enero de 2012 junto al sociólogo Roger Pous, que había hecho una tesis sobre el grafiti. Él fue quien redactó las bases sobre cómo crear Murs Lliures.

O sea, la izquierda les dijo que no y la derecha (aunque Trias siempre se ha definido como socialdemócrata) les dijo que sí. ¿Es así?

Pues más o menos. Pero yo no veía ni izquierda ni derecha, me daba igual. No soy ni de uno ni de otros, yo tenía un objetivo y sabía que necesitaba a los políticos, fuera quien fuera. CiU ganó las elecciones y al día siguiente llamé a Ortas. Quedamos en vernos después del verano.

"Nuestro proyecto no gustó a muchos grafiteros. Me han amenazado, me han pintado el local, me han llamado traidor; y en una ocasión tuve una pelea"

Bienvenido a la burocracia.

Sí... Nos vimos con técnicos de urbanismo, paisaje urbano, cultura, limpieza, Guardia Urbana, algunos distritos... Tardamos un año en estrenar el primer muro, en las Tres Xemeneies del Paral·lel. Era el 28 de octubre de 2012.

¿Se generó muchos enemigos?

Me han amenazado, me han pintado el local y en una ocasión tuve una pelea. Aquello no gustó nada a mucha gente que no entendió que fuéramos de la mano de Administración. Nos veían como unos traidores, como gente que solo quería ganar dinero con un arte urbano que sí o sí, a su modo de ver, tenía que ser ilegal. El nombre de Rebobinart, de hecho, sale de un blog en el que me decían de todo. Aseguraban que mi padre era Trias, me ponían a parir. Y decían que yo debía de ser el típico que devolvía las cintas VHS rebobinadas. De pequeño ya sufrí 'bullying' y ya entonces me lo tomaba como un reto. Sigo igual.

Grafitis, una obra siempre efímera, y al fondo, la Sagrada Família, en eterna construcción

Grafitis, una obra siempre efímera, y al fondo, la Sagrada Família, en eterna construcción / Jordi Otix

¿Pero entiende las críticas?

Por supuesto. Muchas no solo las entiendo, sino que son válidas. A nadie le gusta que le quiten la silla o le cambien las normas de juego. 

¿Y ha ganado mucho dinero con esto?

En los 12 años de Murs Lliures, Rebobinart debe haber recibido entre 40.000 y 50.000 euros en subvenciones directas, al margen de los eventos que hemos organizado vinculados con el arte urbano. Solo crear la web costó 30.000 euros. Así que no, no me he hecho rico. Durante años tuve que hacer otros trabajos: captar clientes en el DIR, técnico en conferencias, videos y fotos para bodas...; lo que fuera, no se me han caído nunca los anillos.

"Entraron ilustradores, gente que pintaba cuadros, publicistas… Muchos que no se atrevían con lo ilegal se animaron a dibujar paredes"

¿Pero sí han salido otros proyectos gracias a Murs Lliures, no?

Sí, empresas públicas y privadas nos han venido a buscar. Hemos pintado cuatro estaciones de tranvía, una de Rodalies, hemos hecho cosas para Aigües de Barcelona o la constructora Livensa Living. Nos hemos convertido en una productora. Y no solo es pintar, también están los permisos, la seguridad, los plazos...

¿Murs Lliures ha cambiado el perfil del grafitero de Barcelona?

Sin duda. Entraron ilustradores, gente que pintaba cuadros, publicistas… Muchos que no se atrevían con lo ilegal se animaron a pintar. Y también muchas mujeres.

Uno de los murales del parque de las Tres Xemeneis, obra de Millo

Uno de los murales del parque de las Tres Xemeneies, obra de Millo / El Periódico

¿Había pocas grafiteras?

Es un sector muy masculinizado. Poder hacer murales legales sacó a muchas mujeres, ya que Murs Lliures les ofrecía un espacio seguro para poder pintar y compartir su arte urbano. Iban en grupo, nos preguntaban si había más para conocerse. Se ha creado una nueva familia. Y hemos roto la relación obligada entre arte urbano y venir de la calle. Ahora puede ser gente que provenga de otras disciplinas.

Vayamos al mundo ilegal. ¿Cómo funciona?

Son tres conceptos: calidad, cantidad y cojones. Es un lenguaje entre ellos y no intentan comunicarse con el resto de ciudadanos. Es un juego entre grafiteros y no van contra la ciudad. El reto es pintar donde nadie ha llegado.

¿Y qué valor tiene pintar una iglesia o un monumento? 

