Radiografía inmobiliaria

Uno de cada tres pisos de Barcelona está ocupado por una sola persona

El padrón de viviendas de la ciudad, 662.833, desmiente que haya un déficit habitacional, a pesar de que en 209.736 pisos hay un único residente

Uno de cada tres pisos de Barcelona está ocupado por una sola persona

RAMON CURTO

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Carles Cols
Carles Cols

Periodista

Especialista en Barcelona, en sus cuatro dimensiones periodísticas, las tres físicas, a lo largo, ancho y alto, y la cuarta, la temporal. Vamos, una gran macedonia de temas.

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Hay un padrón de las personas y, menos conocido pero tanto o más interesante, hay otro de los pisos. Debería ser útil para descifrar Barcelona, pero esta ciudad es un enigma. En Barcelona hay 662.883 viviendas para 1.639.981 habitantes. Basta una simple división. La media de vecinos por piso es de 2,47 personas. No es, desde luego, un índice de sobreocupación. Números en mano, no parece el retrato de una ciudad en la que escasee la vivienda y, sin embargo, los precios suben. Merece la pena profundizar.

En 2021, el padrón de habitantes sufrió un ligero retroceso. Barcelona perdió 20.333 habitantes, en términos históricos, una variación intrascendente. La población total sigue en una de sus cotas más altas. El número de domicilios, por el contrario, ha crecido. A 1 de enero de 2022, son 2.770 más que la misma fecha del año anterior. Eso, en cualquier caso, es una mirada superficial. Lo que el departamento municipal de estadística hace es mirar de puertas adentro. Es muy interesante.

En un 31,6% de los pisos de Barcelona vive una sola persona. Son 209.736 las viviendas unipersonales. Las razones para vivir solo son, por supuesto, muy variadas, pero el peso de los mayores de 65 años en ese universo es muy elevado. Son 92.091 los mayores de 65 años los que viven solos. Menudo contraste, el bullicio de las calles y la soledad en una de cada tres viviendas. En la crónica que acompaña a esta información se destacaba, como dato llamativo, el elevado número de centenarios del padrón de la ciudad, 931. Toca señalar aquí que 299 de ellos (248 mujeres, 51 hombres) viven en una de esas viviendas unipersonales.

Podría sostenerse (e incluso injustamente acusar) que ese gran parque de viviendas con un único empadronado son la razón del depauperador precio de los alquileres en Barcelona. Tampoco. Si se restan esas 209.736 viviendas y vecinos de las estadísticas oficiales, la media que queda de residentes por piso es de 3,1, de nuevo una cifra que no indica una escasez.

Los alquileres suben porque la vivienda no es un derecho constitucional, es un negocio. Los contratos de tres años hicieron felices a no pocos administradores de fincas. Cada tres años se abría una oportunidad de negocio. Luego están los rentistas, un grupo social nunca suficientemente analizado, paradigma de que no es lo mismo crear riqueza que crear ricos. El padrón inmobiliario de la ciudad no entra en esos detalles. No pormenoriza cuántos pisos de la ciudad son segundas residencias de extranjeros adinerados que pasan temporadas aquí. Tampoco ofrece un retrato en alta definición de ese mundo de los llamados anfitriones turísticos. Pero, en contrapartida, revela algunos síntomas de la patología inmobiliaria que aqueja a la ciudad.

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En 2011 hubo 117.467 cambios de domicilio interno, es decir, barceloneses que se mudan a otro piso de la ciudad, migraciones internas. ¿Por qué? ¿Para mejorar? Seguramente, no. El siguiente paso para muchos nómadas inmobiliarios es ir en busca de alquileres más asequibles en otros municipios. Las migraciones internas son simplemente un dato a tener en cuenta y, sobre todo, a no menospreciar. Aumentaron en 2021 un 40,5% en comparación con el año anterior (de acuerdo, año pandémico) y un 18,4% en relación a 2019. Lo elevado de la cifra se subraya en rojo si se tiene cuenta cuál era la tónica de mudanzas en 1991, es decir, un año antes de que los Juegos Olímpicos alteraran las constantes vitales de esta ciudad. Hubo aquel año solo 24.885 mudanzas internas.

Una de las consecuencias de este nomadismo inmobiliario al que parecen obligar las llamadas leyes del mercado es que convierte a Barcelona en una suerte de arrecife social en permanente transformación. Igual que la cifra de barceloneses nativos es por tercer año consecutivo menos de la mitad de la población (48,8%), la cifra de vecinos con menos de 15 años de padrón, o sea, llegados a la ciudad con posterioridad a 2007, crece años tras año y supera con cada vez más diferencia a la de barceloneses con más de 15 años de residencia. Según el último recuento, 829.329 barceloneses solo han conocido esta ciudad a partir de 2008, vamos, justo a partir de cuando se desplomó la economía mundial. Los residentes con más de 15 años de padrón son menos, 810.652.