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Un cadáver exquisito en Barcelona

  • Philip Stanton, Silvio Alino y Josep Moscardó, tres artistas con querencia por la ciudad, crean a partir del juego surrealista en la Galeria Silvia Sennacheribbo

  • Enric Granados no es solo la calle de las terrazas y restaurantes, es también la vía de las salas de arte, en su corto trazado suma seis establecimientos 

Philip Stanton y Silvio Alino, este martes en la Galeria Silvia Sennacheribbo.

Philip Stanton y Silvio Alino, este martes en la Galeria Silvia Sennacheribbo. / Joan Cortadellas

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Natàlia Farré
Natàlia Farré

Periodista

Especialista en arte, patrimonio, arquitectura, urbanismo y Barcelona en toda su complejidad

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Barcelona a seis manos. A cuatro. A dos. Todo vale cuando la exposición reúne a tres de los artistas que crean por estos lares que más enamorados de la ciudad se declaran. Y dos de ellos, además, tienen a sus calles como uno de los principales motivos de sus creaciones. Philip Stanton, Silvio Alino y Josep Moscardó. El trío participa en 'Summer stories', la exposición que siguiendo el juego que los surrealistas llamaron cadáver exquisito –ya saben, la pieza se va creando a partir de los trazos de los participantes que solo ven la aportación justo anterior– muestra trabajos colaborativos de los tres autores en la Galeria Silvia Sennacheribbo. 

La sala se ubica en la parte alta de Enric Granados, una calle antaño deseada por la tranquilidad de ser una vía con poco tráfico por su peculiar concepción: no muere en la Gran Via sino en los muros de la Universitat de Barcelona, y ahora igual de deseada pero con vecinos hartos del parque temático de restaurantes y terrazas en la que se ha convertido. Pero no solo del comer vive la arteria. También el arte está presente. Hay quien dice que se ha transformado en la nueva Consell de Cent, la calle barcelonesa por excelencia de las galerías hasta que los alquileres y el turismo acabaron con la etiqueta. Enric Granados, como poco, concentra seis salas dedicadas al arte –Victor Saavedra, Marlborough, N2, Montagut y Jordi Pascual más la ya citada Sennacheribbo–. No anda lejos una séptima, ADN, y hasta hace poco había una octava: la Joan Gaspar, que en 2018 volvió a sus orígenes, la calle de Consell de Cent. 

Pelotas de tenis y vestidos de novia

El abuelo de Sennacheribbo también tuvo su momento en la arteria artística, ocupó el espacio que en los años 60 acogió a uno de los templos del arte barcelonés, la galería René Metras. Fue antes de establecerse durante siete décadas en la Rambla Catalunya y después de abrir quiosco en el pasaje de Madoz, junto a la plaza Reial. Allí se estableció recién llegado de Italia para vender libros y prensa extranjera. Le fue bien, tanto que se trasladó y amplió el comercio hacia la importación de grabados italianos clásicos. Luego llegaron los marcos y más tarde la obra gráfica en general. 

La familia continuó el legado pero los 70 años en la Rambla Catalunya se acabaron en 2007 por obra y gracia de la ley de alquileres. Donde antes se vendían cuadros ahora se sirven tapas. Y Silvia Sennacheribbo trasladó la galería a Enric Granados. Funciona como sala de arte, pero también mantiene el negocio de marcos, como su abuelo. Los hace a medida y para encuadrar lo que sea, lo mismo vale un óleo con firma que un objeto cotidiano. Asegura haber enmarcado de todo, desde pelotas de tenis hasta vestidos de novia. Ahí es nada. 

Del pop art al neoimpresionismo

Y organiza exposiciones, la última la que nos ocupa. Escogió a los tres creadores por el gancho que tienen entre el público y por lo diferentes que son. Así mientras lo de Moscardó (Barcelona, 1953) son las vistas urbanas –de Barcelona y de otras ciudades- sobre papel o tela y con un estilo que se autodefine como neoimpresionismo, lo de Alino (Sighi-șoara, Rumanía, 1980) es más una suma de pop art y 'street art' y una fijación por las caras, de Frida Khalo a Jean-Michel Basquiat pasando por Antoni Gaudí. 

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Del genio modernista es el retrato que Moscardó ha intervenido para la muestra. Y una vista suya del paseo de Gràcia es sobre lo que ha trabajado Philip Stanton (Columbus, EEUU, 1962). Poca presentación necesita el norteamericano, reconocido artista visual, pintor, ilustrador y diseñador con un estilo muy propio, a caballo entre el cubismo y el pop, y con una alegre mirada al coger los pinceles. Ahí están el colorista mural de 60 metros cuadrados en la estación de metro del Hospital de Sant Pau de la línea 4 como homenaje al papel de los sanitarios durante la pandemia y el más reciente, inaugurado el pasado abril, que da la bienvenida en las facultades de Ciencias y Biocencias de laUniversitat Autònoma de Barcelona. Su próximo trabajo está en Guatemala, donde este verano tiene un proyecto y un calendario de clases en una de las universidades del país. 

Años de amor por la ciudad

 Stanton, por falta de tiempo, era el más reacio a participar en el juego con los otros creadores pero ha acabado siendo el que más piezas de los otros dos artistas ha intervenido. En total la muestra suma ocho obras con la firma de más de uno de los autores. No todas tienen a Barcelona como protagonista, pero los tres artistas proclaman su amor por ella. Alino llegó hace dos décadas buscándose a sí mismo y a la meca del 'street art' que entonces era la ciudad. Se enamoró de Barcelona, asegura, y aquí sigue pese a los cambios. Algo parecido le pasó a Stanton pero mucho antes, en 1988. Moscardó no tuvo que viajar para llegar, nació aquí, y su pasión pictórica es el ‘quadrat d’or’.