Memoria

El 'Hort d'en Tomàs': otra historia de la Barcelona que se resiste a desaparecer

Pau Gómez Cedillo, David Mesa Cedillo (ambos nietos de Tomás Cedillo) y Mónica Sambade, en el Hort d’en Tomàs.

Pau Gómez Cedillo, David Mesa Cedillo (ambos nietos de Tomás Cedillo) y Mónica Sambade, en el Hort d’en Tomàs. / ZOWY VOETEN (EPC)

  • Los nietos del vecino que cultivaba un pequeño trozo de tierra desde 1989 en el barrio de Montbau, en la falda de Collserola, siguen trabajando los terrenos

  • Quieren que el consistorio, que les ha requerido "recuperar la posesión de la finca", crea en el proyecto para que no muera: "Aquí tienen las llaves"

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Helena López
Helena López

Redactora

Especialista en movimientos sociales y vecinales

Escribe desde Barcelona

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Sobre la mesa, un puñado de fotografías que ha ido recopilando en casa de su abuela. Imágenes del huerto completamente blanco durante la nevada del 2010; de su abuelo Tomás sentado en el suelo, pelando los piñones que él mismo recogía de los pinos del lugar, o de su primo y él, de niños, ataviados con sombreros de paja asomados entre tomateras exultantes. Su abuelo tenía una cámara e iba haciendo fotos de todo.

"Así después iba al pueblo y explicaba 'mira, mis tomates'", recuerda el profesor de Arquitectura David Mesa Cedillo, nieto de Tomás Cedillo, cuyo principal empeño en estos momentos es que el Ayuntamiento de Barcelona no acabe con el huerto que inició su abuelo en 1989 en la falda de Collserola, tras el Campus Mundet, después de que los echaran de los huertos de Vall d’Hebron para construir el gran parque para los Juegos Olímpicos.

Además de las fotografías, David saca de su mochila una decena de libretas perfectamente ordenadas: ‘Abril-julio 2000’, ‘enero-marzo 1995’... Diarios escritos a mano, pese a que Tomás trabajaba en la fábrica Olivetti, en Glòries, haciendo máquinas de escribir, desde que llegó a Barcelona con la migración de los años 60 desde su Extremadura natal.

En ellos, Tomás no dejó de escribir ni un solo día de su vida -falleció por un cáncer en el 2013-. El hombre combinaba el minucioso relato de su día a día en el barrio y el huerto -que le sirvió de refugio para sus ataques de asma, que sufría desde joven- con las novedades en la familia y la actualidad nacional e internacional del momento. La higuera ha amanecido hoy llena de higos de una higuera que, por cierto, trajo de su Santiago de Alcántara, su pueblo mientras unos desalmados destruían las Torres Gemelas.

Tomás Cedillo, abuelo de David y Pau, en una imagen del archivo familiar.

/ El Periódico

El joven arquitecto explica la historia de su abuelo, que también es la suya, junto a un níspero que plantó de crío, con cinco años, cuando Tomás lo llevaba al huerto después del colegio. "¿Ves ese cactus enorme de allí? Es de aquellos que venden que son una bolita. Ahora ha sacado todas esas flores que solo se pueden ver de noche. Se abren a las nueve, son blancas porque brillan con la luz de la luna", prosigue.

Su vinculación con esta tierra va mucho más allá de la nostalgia. El 'Hort d’en Tomàs', como han bautizado el espacio en honor a su fundador, es trabajado a diario por David y Mónica Sambade, su pareja, también profesora de Arquitectura, así como por su primo Pau Gómez Cedillo, cuya infancia, como la de David, está también estrechamente ligada a los juegos entre hileras de lechugas.

David, Mónica y Pau en el huerto creado por su abuelo en Barcelona.

/ ZOWY VOETEN

Cuando volvieron al huerto algunos años después de la muerte de su abuelo, este seguía siendo cultivado con mimo por Simeón, un amigo de Tomás, de 85 años, que iba a diario hasta hace pocas semanas, cuando la entrada sin previo aviso de un grupo de operarios municipales el pasado 7 de junio para desmantelarlo todo le metió el miedo en el cuerpo. Asustado, el hombre llamó a la abuela de David y Pau para explicar lo sucedido: habían ido unos hombres a desmontarlo todo porque aquello no era suyo, era del Ayuntamiento, y tenían que marcharse.

Cuestión de diálogo

Con la mediación de la Guardia Urbana, David logró parar el desmantelamiento, aunque ya habían destrozado entre otras cosas la pensada infraestructura que tenían montada para recoger agua fluvial. Pero a los pocos días -en la verbena de Sant Joan-, llegó una notificación del distrito de Horta-Guinardó en la que se indicaba que el consistorio había iniciado el "expediente para recuperar la posesión de la finca ubicada en el Parc Forestal de la Meca", terrenos adquiridos el 30 de abril de 2019 "por título de cesión gratuita-donación".

Rincón del Hort d'en Tomàs, en el barrio de Montbau, en Barcelona.

/ ZOWY VOETEN

El mismo documento da 15 días a los 'ocupantes' de la finca para presentar "las alegaciones que estimen de su interés". En ellas trabaja David con la documentación que tiene sobre la pequeña mesa, en la que también están los apuntes de jardinería de Tomás que encontraron cual tesoro en uno de los porches. 

Además de los infinitos recuerdos familiares, sobre esta tierra hay muchas horas de trabajo

David y Mónica -quienes en el 2018 ganaron una beca de producción artística de la Fundació Guasch Coranty para desarrollar un proyecto en el huerto- son conscientes de que los terrenos -en el campo- no son de su propiedad y no tienen ningún problema -al contrario, insisten- en entregar las llaves del huerto al distrito. "Lo único que queremos es que el huerto se proteja, que no se pierda. Nuestro objetivo final es que el distrito se haga este proyecto suyo", resumen. Además de los infinitos recuerdos familiares, sobre esta tierra hay muchas horas de trabajo basadas en la permacultura ("intentar que el huerto sea lo más parecido posible a un ecosistema salvaje, sin que la naturaleza te coma", explican).

El huerto -que ya está abierto a todos los vecinos a través del vínculo que han establecido con la Sala Polivalent de Montbau-, forma parte de Ruralitzem, una red de proyectos ubicados a los pies de Collserola "comprometidos con la construcción de soberanía alimentaria en los barrios".

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Investigando sobre qué ha podido pasar para esa repentina beligerancia administrativa hacia el pacífico espacio, David y Mónica han llegado a la conclusión de que el detonante fue un accidente a pocos metros del lugar con el rebaño antiincendios impulsado por el ayuntamiento. Un día cinco ovejas cayeron en un agujero en la tierra cercano -que nada tiene que ver con el 'Hort d'en Tomàs', insisten sus impulsores-, pero, los forestales, al ir al rescate de los animales -que sobrevivieron al accidente- vieron las plantaciones y a partir de ahí echó a andar la maquinaria.

La versión municipal

Fuentes municipales confirman que el procedimiento se inició por una denuncia de los agentes forestales del parque de Collserola que, aseguran, "demuestra que es un espacio en muy mal estado y muy mal conservado". "Collserola lo pone en conocimiento del consistorio y, como es una finca municipal, el Ayuntamiento de Barcelona debe actuar de oficio. Como el 7 de junio los operarios de la brigada no pudieron limpiar la zona, el consistorio ha iniciado un expediente de recuperación de oficio para poder entrar y limpiarlo", apunta una voz municipal, que señala también que el distrito se pondrá en contacto con David y Mónica para hablar sobre el futuro del espacio.