Barceloneando

El viajero de Barcelona que 'ha muerto' en 35 países

Se hace selfies como si acabara de ver tirar penaltis a la selección: se queda muerto. Hace 15 años que Enric Godes estira la pata por el mundo con fondo de postal. ‘Travel kills me’, se llama su proyecto. No es el único. Hacerse el muerto es tendencia mundial

El viajero de Barcelona que ha muerto en 35 países. / Carlos de Diego

5
Se lee en minutos
Ana Sánchez
Ana Sánchez

Periodista

Especialista en Barcelona. Busca historias increíbles y coordina las páginas de ocio de ‘On Barcelona’.

ver +

No sabrías decir si se está haciendo un selfie o acaba de ver una tanda de penaltis de la selección española: se queda muerto en un clic. Ya se tira por los suelos con más soltura que un extra de ‘CSI’. Hace 15 años que este barcelonés estira la pata por el mundo con fondo de postal. El suyo parece el Instagram de ‘Este muerto está muy vivo’. “Soy un cadáver que envejece”, resume él. Ha muerto ante las cámaras en los cinco continentes. 35 países. Desde la Acrópolis de Grecia hasta la pirámide de Chichen Itzá. Más de 250 lugares icónicos en total. No hay duda de que ha pasado a mejor vida. 

Enric Godes se hace el muerto frente a la pirámide de Chichén Itzá (México).

/

“Siento cargarte con este muerto”, se disculpa al presentarse. “Enric Godes Muerto”, lo guardas en tus contactos. El mayor de sus dos hijos ya se hace el fiambre con soltura. 51 años. Es ingeniero informático, socio de una agencia de diseño y un obseso de las listas. Ha remontado el árbol genealógico de su familia hasta el año 1200. “Tengo muchas obsesiones”, se encoge él de hombros. Eso quiere decir que lo mismo hace un Ironman que arregla un Porsche 911 del 88. 

Plaza de Tiananmén (Pekín, China). 

/

‘Travel kills me’, se llama el proyecto. “Viajar me mata”. Turismo compulsivo con formato de novela negra. “Es algo que es muy icónico –explica su protagonista-, que lo has visto representado muchas veces”. El Cristo Redentor de Río, la Torre Eiffel, el Muro de las Lamentaciones. “Y de repente hay algo disruptivo ahí”. ¿Pero qué le pasa a ese hombre?

Biet Giyorgis (Lalibela, Etiopía).

/

Él ya está acostumbrado a que le miren con la boca más abierta que al leer las columnas deportivas de Rajoy. “La gente que viaja conmigo me odia –se ríe-. Les hago partícipes de mi obsesión”. 

Óbidos (Portugal).

/

Todo empezó como un chiste allá por 2007. Enric estaba con su socio en Nueva York y un día, caminando por Central Park, su socio le dijo: “Hazte una foto tirado en el suelo”. “Ostras –pensó Enric- es una idea buenísima”. Colgó un par de fotos en Facebook, a sus amigos les hizo gracia, y se empezó a tirar por los suelos en cada viaje. Ya acumula unas 300 fotos (tiene 40 por publicar). Las cuelga en Facebook, Instagram, hasta tiene un mapa marcado con calaveras en su web. “Ahora ya no lo puedo parar”, confiesa. El proyecto une su pasión por viajar, dice, y su necesidad de acabar todo lo que empieza.  

Ha mordido el polvo en todos sus formatos: tierra, asfalto, hielo, playas con palmeras… “Lluvia también, sí, sí. Al final… es lo de menos –se quita importancia-. Es igual si te manchas un poco”. Eso es quedarse corto. En Marruecos posó por los suelos entre serpientes. 

Entre serpientes en Jemaa el-Fna (Marrakech).

/

No es el único. Hacerse el muerto por el mundo se ha convertido en una tendencia mundial. La artista Stephanie Leigh Rose ya tiene hasta ‘merchandising’ con su pose cadavérica boca abajo y melena inerte a lo niña de ‘The Ring’. Hace pocos meses estuvo por los suelos en la plaza Reial. 

Es @stefdies en Instagram (más de 91.000 seguidores). Se hizo viral en 2019. Lo suyo tiene poso de ‘performance’: ella creó el “movimiento antiselfie”. Sus fotos, resume en su web, son “una reacción a la cultura del selfie” y “un recordatorio para que vivamos para algo más que conseguir esa foto perfecta”. “Su acercamiento es mucho más artístico”, asiente Enric. En ambos casos, a estas alturas ya hay hordas de turistas que los imitan a ambos. 

Enric, por los suelos del parque Merlion (Singapur).

/

¿Por qué se hace él el muerto? “Porque me parecía muy aburrido hacerme la misma foto de la ópera de Sídney. Hay ese punto disruptivo. Buscar un acercamiento distinto”. ¿Su objetivo? Llamar la atención, sí. “Pero también comunicar –responde-. Explicar sitios interesantes”. Es un proyecto con “componente didáctico”. Cada imagen incluye texto informativo y galería de fotos sin fiambre. “Pero no es más que una foto de viaje –dice Enric-. Cuando acabas la foto, continúa mi viaje”.   

Con la Ópera de Sídney al fondo, en Australia.

/

Él tampoco es el primero que expande por las redes postales insólitas de viajes. Desde el fenómeno de Dancing Matt, hace una década, que se hizo viral bailando por el mundo (wherethehellismatt) hasta el movimiento ‘Follow Me To, que inventó aquella pareja que se paseaban por el mundo cogidos de la mano. “Yo creo que al final es por agotamiento –justifica Enric-. Por buscar algo que sea distinto”.  

Noticias relacionadas

Enric debe de ser la persona a la que más le preguntan qué le pasa. “Depende del país –cuenta-. En Asia preguntan mucho. En Sudamérica, menos. A veces me echan la bronca”. En Japón, en el multitudinario paso de peatones de Shibuyapor ejemplo, le hicieron la foto desde un hotel, así que él se hizo el muerto sin ninguna cámara a la vista. “Estuve 4 o 5 segundos en el suelo y tenía ya a 6 personas preguntándome qué me pasaba”, recuerda. “Hice lo mismo en Bogotá y pasaban de mí”. Apenas le habrán preguntado 15 veces de las 250 que se ha hecho el fiambre. “Mucha gente ya ve que me estoy haciendo una foto –los excusa-. Aún hay esperanza en la sociedad”, se ríe. 

Dubrovnik (Croacia).

/

Parque de Joan Miró. Enric da vueltas -móvil en mano- a la escultura con laguito de ‘Dona i ocell’. No suele hacerse fotos en Barcelona, pero le has dicho que te mueres por hacerte un selfie con él. Se toma su tiempo. “El clic dura un minuto -te advierte-. La preparación de la foto puede ser de 10, 20 minutos, una hora, un día”. Vuelve a consultar la Wikipedia, revisa todos los posibles ángulos. Se va imaginando dónde puede dejar un par de fiambres. De golpe suelta una risita enigmática a lo asesino en serie: “¿Quizá meter la cabeza dentro del agua?”. Te quedas pálida. Eso va bien para la foto. Al final esquivas el agua, te tumbas boca abajo, un brazo colgando, las gafas a la virulé, clic, clic, clic. Sí, sonríes en plan “pa-ta-ta” sin querer. Aún quedan 4 o 5 horas de posproducción: retoque y documentación. “Son fotografías de viajes –Enric se encoge de hombros-. No son fotografías de muerte”.

Con ‘Dona i ocell’ de fondo, en el parque de Joan Miró (Barcelona).

/