Movilidad sostenible

El 90% de los ciclistas de Barcelona aseguran que no puede realizar todo su trayecto habitual por rutas seguras

Según un estudio del RACC, el 65% de los que van en bici no se sienten seguros, el doble que hace cuatro años. Un porcentaje que se explica, quizás, porque entonces se podía circular por las aceras. Ya no

Cola de ciclistas, en el carril bici del paseo de Sant Joan

Cola de ciclistas, en el carril bici del paseo de Sant Joan / Ferran Nadeu

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Carlos Márquez Daniel
Carlos Márquez Daniel

Periodista

Especialista en Movilidad, infraestructuras, política municipal, educación, medio ambiente, área metropolitana

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Ya nadie pone en duda que la bicicleta es (de hecho, vuelve a ser) un actor importante y una realidad consolidada y creciente en la movilidad urbana de Barcelona. Ya no se trata de integración, sino más bien de adaptación y convivencia. Y no se trata de hacerle un hueco, sino de reconfigurar el espacio público para que los desplazamientos activos puedan realizarse de manera eficiente y segura. El RACC ha presentado este martes su cuarto barómetro de la movilidad ciclista en la ciudad, con datos que reflejan carencias, potencialidades y virtudes del momento. En lo primero, solo el 11% de los entrevistado por esta entidad encuentra red ciclable en todo su recorrido habitual, y la cohabitación con los patinetes empieza a ser inquietante; o sea, que todavía se sienten vulnerables. En cuanto a lo segundo, el Bicing metropolitano abre una puerta a las conexiones entre municipios en bicicleta, y cada vez son más los que conocen la normativa y usan elementos de seguridad. Lo tercero, que el 22% de los que van a pedales iban antes en coche o en moto.

Barcelona dispone de 250 kilómetros de carril bici, y serán 270 cuando termine el mandato, en mayo de 2023. Los desplazamientos han aumentado un 18% en dos años y un 55% en la última década. Es, con diferencia, el medio de transporte, junto con los vehículos de movilidad personal (VMP), que más crece. Los patinetes, para que se hagan una idea, ya son tres de cada 10 en el carril bici. Para comparar la situación, el transporte público registra un 15% menos de validaciones que antes de la pandemia, mientras que el vehículo privado está en cifras similares a las de antes del covid. Hay un dato revelador que demuestra cuán disparada esta la cosa: el 41% de los ciclistas llevan menos de dos años circulando en bici por la capital catalana. En el caso del Bicing, el porcentaje sube hasta el 56%, y mucho tiene que ver que cada haya más bicis eléctricas (hay 3.000 con batería y 4.000 mecánicas).

La bicicleta asistida ha dado un vuelco al medio. Cada vez hay más gente que apuesta por modelos eléctricos que les permiten hacer trayectos más largos, incluso saltar de municipios. El RACC ha contabilizado los vehículos por hora en las conexiones con L'Hospitalet, Santa Coloma, Esplugues y Sant Adrià (todos por encima de las 120 bicis por hora) y las cifras no distan mucho de los viales del interior de la gran ciudad. El Bicing metropolitano debería dar un gran empuje al ciclismo urbano, pero el sistema aprobado por el Área Metropolitana de Barcelona (AMB) no es compatible con el de Barcelona, es decir, son bicis distintas y tarifas y aplicaciones diferentes. Un auténtico tiro en el pie de la movilidad sostenible. Así lo ha valorado también el presidente del RACC, Josep Mateu, que ha reclamado "un sistema único y más visión metropolitana y menos municipal".

Una ciclista graba con el móvil su pedaleo por las calles de Barcelona

/ Ferran Nadeu

La encuesta realizada por el automóvil club (ahora 'mobility club') refleja un cambio de tendencia en cuanto a los temores de la comunidad ciclista. Tiempo atrás, las tintas se centraban en la convivencia en las aceras con el peatón. Luego, en enero de 2019, con la red de carriles bici en ascenso, la cosa se centró en los problemas de seguridad en calzada, donde se comparte espacio con vehículos de varias toneladas. Ahora, y aunque el 89% de los entrevistados asegura que no puede completar el 100% de su recorrido habitual por zonas ciclables, el modo de transporte que genera más inseguridad a los ciclistas es el patinete. Por un ajustado margen, es cierto. Lo que más confort les genera es el tranvía y los peatones. En global, el 65% se sienten vulnerables, un porcentaje que no ha dejado de crecer desde 2018, cuando admitían su fragilidad un 33%, justo la mitad. Podría influir el hecho de que haya tantos ciclistas noveles, pero si ahora son el 41%, cuatro años atrás eran el 47%. Así que la explicación más lógica es que la prohibición de usar las aceras (enero de 2019) ha ido acrecentando la sensación de debilidad.

Sobre el grueso de ciclistas que tiene que salirse de rutas seguras en sus desplazamientos rutinarios, el 59% usa la calzada, el 26% admite recurrir a aceras estrechas, de menos de cinco metros (no permitidas), el 13% da más vuelta, buscando trazados tranquilos y el 12% baja de la bici para salvar esos tramos complicados. En resumen, la bici todavía se desplaza a trompicones. Y sigue sin resolver un problema endémico de esta ciudad: la circulación de bicis en las grandes plazas que en fondo son rotondas. Estas plazas, y las intersecciones, son los elementos que generan más insatisfacción entre los miembros de la familia ciclista. Les siguen los carriles bici separados de la calzada por una línea de aparcamiento o contenedores o los viales bidireccionales.

Mejor sin tropezones

El RACC también ha preguntado a los ciclistas sobre los carrils bus-bici, con un resultado que deja poco lugar a la duda: al 68% no les parece correcto compartir espacio con los hercúleos vehículos de TMB, cosa que ya sucede en Creu Coberta, y pronto, también en Via Laietana y Pi i Margall. Barcelona, de hecho, permite a las bicis lo que hace 10 años vetó de manera categórica para el caso de la moto, con hasta cuatro informes que desaconsejaban que el motoristas, por cuestiones de seguridad y eficiencia del transporte público, se colaran en el pasillo del bus y el taxi. En el caso de la bicicleta, según admitió a este diario el propio consistorio, no ha mediado estudio alguno. El Bicicleta Club de Catalunya, de hecho, y a pesar de que la velocidad se limite a 30 km/h, también se ha posicionado en contra de la medida.

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Es la primera vez que el RACC incluye las conexiones metropolitanas en su barómetro. Lo que ha permitido, entre otras cosas, demostrar hasta qué punto la apuesta por la bici eléctrica lleva a los usuarios a realizar trayectos más largos. El 50% de los desplazamientos de más de 10 kilómetros, por ejemplo, se realizan en una bicicleta asistida, un porcentaje que oscila entre el 20% y el 23% en rutas de menor distancia. Lo mismo sucede con el tiempo de pedaleo: el 54% de los desplazamientos de más de media hora se hacen en un modelo con batería. Queda claro que el Bicing metropolitano será un impulso importante para el ciclismo urbano. Pero eso sí, tendremos que esperar hasta que termine esta década para que AMB y ayuntamiento impulsen de una vez por todas un sistema unitario y compatible.

Sobre estacionamiento y robos, el 49% de los encuestados por el RACC valora positivamente los párkings masivos subterráneos y de pago que existen en muchas ciudades europeas. Por ahora, el 68% guarda la bici en casa. Tener que bajarla y subirla por la ausencia e aparcamiento seguro en la vía pública, la sensación de inseguridad, la falta de continuidad en los trazados y la saturación de los carriles bici. Ahí están los retos de la presente década.