Conde del Asalto

Los coches vuelan en Montjuïc, el circuito "precioso y peligroso" de Barcelona

De la exhibición de Passeig de Gràcia a la Fórmula 1 en la montaña mágica

Montjuïc estaba lleno hasta la bandera cuando acogía carreras de coches en los años 60, 70 y 80

Montjuïc estaba lleno hasta la bandera cuando acogía carreras de coches en los años 60, 70 y 80 / EPC

Miqui Otero

Miqui Otero

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Todo va sobre ruedas y yo voy en taxi cuando el conductor dice: “Ya podrían haberse llevado los cochecitos a Montjuïc”. Se refiere a la exhibición de la Fórmula 1 de esta semana en el paseo de Gràcia y el caso es que sería una buena idea. “Toda la razón”, contesto, y farfullo algo sobre que este tipo de eventos sirven para que los grandes comercios salgan en las fotos. No quiero meterme a contar otra cosa, porque el taxi casi llega a destino. Pero la cuestión es que el 27 de abril de 1975 la montaña expulsó a los coches de carreras tras mucho tiempo de romance con ellos.

Los de mi generación no llegamos a verlo. De hecho, en mi biografía la relación del motor con nuestra montaña mágica es menos espectacular: donde antaño volaban bólidos supersónicos, es donde nosotros hacíamos a 25 kilómetros por hora las prácticas para sacarnos el carné, y donde Fittipaldi había acelerado era donde yo calaba el coche.

Aun así, antes había pillado la última de esas carreras de 24 horas organizadas por las peñas moteras de la ciudad. Un primo mayor competía con su Vespa y pasamos aquel día de 1986 de pícnic y disfrutando del gas. Recuerdo cómo la carrera se iniciaba con los pilotos cruzando la carretera al galope para montarse en la moto y también como mi primo, cuando quería saludarnos en una curva, hacía un doble gesto con la espalda. El primo de la moto era el rey.

"Donde antaño volaban bólidos supersónicos, nosotros hacíamos a 25 km/hora las prácticas para sacarnos el carné"

Sin embargo, muy especialmente entre 1969 y 1975, Montjuïc (y lo recoge más de una novela barcelonesa ambientada en esa época) acogió cosas como el Gran Premio de España de Fórmula 1, donde corrían los mejores pilotos internacionales. Era un circuito urbano, de trazado natural, con la vista en 360 grados de la ciudad, donde las curvas tenían nombres evocadores como Miramar, Teatro Griego o Fuente Mágica.

Un circuito "precioso y peligroso"

Tenía fama de femme fatale de cine negro, porque todo el mundo decía que era un circuito “precioso y peligroso”. Era como un casete adolescente, de esos con canciones con ritmo en la cara a y baladas en la B, porque era lento y enrevesado en el primer tramo, y endiabladamente rápido en el segundo. Antes los autos y motos habían corrido en Pedralbes y luego lo harían en Montmeló, de la posguerra a las Olimpiadas. Pero este, el de Montjuic, fue el circuito “precioso y peligroso”.

Montjuïc estaba lleno hasta la bandera cuando acogía carreras de coches en los años 60, 70 y 80

Montjuïc acogía carreras de coches con vertiginosas curvas / EPC

Hasta ese 27 de abril de 1975. Aquel campeonato ya despertó con polémica, porque los guardarraíles eran como de Bruguera. Fittipaldi se negó a correr, y muchos lo hicieron a desgana. Hasta que un fallo mecánico provocó que el alerón de un coche se desprendiera y matara a cinco personas y cerrara ese circuito para siempre. Era más peligroso que precioso, claro. No estaba preparado para la evolución tecnológica de unos coches, y unos tiempos, cada vez más rápidos. Mejor circuitos donde el público no estuviera tan cerca, menos naturales, menos preciosos y menos peligrosos. Otro tipo de circuito, otro tipo de ciudad.

No puedo evitar pensar en que, después de defender una ciudad con menos coches, esta fiesta del mundo del motor es algo paradójica, como una visita a la fábrica de Bimbo en una campaña alimentaria en los coles o como celebrar una convención de la Asociación Nacional del Rifle en una favela recién pacificada. Pese a mi nostalgia por lo no vivido, la exhibición del motor en el centro me parece algo del pasado. Entonces caigo en un detalle del circuito de Montjuïc: los coches corrían en sentido opuesto al de las agujas del reloj.

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