Testimonio

Diario del ruido en Gràcia: “Hoy quería descansar: la semana ha sido dura”

  • Un vecina de la plaza de la Virreina explica los problemas de ruido que vive en su calle

Terrazas en la plaza de la Virreina en el barrio de Gràcia, el 30 de julio de 2022. 

Terrazas en la plaza de la Virreina en el barrio de Gràcia, el 30 de julio de 2022.  / JORDI COTRINA

5
Se lee en minutos
El Periódico

Eva Corredoira es abogada, especialista en vivienda. Es vecina de la plaza de la Virreina, en Gràcia, y ha accedido a hacer un diario de una semana, la del 18 al 24 de julio, para documentar el ruido y el follón que se vive en su zona.

LUNES

21.00. Hora de la cena. Cierro el balcón porque el sonido que proviene de la terraza del bar es molesto. Un runrún repetitivo que se convierte en taladro cuando los clientes ríen a carcajada limpia. El sonido se multiplica: la calle es estrecha y hace de altavoz. El sonómetro marca 70 decibelios. Sí, tengo que cerrar. El ruido me altera. El ruido incesante de ayer, hoy y mañana y el de pasado y el otro. Sus risas, mis nervios. Vaivén de gentes que compran comida para llevar y la consume en la plaza. Botellón en la escalera de la Parroquia de Sant Joan. 70 decibelios más o menos. Noche sin aglomeraciones. Me duermo. Balcón cerrado, aire acondicionado, tapones: toda cautela es poca.

MARTES

Se repite lo del lunes. El sonómetro marca entre 65 y 70 decibelios desde las nueve de la noche, cuando empiezo a mirarlo, hasta que me voy a dormir. Más de lo permitido y mucho más de lo recomendado por la OMS. Estando ya dormida, con el balcón cerrado, el aire encendido y los tapones en los oídos, unos gritos y unas risas me despiertan sobre las 2.00. ¿Será pasajero? Inspiro, expiro. Oigo desde la cama como suben a las bicicletas del bicing y pedalean. Me levanto, abro el balcón y les ruego silencio. No me hacen caso. Un par de sorrys pero se quedan. Los sorrys vacíos de los borrachos. Los falsos sorrys. Y viene el insomnio. Y se queda. Y no llamo al 112, no, eso me altera aún más. Aturdida aprovecho para redactar alegaciones contra la ordenanza del medio ambiente: a la hora de planificar medidas para la reducción de la contaminación acústica de Barcelona no se ha considerado ni la plaza de la Virreina ni las calles adyacentes como zona residencial y en consecuencia el nivel de decibelios permitidos es excesivo. ¿Por qué no la califican como residencial o zona ZARE?

MIÉRCOLES

Como todos los miércoles, más gentío, más murmullo, más botellón en las escaleras de la iglesia: preludio de lo que será el fin de semana. A las 23.55h la Guardia Urbana desaloja las escaleras de la iglesia. Me sorprende y me alegra. No veo que requisen las latas ni que sancionen. El haber dormido poco la noche pasada, y la paz tras el desalojo hecho por la Urbana, me ayuda a dormirme al instante. No sé qué pasará fuera, si vendrán nuevos botelloneros.

Vecinos de otras plazas de Gràcia comentan en el grupo de WhatsApp que se han reunido en el Distrito para conocer el dispositivo de seguridad previsto para las Fiestas de Gràcia. Compruebo con estupor que hay plazas que no van a tener dispositivo y los vecinos están que trinan y con razón: no todos tienen la suerte de poder huir como yo durante el mes de agosto.

JUEVES

Madrugo algo más de lo habitual y reviso los datos del sonómetro y sí, la noche anterior fue tranquila: hasta las 00.00h los decibelios fueron más altos de lo permitido pero tras el desalojo, no hubo problemas. Abro los balcones, quiero poder sentir que no vivo encerrada. Dejo la casa abierta mientras voy a trabajar. Vuelvo a las 21.00. Cierro volando, con el bolso aún colgado. El doble vidrio mitiga parcialmente la sensación de tener dentro de casa a la gente que está en la plaza, en las escaleras de la iglesia, en los bancos, en las terrazas, consumiendo. Le pido a Bach que me eche una mano: la suite para orquesta número 3 no falla y me ayuda a abstraerme del mundanal ruido. A las 23.00 abro otra vez los portalones para regar las plantas y compruebo que si bien hay gente y bullicio, hay menos de la esperada: muchos barceloneses han salido ya de la ciudad y hoy en la Virreina no hay ‘guiris’. Con el trío doble vidrio, aire y tapones, mis mejores amigos de la noche, puedo descansar.

VIERNES

Cuando se acerca el fin de semana me pongo en alerta. Suele ser cuando más aglomeraciones hay y más desatadas están las personas en la plaza. Compruebo a la vuelta del trabajo y sin que me sorprenda lo más mínimo que en la plaza hay un escenario y muchísimas mesas y sillas para celebrar no sé qué a costa de nuestra salud. Muchas sillas: la cena será multitudinaria. Escenario: esto se va a alargar. Me enerva que desde el Distrito no se nos informe: acordamos que se nos irían comunicando las licencias que se irían dando y a qué daban derecho, a quién se la concedían y el horario de la actividad. Pues no, sin noticias. Averiguo que la fiesta la organiza la Fundación de la Festa Major de Gràcia. El chat de las plazas echa humo. Los sonómetros se disparan. Hoy quería descansar: la semana laboral ha sido dura y necesitaba reponerme. Pues no: será noche de documentales de animalitos con el volumen a 80. A las 23.00 un vecino llama al 112 y no le saben informar de la hora de fin del concierto. La Urbana se persona en la fiesta ante las diversas llamadas del vecindario y los organizadores tienen que bajar el volumen. Me alegro y ya no solo por los residentes sino porque entre los comensales de la cena figuran ciertos políticos del distrito. A las 00.00 me voy a dormir. El sarao sigue, pero caigo rendida.

SÁBADO

He podido dormir hasta tarde, esa es mi suerte. La tarde noche pasa como las de siempre: gentío comiendo y bebiendo, grupos de jóvenes y no tan jóvenes haciendo botellón, exceso de ruido también por las terrazas. Se nota que los que hacen botellón tienen normalizado el hacerlo. Se les ve bien, disfrutando: ríen y chillan como si no hubiera un mañana. Salgo con amigos (sí, los que protestamos contra el ruido también salimos y bien que nos gusta) y a la vuelta, sobre las 3.00, veo feliz que la plaza está tranquila. Duermo.

Noticias relacionadas

DOMINGO

Día bonito. La tarde y la noche discurren en paz. Se respira aire de vacaciones: muchas personas ya han dejado la ciudad.