La fiesta mayor

Carla Simón eleva el pregón de la Mercè a secuela de 'Alcarràs'

Como primera escena de la Mercè de este año, la directora ofrenda en el Saló de Cent una carta de amor a Barcelona y un imaginario guion de qué sucede tras la trama de 'Alcarràs'

Carla Simón, durante el Pregón de les Festes de la Mercè.

Carla Simón, durante el Pregón de les Festes de la Mercè. / FERRAN NADEU

6
Se lee en minutos
Carles Cols
Carles Cols

Periodista

ver +

Qué gran acierto que Carla Simón, directora y guionista de cine, haya sido este año la pregonera de la Mercè, porque pudo parecer, cuando se anunció su nombre, una decisión conservadora, de alcaldesa a menos de un año de unas elecciones que se avecinan avinagradas, porque se supone que Barcelona ya no solo es, como anunció Félix de Azúa en 1982, un Titánic, sino que lo es pero sin orquesta. Quienes hayan visto ‘Alcarràs’ habrán sentido compasión, sobre todo, por Quimet, el protagonista, un payés superado por las circunstancias, lo que se supone que es a día de hoy (o eso se cuenta en las tertulias) el prototipo de barcelonés medio, un sufridor por causas ajenas. Así están las cosas. Somos una ciudad de Quimets. Discrepa Simón. “Por encima de todo –y lo ha dicho como si se tratara de una declaración de amor— es la ciudad que me ha acogido”. Agradecida por ello, lo que ha ocurrido es que el pregón de 2022, para sorpresa de los presentes en el Saló de Cent, se ha convertido en un anticipo de una imaginada segunda parte de ‘Alcarràs’. No se lo pierdan. Una delicia. Esto quedará indeleble para el recuerdo en la historia de la fiesta mayor.

No debería ser necesario a estas alturas de su éxito profesional, pero, por si acaso, no está de más recordar los meandros de la vida de Simón, con una niñez asociada a Barcelona y su corona metropolitana. Nació en el Hospital del Mar y vivió en Badalona. De los 80 y buena parte de los 90 se ha construido un imaginario colectivo de recuerdos como si aquella hubiera sido época luminosa, el equivalente local de lo que los franceses llaman, gracias a la expresión acuñada por Jean Fourastié, los ‘Trente Glorieuses’, pero para esta delicada cineasta fueron los años de la orfandad, de la pérdida de sus padres víctimas del sida. Así fue como dejó atrás Barcelona y puso rumbo a su trasunto particular de Alcarràs, Les Planes d’Hostoles, en la Garrotxa, donde de repente, qué fortuna, sustituyó el asfalto por “la humedad de la hierba, el barro en los zapatos, el olor a estiércol, los bichos y los animalitos muertos, el frío del invierno, las miaradas de la gente…”.

Simón regresó con 17 años para estudiar. Justo por eso, por llegar un día con sus maletas, ella es más barcelonesa que quienes presumen de tener una D.O. (denominación de origen) de la que se supone que otros carecen. Desde hace tres años, los barceloneses nacidos en Barcelona son menos de la mitad de la población, 48,8% contra 51,2%, tal y como lo cuenta el eficaz servicio de estadística municipal, pero como buena cineasta lo explica Simón de otra manera.

“Pienso en la magnífica película de Josep Maria Forn, ‘La piel quemada’, y en aquel hombre que un tren dice: ‘Le advierto de que yo soy un enamorado de Catalunya, a mí que nadie me hable mal de Catalunya, porque es lo que yo digo, aquí me moría de hambre, ahí encontré trabajo y comida, ¿de dónde es uno? Pues de donde puede vivir”. No podían faltar con una pregonera como esta las referencias cinéfilas y, cómo no, hubo más.

