El caso de la nadadora rescatada

Nadar mar adentro en Barcelona: consejos, riesgos y miedos

  • Es muy aventurado salir al mar de noche, hay que utilizar una boya si se va más allá de los 200 metros de la costa protegida y es conveniente hacerlo en compañía

  • Practicantes de la especialidad ven "imprudencia e irresponsabilidad" en la conducta de la mujer salvada por un mercante muy lejos del litoral

La línea de boyas que delimita la zona balizada para bañistas en la costa de la capital catalana.

La línea de boyas que delimita la zona balizada para bañistas en la costa de la capital catalana. / JOAN CORTADELLAS

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José Carlos Sorribes
José Carlos Sorribes

Periodista

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A 200 metros de distancia. Ahí está situada la línea de boyas amarillas que delimita la zona balizada de protección para bañistas y para aquellos nadadores que prefieren, antes que la piscina, el mar de la ciudad de Barcelona. Ese fue el caso de la mujer que fue rescatada la madrugada del lunes tras ocho horas de permanencia en el agua. Un hecho que acabó con esa buena, y casi milagrosa, noticia del hallazgo por un barco mercante, y no con otra luctuosa. Tuvo mucha, mucha, fortuna. “Pasar las boyas es una irresponsabilidad y una imprudencia”, comenta Joan, uno de los numerosos nadadores que se mueven en el agua por los 7 kilómetros (entre el hotel Vela y el Fòrum) habilitados en la capital catalana para esos amantes de nadar a mar adentro.

Quien rebase esos límites, marcados por la ley de costas, debe llevar una boya identificativa para ser visto por la variedad de usuarios de las aguas más cercanas al litoral. Hay que tomar muchas precauciones, por lo tanto, al abandonar la zona de seguridad, y más después de las ocho de la noche. Algo que sí hizo, lo de ir más allá de esos 200 metros y de forma realmente considerable, la mujer, de nacionalidad rusa según 'La Vanguardia'. Ocurrió con toda probabilidad por decisión suya, según los habituales practicantes de esta disciplina del mar abierto, aunque luego se vio arrastrada por la corriente. Sucedió en un domingo de bandera amarilla y, por lo tanto, un mar movido, según Salvamento Marítimo. “Para llegar tan lejos debía estar en forma y ser una buena nadadora; siempre eres consciente de que pasas la línea de boyas y puedes dar la vuelta”, explica Bibi, otra amante de larga distancia. “Estaba muy lejos y podía haberse cruzado con un barco en maniobras para entrar al puerto. Es un milagro”, sostiene. El mismo diagnóstico hicieron después del rescate trabajadores del puerto.

Desde los Juegos del 92

Joan ha nadado toda su vida y lleva mucho tiempo haciéndolo en el mar junto a socios del Club Atlètic Barceloneta, del que es afiliado. “Desde que las playas se adecentaron con motivo de los Juegos del 92”, recuerda. “Si salgo solo, nado media horita, si lo hago en grupo una hora. Va variando”. Pese a su experiencia, recuerda que en cualquier momento puedes entrar en pánico en el mar, “y más si estás solo, y de noche, con visibilidad nocturna”. Por ese pánico y el respeto que generan las profundidades, le sorprende como a Bibi, con la que comparte afición, que la joven se fuera tan adentro, “cinco veces más de esa línea habilitada”. Cuando un nadador lo hace, y si no lleva unida a su cuerpo la boya personal, si se cruza con las patrullas marinas de la Guardia Urbana, la Cruz Roja o la Guardia Civil es invitado de forma rotunda a regresar al área de protección. En caso contrario, no se librará de una multa.

Practicantes de 'paddle surf' en la zona de protección balizada, con una boya amarilla, en la playa de la Barceloneta, las playas de Sant Sebastià y Sant Miquel.

/ JOAN CORTADELLAS

El riesgo es evidente y no solo por cruzarte con las 'golondrinas' turísticas o con una moto acuática, también puedes toparte con una lancha o con un barco mucho más grande. Bibi, por ejemplo, dice que siempre nada con boya, lo que le permite además “poder descansar si me agobio o lo necesito”. Ella suele practicar su afición durante el fin de semana, de mayo a octubre, por la zona de la Barceloneta; también lo hace con un grupo de amigas en Cadaqués. “Soy de las que pienso que hay que disfrutar en compañía cualquier actividad en la naturaleza. Y si lo hago con alguien tan experto como Joan, me da tranquilidad”. Lleva unos nueve años practicando esta especialidad marina después de una vida “de mucha actividad deportiva”.

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Ella es de las que cuando nada unos 3.000 metros, o sea un buen rato en el agua, se pone el traje protector de neopreno para no enfriarse. La temperatura, sin embargo, no jugó en contra de la nadadora rescatada. “Este verano el agua está a 26-28 grados, más caliente que la de la piscina”, recuerda Joan. Aun así hay nadadores, de constitución delgada y propia de quienes también corren en asfalto o entrenan en bici como practicantes del triatlón, que sí lo llevan, “porque a los tres cuartos de hora tienen la piel de gallina”.

La mujer salvada por el mercante 'Medi Sidney' estuvo ocho horas en el agua en biquini a 4,4 millas de la costa. “No entiendo lo que hizo. Una imprudencia total”. Lo sentencia Bibi y lo suscribe Joan. Él, por cierto, vio ayer un mar bastante movido y prefirió quedarse en tierra.