Invento casi centenario

¿Es un pájaro? ¿Es tu factura de la luz? No, es un autogiro

El artilugio volador de Juan de la Cierva aún sigue surcando los cielos. Hay dos escuelas y una fábrica de autogiros en Cataluña: en Igualada y Avinyonet

No es un pájaro ni un avión, es un autogiro y puedes aprender a pilotarlo en Igualada. / Marc Femenia

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Ana Sánchez
Ana Sánchez

Periodista

Especialista en Barcelona. Busca historias increíbles y coordina las páginas de ocio de ‘On Barcelona’.

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Aquí uno se viene más arriba que Ortega Cano hablando de su virilidad. Aeródromo de Igualada-Òdena. Hay que mirar al cielo con ojos peliculeros. ¿Es un pájaro? –la pregunta te sale sin querer-. ¿Es un avión? ¿Es tu factura de la luz? Hasta Superman se restregaría los ojos. No, eso que viene volando es un autogiro

“El regreso del autogiro”, vaticina cada año alguna expo internacional. Ya apenas se parece al invento casi centenario de Juan de la Cierva, ese que sale en los libros de texto, mezcla de helicóptero y avión, últimamente más discutido por sus tintes políticos. A estas alturas ya ha aparecido en Mad Max' y entre los artilugios con cohetes de 007. Hasta el primer coche volador se basa en un autogiro. Y sí, aún se puede aprender a volar en él. En Catalunya, hay dos escuelas y una fábrica

Un autogiro de Vuélalo, en pleno vuelo divulgativo en el aeródromo de Igualada-Òdena.

/ Marc Vila

Es el gran desconocido en la aviación ultraligera”, lamenta a pie de alas Patxi Rodríguez con chupa a lo ‘Top Gun’. Es tu instructor de hoy. Te da una clase exprés antes del “vuelo de divulgación”, así lo llaman en Vuélalo. Te enseña el motor, te habla de rotores, tú le sonríes como si le entendieras. “¿Le has dicho lo que pasa si grita?”, le pregunta a otro instructor mirando de reojo tu cara de meme. “Si gritas –se ríe Patxi-, luego cuando bajes tienes que hacer mil flexiones”. Cuando bajes, te prepararás para hacer 3.000. Te las perdonan. 

Aeródromo de Igualada-Òdena, hangar 03. Hay una decena de autogiros y una mesa con desayuno y tertulia. “Aquí se viene más a comer que a volar”, se ríen los pilotos. Es la sede de Vuélalo, escuela y aeroclub de autogiros por donde pasan volando 150 socios, calculan. Hace 6 años, cuentan, que se citan en este hangar. ¿Su objetivo? “Nosotros lo que queremos es que haya pilotos de autogiro. Hacer divulgación- resume Juan Carlos Louis, presidente del aeroclub e instructor-. Nos parece una máquina maravillosa”. Suelen organizar una quedada nacional: GiroSpain. En la última –precovid- se reunieron veintipico máquinas, recuerdan.  

“¿Qué es eso que vuela?”. Es lo que pensó Patxi al ver ‘Mad Max’. Así descubrió él el autogiro. “Y me enamoré -recuerda-. Empecé a investigar y me fabriqué un monoplaza con un motor de moto, de una BMW. Volé seis años con él”. “Yo quería un reto, un desafío”, cuenta al lado Tony antes de echarse a volar. Él era piloto de British Airways, ahora jubilado. “Tienes que aprender de nuevo”, resopla. “Es más instintivo”, añade Patxi. “Estás usando partes del cerebro que no usabas antes”, asiente Tony. “Llega un momento en que no piensas lo que tienes que hacer –apunta el instructor-. Piensas lo que quieres hacer y él lo hace”.   

El instructor Patxi Rodríguez prepara un autogiro antes del vuelo.

/ Marc Vila

“Es como una moto –te tranquiliza Patxi mientras te ajusta el cinturón y el casco-. Es más seguro –se ríe-, porque arriba tienes menos peligros”. Tú asientes, aunque ahora mismo tienes el estómago en formato montaña rusa. ¿No está muy abierto esto? Despegas, gritas con todas tus fuerzas, te das cuenta de que el micro está abierto, glups, ¿se acaba de parar en seco en el aire? Pasas el resto del vuelo con la misma sonrisita de velocidad que si estuvieras copilotando uno de ‘Los autos locos’. 

Cuatro autogiros frente al hangar de Vuélalo, en el aeródromo de Igualada-Òdena.

/ Marc Vila

España, calcula Juan Carlos, no llega a la decena de escuelas. “En Francia tienes… multiplicado por cuatro”, compara. “Lo que promocionamos dentro de esta escuela, sobre todo –añade al lado Martha-, es el vuelo de mujeres. Ahora mismo en España hay volando dos chicas en autogiro”, lamenta. Ella se examina el mes que viene.   

Una de las primeras fábricas de España

En el aeródromo de Avinyonet está Airbet. “No sé si fuimos la primera o la segunda fábrica de España”, explica Xavier Llobet, uno de los propietarios. Aquí fabrican autogiros desde 1998. “Tenemos fábrica, escuela, taller de mantenimiento y aeródromo”. Se ríe. “Tenemos de todo”.   

 Xavier vuela autogiros desde los 16 años. Tiene 56. Es piloto, instructor, constructor aeronáutico. Es quien ha diseñado los cuatro modelos de los autogiros Girabet. Fabrican unos 25 al año. “Ahora los exportamos básicamente –se encoge de hombros-. En España en este momento no se venden ni autogiros ni aviones –dice-. El sector de la aviación está tocado desde el 2010”. Sus monoplaza cuestan 20.000 euros; los biplaza, 50.000. 

Uno de los cuatro modelos de autogiros que fabrica Airbet en Avinyonet.

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Si Juan de la Cierva viera los autogiros que vuelan ahora, diría: “¿Pero eso qué es?”. Los de ahora “no descienden de De la Cierva –justifica Xavier-, sino de Igor Bensen”. Pone en antecedentes históricos: “El primer autogiro era muy bueno, porque los aviones que había eran muy malos en esa época”. Se remonta a 1923, el año del primer vuelo del autogiro de De la Cierva. “Pero los aviones fueron avanzando, apareció el helicóptero y desapareció el autogiro”. 

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Hasta que entró en escena Igor Bensen. Años 50. “Y volvió a aparecer el autogiro a nivel de ocio”. El porqué para no entendidos del motor: “Ese señor desarrolló un rotor que era de fácil mantenimiento –resume Xavier-. Los ultraligeros que había en ese momento eran muy básicos -justifica la revolución-. El autogiro corría más y podía volar con viento, y empezó a desarrollarse. Pero ha pasado lo mismo que en los inicios –añade el piloto-: los aviones han ido evolucionando: ahora corren más y gastan menos. Y puedes encontrar aviones por 70.000 euros”. Moraleja: “El autogiro –concluye Xavier- se ha quedado para los románticos”. 

Paradoja a pie de invento: Juan de la Cierva murió en un accidente de avión. En un vuelo comercial.