Para Simón, Barcelona no es solo pan y trabajo. Es mucho más. “Para mí, Barcelona es cultura, las exposiciones del CCCB, de la Virrena, de la Fabra i Coats y del Centre d’Art Santa Mònica” y, por supuesto, de los cines Girona, Zumzeig, la Filmoteca, el Phenomena, los Verdi…”. Qué extraño parece que esta sea, como insisten, una ciudad de Quimets y, a la par, que cuando se va por el mundo se diga con orgullo que uno es de Barcelona y sepa de antemano que cosechará una sana envidia por ello. Más o menos así lo contó la pregonera.

La cuestión es que desde que aceptó el encargo de inaugurar las fiestas tuvo claro, por lo que parece, que este iba a ser un estreno en un cine como los de antes, en los que las butacas eran a veces un par de miles, recuérdese el primer cine Urgell, así que por qué no aprovechar la ocasión para dar a conocer un proyecto en el que colabora, Cinema en Curs, “un proyecto nacido en Barcelona que a través del cine educa la sensibilidad artística y poética de niños y jóvenes de escuelas e institutos públicos”. En ocasiones, los directores, camarógrafos y guionistas de estos filmes son alumnos de aulas de acogida, muchos de ellos, con historias familiares no muy distintas de aquel personaje de ‘La piel quemada’, y capaces, a pesar o gracias a ello, de descubrir lugares de Barcelona desconocidos para la mayoría.

El vídeo que Carla Simón proyectó en el pregón de la Mercè. / Carla Simón

Este ha sido un pregón con proyección en la pantalla, algo insólito, pero el plato fuerte de este acto solemne con el que arranca la Mercè ha sido otro, una deliciosa ficción, la lectura del guion de ‘El Roger a Barcelona’, secuela posible de ‘Alcarràs’ en la que el hijo de Quimet, otro personaje desbordado por las circunstancias, deja atrás su pueblo natal y, como una Simón con 17 años, se traslada a Barcelona.

De los ‘no-actores’ de ‘Alcarràs, que están todos para más de un premio, se han subido al escenario en el Saló de Cent, Albert ‘Roger’ Bosch y Berta Pipó, que en la película interpreta a su tía Glòria, y dos de sus amigos en la ficción, Albert Baldomà y Laura Roqué.

Lo mejor es, como sugiere la pregonera, dejarse llevar por la imaginación, porque no hay nada filmado, solo texto mecanografiado, y merece la pena hacerle caso. Por si ahora no tienen tiempo de entretenerse con las ocho páginas que ocupa, solo destacar aquí que la primera inmersión de Roger en Barcelona es todo lo contrario a un Síndrome de Stendhal, no le abruma la belleza del lugar, no le causa taquicardias y mareos la ciudad como si fuera Florencia en el siglo XIX, sino que le desconcierta el ruido, las prisas, las indicaciones telegráficas necesarias para bajar del tren y tomar el metro con destino a la Sagrada Família, que no es precisamente la florentina basílica de la Santa Cruz.

Tampoco le ayuda su primer almuerzo, quinoa con tofu (“seguramente a las gallinas del ‘padri’ les encantaría”) y no sale de su asombro cuando en el mercado ve el precio de los melocotones y paraguayos que su padre vende a pérdidas, dos euros y medio el kilo los primeros, tres y medio los segundos. Le hace una foto y se la manda a Quimet, que responde al instante: “’Malparits!’”.

Noticias relacionadas

Hasta nueva orden, el cine de Simón es siempre autobiográfico. Sobre todo, su ópera prima, ‘Estiu 1993’, y esta suerte de aproximación a la pregonera secuela de ‘Alcarràs’ también insiste en ello. Descubrirá muy pronto Roger, se relata así en el guion, la infinita capacidad de esta ciudad de gustar, siempre que así se le permite. La pasea y la vive de noche. Razzmataz y Apolo no faltan en su agenda, claro.

Termina el guion con un mensaje con foto que Roger le envía a su amigo Miquelet junio. Acaba de retratar los fuegos artificiales de la fiesta mayor. “¡Eh!, loco, aquí pasan muchas cosas, ya estás viniendo a visitarme”. La Mercè siempre es una buena ocasión para hacerlo.