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Hábitos sociales

La movilidad en la gran Barcelona: más gente andando, menos coche y cierto ralentí en el uso del transporte público

La encuesta de movilidad en día laborable refleja una apuesta creciente por los desplazamientos activos (a pie o en bici) mientras que el bus, el metro o el tren no terminan de despegar y el vehículo privado va perdiendo terreno

El coche ya supone menos del 20% del total de desplazamientos en Barcelona

El coche ha perdido en Barcelona la mitad de las plazas de aparcamiento en la calle en los últimos 20 años

Peatones en Passeig de Gràcia este mes.

Peatones en Passeig de Gràcia este mes. / Marc Asensio

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Carlos Márquez Daniel

Carlos Márquez Daniel

Barcelona
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La encuesta de movilidad en día laborable es, quizás, una de las mejores radiografías sociales de Barcelona y su entorno, una gran región en la que viven más de cinco millones de personas y que abarca desde el Anoia y el Garraf hasta el Berguedà, Osona, el Vallès Oriental y el Maresme. La de 2023, apenas sin poso del covid, dibuja una realidad de mucha movilidad activa y menos uso del coche, pero con el transporte público algo atascado, a pesar de que dentro de la capital catalana, el metro bate récords de validaciones. Caminamos como nunca y recurrimos menos que antes de la pandemia al vehículo privado, pero la movilidad compartida sigue sin despegar. Pero eso sí: dos de cada tres desplazamientos se realizan de manera sostenible.

Tren de Rodalies en la estación de Sants. | MANU MITRU

Tren de Rodalies, en la estación de Sants / Manu Mitru

Que se ha vuelto a la normalidad, o a otra normalidad, lo demuestra el hecho de que en 2023 se realizaron ya más desplazamientos que en 2019, superando los 20 millones de movimientos (récord histórico), con una peculiaridad que merecería un aparte: la principal razón ya es mucho más personal (compras, visitas, gestiones, ocio...) que ocupacional (trabajo y estudios). Es probable que el teletrabajo tenga mucho que ver. O las ganas de salir de casa tras las estrecheces pandémicas.

El caso es que la movilidad activa (a pie, en bici o patinete) supone el 51,1% de los desplazamientos, 4,4 puntos más que antes del covid. El coche y la moto, en cambio, siguen bajando su cuota y ya suponen solo el 32,5% (datos relativos siempre a esa enorme zona geográfica gestionada por la Autoritat del Transport Metropolità), mientras que el transporte público se conforma con un 16,4% del total. Cuatro años antes marcaba un 17,2%. Si se observan las cifras globales, el número de usos del transporte público es incluso algo superior al de 2019. Pero en el cómputo global, el porcentaje cae, es decir, que hay otras alternativas que seducen más.

Buses interurbanos en la 'Estació del Nord' y Barcelona

Buses interurbanos en la estación del Nord, en Barcelona / Ricard Cugat

Ya no es cierto que nos movamos menos (son 4,1 desplazamientos diarios, la cifra más alta de los últimos 12 años) y tampoco tienen sentido hablar de desconfianza sanitaria en el metro, el bus, el tranvía o el tren. La explicación de que tengan menos cuota tiene una parte buena y una mala. La positiva es que muchos de esos viajeros van ahora caminando o en bicicleta. La negativa, que el sistema público de transporte necesita usuarios, y por ende, ingresos en validaciones, para poder seguir siendo sostenible económicamente. Que no lo es, pero lo deseable es que, en la medida de lo posible, el usuario siga sufragando como mínimo la mitad del coste real de su billete. Un abono, por cierto, que mantiene las bonificaciones, tensando la viabilidad de los operadores y de la propia ATM.

El oasis de la capital

La observación puede hacerse también a nivel de Región Metropolitana de Barcelona, de menor alcance que el ámbito global de la ATM pero con 164 municipios implicados, y la tendencia es muy similar. Movilidad activa, 52,1%; transporte público, 17,6%, y vehículo privado, 30,3%. Bus, metro y demás movilidad compartida copaba en 2015 el 18,38%, y en 2019 era el 18,59% del total. Con cifras absolutas similares o incluso inferiores, pero sin despegar ni lograr arañar el espacio creciente de los que van andando o a pie. También el coche cae, pues en 2015 marcaba un 32,45% y cuatro años más tarde, un 33,91%. Hay un dato que resume bien la situación: respecto a 2019, en 2023 se registraron 1,3 millones más de desplazamientos en bici o andando, mientras que bus, metro y similares se quedaron en números idénticos.

Las cifras de Barcelona de la encuesta que realiza el Institut Metròpoli todavía no se han concretado, pero según los últimos datos del ayuntamiento, el global de desplazamientos internos y externos en vehículo privado ha bajado por primera vez en décadas del 20% (el transporte público escala hasta el 34,2%). Esa diferencia de la capital catalana respecto a su entorno alumbra la conclusión de siempre, esto es, la gran ciudad tiene una buena oferta de transporte público, pero conforme uno se aleja del ámbito de las rondas, las alternativas de movilidad compartida se van diluyendo. Y, por lo tanto, pierden poder de seducción.

¿Y las bonificaciones?

Así las cosas, da la sensación de que la política de bonificaciones del transporte público no ha generado un gran efecto llamada. El ministro de Transportes, Óscar Puente, ya abrió la puerta a retirar las ayudas "en un horizonte no muy lejano". Puede que al eliminar la subvención la cosa se quede igual, pero puede producirse un cierto tránsito hacia la movilidad activa; cosa buena. Aunque también puede repuntar el uso del coche; cosa mala.

Si se observa por género, tal y como ya explicó este diario en enero tomando como base datos municipales de Barcelona, las mujeres se mueven de manera mucho más sostenible. En el ámbito ATM, ellas se desplazan mucho más a pie (52,3% frente a 45,3% de ellos) y en transporte público (19,7% frente a 13%). Mientras que los hombres apuestan mucho más por el vehículo privado, con un 38,4%f frente a un 26,7% de lsa féminas. Así las cosas, las mujeres son las hacedoras de ciudades menos congestionadas y contaminadas.