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Barcelona firma un acuerdo con los guías para limitar los grupos turísticos

Un grupo de turistas con guía en la zona de la Catedral, en Ciutat Vella.

Un grupo de turistas con guía en la zona de la Catedral, en Ciutat Vella. / JOAN CORTADELLAS

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Patricia Castán
Patricia Castán

Periodista

Especialista en Economía local, comercio, turismo, vivienda, ocio, gastronomía y tendencias urbanas.

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De cero a cien en apenas unas semanas. Así ha recuperado al turismo el centro de Barcelona esta primavera, recibido por algunos como una bendición imprescindible para la economía local, y para otros (sobre todo vecinos) como una plaga en términos de saturación de diversos espacios. El ayuntamiento cree que la fuerte presencia de grupos guiados en Ciutat Vella debe ser domesticada para evitar esas sensaciones de invasión, así que este martes ha anunciado un acuerdo con las dos principales patronales de guías profesionales para que la actividad se integre mejor en los barrios afectados. Lo encabezan la limitación de los grupos a un máximo de 15 personas en ese distrito, y de 30 en el resto de la ciudad.

El gobierno municipal liderado por 'comuns' y socialistas se mueve en unas aguas pantanosas de casi amor-odio al turismo, como uno de los pilares de la economía local que además alimenta a otros muchos sectores, pero no exento de efectos secundarios. La alcaldesa Ada Colau reitera últimamente que la actividad es "muy positiva" para Barcelona, pero que hay que ponerle coto, con especial fijación contra los cruceros. En Ciutat Vella, el concejal Jordi Rabassa ya abrió la polémica en Semana Santa al arremeter contra el regreso del turismo, después de que el distrito estuviera casi desierto de visitantes durante la pandemia.

Es precisamente Ciutat Vella el epicentro del debate, y son cientos de grupos guiados los que amplifican esa compleja convivencia de usos vecinales y económicos. Por eso, la nueva Declaración de buenas prácticas alcanzada (un total de 18) está llamada a ordenar parcialmente el trajín turístico, con limitaciones y bastante sentido común. Unos 800 guías que operan en la metrópolis integrados en la Associació de Guies Habilitats pera la Generalitat de Catalunya per un Turisme Responsable i de Qualitat (AGUICAT) y en la Associació Professional de Guies de Turisme de Catalunya (APIT) adquieren ese compromiso, que no solo aspira a despresurizar el centro de Barcelona y sus iconos, sino también a ofrecer una "mejor experiencia" al viajero interesado en conocer la ciudad. Se espera que se sumen otros colectivos, desde agencias de viajes, empresas de transporte, navieras de cruceros, escuelas y demás.

Gestionar excesos

Para el concejal de Turismo, Xavier Marcé, es necesario gestionar mejor el "exceso de grupos organizados en espacios de Barcelona muy masificados" y con guías no siempre profesionales. "Se trata de autorregular el tema", de la mano de los propios implicados. Y esa "voluntad" es precisamente la que hace que se hable de declaración y no de normativa, en tanto que el "encaje jurídico" para convertirla en obligación no está resuelto en estos momentos. Al tratarse de la vía pública, la prohibición o limitación de lo que podría contemplarse como libre circulación de paseantes está pendiente de articular.

De hecho, son los llamados 'no profesionales' los que más inquietan al consistorio. Esos supuestos grupos organizados que se pasean por las zonas turísticas capitaneados por guías no acreditados, que además de ofrecer en muchos casos información dudosa, tienen pocos miramientos en cuanto al volumen de los grupos o los puntos que recorren, estén o no masificados. Se consideran 'freetours' (gratuitos, aunque funcionan con propinas), lo que dificulta aún más su ordenamiento. Rabassa espera "aislarlos" si el resto exhibe las buenas prácticas.

Así que la Declaración será una herramienta muy útil para ordenar el ámbito profesional, pero no puede imponerse --de momento-- al resto. Rabassa confía en que a corto plazo se logre la regulación formal que permita sancionar y acabar con las malas prácticas, ha subrayado durante la presentación.

Desatascar el centro

En Ciutat Vella, por sus características, el acuerdo fija un máximo de 15 turistas por grupo guiado en todos sus barrios menos el Raval, pero también prescribe el uso de audioguías para reducir el impacto acústico de las explicaciones y agilizar la movilidad de los turistas y del resto de peatones. Además, para 24 calles (en algunos casos solo algún tramo) se establece un sentido único que evite colapsos de gente. Entre ellos figuran la plaza de Sant Felip Neri, la de Santa Maria, las calles del Bisbe, del Call, de la Ciutat, de Sant Honorat, de los Capellans y otras, donde se circulará en filas de dos o una persona por la derecha.

Por otra parte, se fijan aforos o límites "deseables" al número de grupos que pueden concentrarse ante espacios o monumentos con saturación de público, como las plazas de Sant Jaume y Reial (8 grupos), el Fossar de les Moreres (3), el paseo del Born (3), la plaza del Rei (5), la del Àngel o la Barceloneta (1), entre otros. "Pedimos respeto para espacio frágiles", ha clamado Rabassa, en defensa de "visitas de calidad" y de "sacar presión" a los espacios vecinales.

Las medidas abarcan la implicación de los guías acreditados para buscar ubicaciones más espaciosas donde impartir las informaciones y el dejar libre un mínimo del 50% del ancho de las calles. Incluso se definen cinco únicas ubicaciones en el centro de la urbe para la parada de los grupos o su reencuentro: en una parte de la avenida de la Catedral, la plaza de Catalunya, de Urquinaona, de la Universitat y Comercial. En cuanto a los mercados de la Boqueria y Santa Caterina (ya antes regulados) se prohíbe el acceso de grupos de más de 15 los viernes y sábados del 1 de abril al 30 de octubre.

En el resto de la ciudad, los grupos serán de un máximo de 30 personas, adaptados al tamaño de los espacios a visitar. Y se aboga también por la no utilización de altavoces. En el transporte público siempre debería ser con audioguías.

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Pero además se apuesta por la no captación de turistas en la vía pública y el fomento de la compra de entradas anticipada y las visitas ya programadas, en un escenario en el que los guías se comprometen a mantener sus conocimientos actualizados sobre el espacio público, las ordenanzas, la ley de turismo, la preservación de la intimidad y la evitación de exponer a menores en fotografías, entre otros.

Diferenciar la oferta

La presidenta de AGUICAT, Macarena Bergada, ha reivindicado aLcolectivo acreditado frente quienes no lo están: "No lo hacemos durante nuestro tiempo libre ni en los fines de semana. Somos profesionales del turismo". Para Inés Calzado (APIT), los tours gratuitos sin gestión organizada generan colapsos, y cuando utilizan altavoces generan conflictos en el espacio público. En este sentido, el ayuntamiento aportará recursos para la tecnificación y digitalización de la actividad.