Esa es la parte de los cojones. Antes había una norma no escrita: no pintar iglesias ni coches particulares. Se ha roto. No hay que entenderlo, es lo que hay.

"El grafiti ilegal es una suma de tres conceptos: calidad, cantidad y cojones"

¿Y esos "cojones" no tienen límite?

Pues igual no... Y además las sanciones son una broma. 

¿Se es demasiado laxo con los grafiteros?

Sin duda. Y además es muy difícil que te pillen. También hay que tener en cuenta que las redes sociales han multiplicado el efecto escaparate. Te pueden ver incluso en directo mientras pintas un tren.

Los treneros...

Sí, pero igual Renfe también podría mejorar la red o la seguridad. Y también la Urbana podría poner más medios. Señalamos al grafitero y no a las personas responsables de que esto no pase. Es demasiado fácil pintar un tren.

Volvamos a la política. En 2015 llega Ada Colau. ¿Todo bien?

Bueno, el Festival Ús Barcelona de arte urbano, que organizamos entre 2014 y 2018, pasó de 80.000 a 3.000 euros de subvención. Pero lo hicimos igualmente, gracias al apoyo de empresas privadas. Cuando entra un partido nuevo tiende a eliminar lo que ha hecho el anterior. Pero nos siguieron dando el permiso, así que no nos mataron del todo. Hasta que se hizo insostenible.

Marc Garcia, el pasado jueves, en las Glòries, junto a las vías del Trambesòs

Marc Garcia, el pasado jueves, en las Glòries, junto a las vías del Trambesòs / Jordi Otix

¿Cuándo empieza a intuir que le dejarán de lado?

Cuando veo que el Ayuntamiento no defiende el proyecto de Murs Lliures y pone a otras entidades al mismo nivel que la que había estado 12 años sacando adelante, casi gratis, el trabajo. 

Bueno, tenían las subvenciones, y también una base de datos con 30.000 artistas.

Sí, pero de todos ellos, no más de 15 han acabo realizando algún proyecto de Rebobinart. La falta de dinero para la cultura es más que evidente. Y si le añades que no se invierte en tecnología aplicada a la cultura, la cosa ya empeora mucho más. La cultura no genera dinero suficiente como para tener buenos programadores, a no ser que la privatices. 

¿Barcelona se toma en serio la cultura y el arte urbano?

Se toma en serio la cultura que controla el propio ayuntamiento, dirigida y consensuada con el ayuntamiento. La alternativa, lo más experimental y las nuevas tendencias apenas tienen salida.

Lo que sí hay en Barcelona es un cierto turismo de grafiti ilegal, como pasó en su día con los 'skaters'. 

Tenemos parte de la culpa, lo admito. Y además aquí está la sede de Montana, una empresa pionera de espray, con un producto que aquí les sale mucho más barato que en su país.

"Barcelona solo se toma en serio la cultura que controla el propio ayuntamiento, dirigida y consensuada con el ayuntamiento"

Entonces, ¿Murs Lliures ha promocionado el grafiti ilegal? 

Puede ser. No tenemos los datos para afirmarlo o negarlo. Es una suma de factores. Multas bajas, poca persecución, muros abiertos, pintura barata. Quizás fue un poco ingenuo pensar que vendrían solo a pintar paredes legales. Como si los 'skateboarders' solo vinieran a los 'skate parks'.

¿Cuándo le dijeron que Rebobinart dejaba de gestionar Murs Lliures?

Fue un proceso que se veía venir. Los técnicos me reconocían el trabajo pero me dijeron que querían algo más abierto y gestionado por ellos. Ahora es una web con un mapa que indica dónde están los muros, como si fueran pipicans. 

Otro de los dibujos efímeros de Barcelona

Otro de los dibujos efímeros de Barcelona / El Periódico

Resulta curioso que empezara con Trias y que terminara con Colau.

Igual nos falta un sociólogo (ríe). Pero sí. Quizás la izquierda prefiere autoproducir las cosas populares, mientras que la derecha está más cómoda con la colaboración público-privada. Pero creo que el control excesivo sobre la cultura hace que se acomode y que no evolucione. Pero es igual, vendrán nuevas ideas.

¿Somos una ciudad conservadora?

Somos una ciudad controladora, de la norma, y nos encanta poner límites a todo. Todo esto choca con la libertad de expresión. Creo que antes nos reíamos más de nosotros mismos. Y el arte está para emocionar, para bien o para mal. Lo estamos convirtiendo todo en un símbolo, pero el arte callejero no busca ser una bandera; busca conmover. La reacción pública no puede ser la sanción.

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