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Collboni cumple un año como alcalde de Barcelona: ‘Pla Endreça’, presupuestos y el gobierno con la minoría más reducida

El alcalde ha centrado su mensaje en el orden, la limpieza y el civismo y ha eludido pactar con Trias y Colau, en tanto que confiaba en incorporar a ERC a su gobierno esta semana

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Jaume Collboni recibe la vara municipal como nuevo alcalde de Barcelona, el 17 de junio de 2023

Jaume Collboni recibe la vara municipal como nuevo alcalde de Barcelona, el 17 de junio de 2023 / Manu Mitru

Toni Sust

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Se cumple un año este lunes del pleno de investidura en el que Jaume Collboni fue investido como alcalde de Barcelona. La sesión del 17 de junio de 2023 fue agitada: Xavier Trias contaba con ser el elegido y abrir así una segunda etapa al frente de la ciudad.

Pero en un giro que se conoció una hora antes de la votación, Collboni acabó recibiendo el apoyo del PP y  de Barcelona en Comú. Ese día se convirtió en el segundo alcalde de la ciudad que lograba serlo sin ganar las elecciones, después de Colau en 2019, cuando Manuel Valls le permitió reeditar el cargo.

Orden, limpieza, civismo

El nuevo alcalde se encargó de dejar claro en seguida su mensaje principal: el orden, la limpieza y el civismo tenían que ser la norma. Acuñó el ‘Pla Endreça’, con el que prometió más limpieza, más vigilancia policial del espacio público, más combate del incivismo. Todo este paquete tenía una segunda derivada evidente: que con él como alcalde no habría desorden, es decir, la idea de que antes, con Colau, sí lo había en cierto modo.

Una parte de la nueva era de Collboni está marcada por el hecho de que Colau dejara de ser alcaldesa. Los llamados sectores económicos que chocaron con los Comuns de 2015 a 2023, recibieron al nuevo alcalde socialista como agua de mayo. Destacan en el gobierno municipal que a eso, a que se acabara el enfrentamiento entre empresas y patronales y Colau, sus políticas y concejales, se unió la bajada de presión que generó durante años el ‘Procés’, y subrayan que ambos elementos juntos deben proporcionar años de estabilidad provechosa a la capital catalana.

Esa aproximación a los sectores económicos ha suscitado acusaciones al alcalde de un alejamiento de las políticas de izquierda, al igual que lo han hecho las dificultades para el empadronamiento sin domicilio y episodios como el del desfile de Louis Vuitton en el Park Güell, que suscitó protestas de los vecinos del espacio, en el contexto del idilio del gobierno local con la Copa América. Por otra parte, Arrels denunció esta semana que el ‘Pla Endreça’ hace la vida más difícil a los sin techo, lo que el consistorio negó.

Sant Antoni, los ejes verdes, la Rambla

En el frente del espacio público, Collboni anunció un plan de mantenimiento de 435 millones para el mandato. Ha apostado por pavimentaciones y una atención intensiva con el declarado objetivo de que las calles se vean cuidadas. El socialista matizó algunas de las políticas de la que era su socia, aunque también asumió alguna como propia, como la reforma de Sant Antoni, que había prometido revertir y dejó como estaba planificada. Pero ese caso fue más bien aislado. El gobierno advirtió de que los ejes verdes como los querían los Comuns no se reeditarían, y les atribuyeron defectos de construcción y un mantenimiento 10 veces más caro que el de cualquier otra calle.

Sí se han mantenido algunas como la de la ‘superilla’ de Sant Antoni –evitando llamarla ‘superilla’- es porque la doctrina actual indica que si una pacificación ha demostrado que es usada por la gente, no será borrada, pero sí modificada. En el frente de las obras, destaca el nuevo plan de las obras de la Rambla, que ha reducido su duración de 72 meses a 32, para acabarlas en este mandato.

Los socios

Collboni se propuso ampliar su gobierno sin prisas. Advirtió a la oposición de que primero quería lograr apoyos para aprobar los presupuestos. Como socios posibles, tenía, por un lado a Trias. Con un programa general muy similar al del PSC, ofrecía a Collboni sumar los 21 concejales que otorgan la mayoría absoluta.

Un matiz quizá irrelevante: el teórico socio menor tendría un concejal más que el grupo del alcalde. Un problema mayor: Trias había advertido de que se iría tras pactar, lo que llevó a temer al PSC quedar a expensas de la dirección de Junts, es decir, de Carles Puigdemont, y afrontar así una inestabilidad potencial. Y descartó el pacto con los convergentes, pese a que fue con ellos pactó la tramitación de la ordenanza de terrazas, quizá el pacto más relevante cerrado con la oposición.

Colau no se va

La otra alianza que le hubiera dado la mayoría absoluta era con ERC y Barcelona en Comú, con quien el PSC sumaría 24 ediles. Pero pese que nadie lo ha dicho en voz alta, en ese caso el problema es que Collboni y el PSC no querían a la exalcaldesa como teniente de alcalde en el gobierno. Si se hubiera ido, dicen algunos socialistas. Pero ahí sigue.

Entonces, apareció ERC como opción. Ernest Maragall, que tiene una relación tirando a pésima con Collboni, y que había cerrado con Trias un pacto de gobierno que la investidura frustró, se fue a su casa, y el PSC abrió una negociación con su sustituta, Elisenda Alamany, que esta semana iba a culminar en la entrada de los cinco concejales republicanos en el gobierno local. Pero los republicanos tienen sus propios problemas, en forma de malos resultados internos, división sobre la relación con los socialistas y exceso de aforo en locales.

El presupuesto y la gran transformación

ERC fue el único grupo que votó a favor de los presupuestos, lo que resultó insuficiente: el gobierno los aprobó mediante una cuestión de confianza, un mecanismo previsto para alcaldes en minoría, y dispone así de unas cuentas de 3.800 millones para 2024. El alcalde y sus concejales lo subrayan: gracias a ese mecanismo, el ayuntamiento es la única gran institución con nuevas cuentas en 2024, a diferencia del Gobierno central y el catalán.

Además, Collboni hace gala de las grandes inversiones que la ciudad recibirá en los próximos años. En febrero, afirmó que Barcelona vivirá los próximos 12 años “la transformación del siglo” gracias a las inversiones previstas hasta 2035 por el ayuntamiento, la Generalitat y el Estado, que en total cifró en más de 10.600 millones de euros.

Ahora, a la espera de que ERC decida si entra en su gobierno, Collboni cumple su primer año con presupuestos pero sin socio. Superados estos 12 meses, dicen en el gobierno local, nada impedirá al alcalde, al que se le ve muy contento de ocupar el cargo, seguir en solitario si no hay más remedio. 

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