Arte urbano

Barcelona ultima un cambio de modelo en la gestión de los muros legales para grafiteros

La iniciativa municipal, Murs Oberts, estará lista a finales de año y prevé tener entre 20 y 30 espacios abiertos a los artistas urbanos repartidos por toda la ciudad

Joan Cortadellas

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Natàlia Farré
Natàlia Farré

Periodista

Especialista en arte, patrimonio, arquitectura, urbanismo y Barcelona en toda su complejidad

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La ordenanza cívica que Barcelona puso en marcha en 2005 prohíbe toda expresión de arte urbano, la buena y la mala. Tan ilegal es ensuciar paredes, persianas y mobiliario urbano con TAGs –las firmas de los grafiteros- como dignificar espacios con pintura mural elaborada. Los primeros siguen vandalizando la ciudad ilegalmente; los segundos buscaron una alternativa tras la publicación de la normativa: en 2012, tras años de esfuerzos, Marc Garcia y la productora Rebobinart consiguieron pactar con el ayuntamiento espacios legales para que los artistas pudieran soltar su pulsión artística sin miedo a las sanciones. Se trataba de muros abiertos para todo el mundo y gestionados a través de una aplicación Murs Lliures. La experiencia cumple una década y con el cumpleaños llega la noticia: el consistorio quiere ampliar el número de espacios –ahora son ocho- y llevar la gestión directamente. En Rebobinart lo aplauden. 

Espacios localizados

Desde el ayuntamiento reconocen el trabajo hecho por la productora y admiten “la necesidad y demanda de espacios en la ciudad para los que quieran expresarse artísticamente puedan hacerlo sin tener que preocuparse de si están cometiendo una ilegalidad”. Es por eso que a principios de año, desde el Icub y el Institut de Paisatge Urbà, pusieron en marcha el programa que esperan este activo antes de que acabe 2022. De momento tiene ya los espacios localizados, públicos y privados. La aspiración es que pudieran haber dos por distrito, pero la realidad se impone: “En ciertas partes de la ciudad por sus características es más fácil encontrar muros que en otras”. En el Eixample es mucho más complicado que en Nou Barris, Sant Martí o Sant Andreu, así que puede pasar que la distribución no sea homogénea. Pero la ambición existe: “Nos gustaría que hubiera entre 20 y 30 muros en toda la ciudad”, apuntan fuentes municipales. 

Código de buenas prácticas

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La prospección de los muros se hizo siguiendo unas premisas: fácil acceso y a pie de calle, no más de tres metros de altura por motivos de seguridad y lejos de los espacios patrimoniales por aquello de que no siempre se respetan los límites de los muros. Ahora es está a la espera de que los distritos, los que tienen la última palabra sobre el tema, den el visto bueno. Cosa que esperan que suceda en octubre, momento en que también se tendrá a punto la señalética de dichos muros. El resto será poner la página web en marcha y negociar un acuerdo en los casos en que los muros sean de titularidad privada. “El calendario es difícil de precisar”, afirman desde el consistorio. No se esperará a tener todos los muros en condiciones, sino que “se irán poniendo a disposición de los creadores a medida que estén disponibles”. El horizonte no se antoja muy lejano: “La idea es que esté en marcha a finales de año”.  

Joan Cortadellas

También habrá un código de buenas prácticas, nada difícil de sostener como “no pintar motivos xenófobos o que inciten a la violencia”, y recoger los aerosoles al acabar. Y un aviso: “La idea es que haya rotación y que todo el mundo tenga acceso”, así que “no habrá mantenimiento de ninguna propuesta artística”.