Fiestas lúdicas

Así son las pistas de 'hielo sintético' por las que apuesta Barcelona esta Navidad

La pista de patinaje de los jardines de Can Xiringoi, en Nou Barris, durante la Navidad de 2021

La pista de patinaje de los jardines de Can Xiringoi, en Nou Barris, durante la Navidad de 2021 / Álvaro Monge

  • La ciudad tendrá cinco pistas de patinaje este invierno, dos de ellas bajo gestión pública

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Carlos Márquez Daniel
Carlos Márquez Daniel

Periodista

Especialista en Movilidad, infraestructuras, política municipal, educación, medio ambiente, área metropolitana

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Barcelona vuelve a apostar por las pistas de hielo esta Navidad, por primera vez con claridad desde que llegó Ada Colau a la alcaldía en 2015. Habrá dos de iniciativa pública: una estará en el parque de atracciones del Tibidabo (del 26 de noviembre al 5 de enero) y otra en la feria navideña del Port Vell (del 5 de diciembre al 6 de enero). La primera tendrá 200 m2 y la segunda, 400 m2. No serán de hielo, sino de un material sintético, unos paneles de polietileno que no necesitan ni agua ni electricidad para su mantenimiento pero que proporcionan sensaciones muy parecidas a las que genera el patinaje sobre hielo.

Vaya por delante que esta superficie admite los mismos patines con cuchilla que se han usado toda la vida sobre hielo. Su instalación es 100% independiente de las vicisitudes del clima, es decir, que no se requieren temperaturas bajas para su buen funcionamiento. Se puede instalar en medio del desierto. Dubái, por ejemplo, ha tenido más de una instalada para goce de sus ciudadanos. No solo el mantenimiento, prácticamente inexistente, es más barato; también su instalación, con una inversión inicial muy inferior. Su similitud con las de hielo acaricia el 95% en experiencia de usuario y son más seguras, puesto que el material es más blando que el hielo, así que las caídas quedan un poco más amortiguadas.

La pista de hielo de plaza Catalunya, en noviembre de 2013

/ Ricard Cugat

El hecho de que sean modulares permite, además, que se puedan adaptar a la demanda del cliente, aunque un vistazo al resto de ciudades que se interesan por este producto permite concluir que 200m2 es el tamaño más solicitado. Por descontado, también son mucho más duraderas, hasta 20 años si se conservan y se usan correctamente.

En el caso de la del Tibidabo, la empresa que ha ganado el concurso se llama Diverpistas, por un coste de casi 36.000 euros. El precio, si se compara con la instalación que la misma compañía realiza en Teulada parece bastante correcto, puesto que en esta localidad de la Comunitat Valenciana, la misma pista está menos días y sale un poco más cara. Diverpistas, sin embargo, no ha tenido tanta suerte en Irún, donde no pudo cumplir con un contrato público y el ayuntamiento, este mismo año, ha aprobado prohibirles concursar en los próximos dos años.

Además de las dos pistas públicas, la ciudad tendrá otras instalaciones para poder patinar durante las fiestas. Por ejemplo en los centros comerciales Illa Diagonal y Westfield La Maquinista, en los jardines de Can Xiringoi de Nou Barris y en las instalaciones del FC Barcelona.

El final de las pistas de hielo 'de verdad'

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El final del hielo es consecuencia directa de un relevo político. El 13 de junio de 2015 Ada Colau se convertía en la primera mujer en ser investida alcaldesa de la capital catalana. Lideraba una formación con algunas caras conocidas pero, sobre todo, con un plantel de personas que habían vivido más bien de espadas a la política. Los cambios empezaron pronto. Uno de los más inmediatos se anunció el 16 de julio y fue la eliminación de la pista de hielo que los cuatro años anteriores, siempre en tiempos de Xavier Trias y CiU en el gobierno municipal, se había instalado en la plaza de Catalunya. No era sostenible, dijeron los 'comuns'. Siete años después, sin embargo, el ayuntamiento recupera el proyecto, aunque adaptado a los designios de la crisis climática.

La pista de hielo de La Farga de L'Hospitalet, que se instaló en el municipio después de que Barcelona renunciara a la suya en 2015

/ Álvaro Monge

El 16 de julio de 2015, Ada Colau visitaba el plató de betevé. Ese día anunció que el modelo elegido hasta la fecha era "poco sostenible en términos tanto económicos como ambientales". "Por el tipo de ciudad que es Barcelona -sostuvo, un mes después de asumir el cargo-, se pueden encontrar otras actividades atractivas para familias, sobre todo para los más pequeños". Se cambió por propuestas lúdicas y una feria de consumo responsable (con un éxito relativo...), y en paralelo se generó un enconado debate entre los defensores de la Navidad más pura y la voluntad del consistorio de derivar la fiesta hacia el solsticio de invierno. En cualquier caso, se acabó lo de patinar sobre hielo de verdad bajo el auspicio de la cosa pública. Y como ha sucedido en muchas otras polémicas, L'Hospitalet de Núria Marín se quedó la pista de hielo. Con gran acogida por parte de la población, por cierto.