Reivindicación a pedales

Barcelona: bicilización o barbarie

Los ciclistas urbanos celebran con un desfile 25 años de conquistas y con la incógnita de cuándo la red de carriles será segura en su conjunto

FERRAN NADEU

6
Se lee en minutos
Carles Cols
Carles Cols

Periodista

ver +

“Hay países que van tan atrasados que la gente todavía va en bicicleta. En cambio otros son tan avanzados que la gente ya empieza a ir en bicicleta”. Esas dos frases las escribió en 1997 el antropólogo Manuel Delgado en un artículo de opinión que, más que profético, era de una lucidez envidiable para los tiempos que corrían entonces, en los que ir en bicicleta por Barcelona podía parecer solamente propio, decía él, “de un desgraciado que no puede moverse en otra cosa, un ecologista en busca de redención o un esnob que se las quiere dar de algo”. Barcelona, tras dos años de ausencia por covid, ha celebrado este domingo la Fiesta de la Bicicleta 2022, muy concurrida, con una muestra de productos del sector en una feria instalada en el paseo de Lluís Companys, curiosos anuncios de novedades venideras en materia de Bicing cara al octubre y, sobre todo, una ‘bicicletada’ por las calles de la ciudad (mira tú, Manuel, lo que ocurre un cuarto de siglo después) con aires de desfile de la victoria.

Primero, la noticia. Ha sido anunciada por la concejala Laia Bonet. Interesa a esos 131.000 abonados del Bicing, una cifra de usuarios que realmente impresiona. Descontada la población que por edad no puede darse de alta en este servicio, es un 10% de la población local, que se dice pronto. En 2021, las bicicletas del Bicing realizaron 14 millones de viajes y, vistos los promedios diarios de uso de este 2022, el año en curso se cerrará con un nuevo récord.

Lo que Bonet ha anticipado es que a partir de otoño un ‘software’ con memoria de lo ocurrido hasta la fecha proporcionará a los usuarios predicciones a 15 y 30 minutos vista sobre qué probabilidades tendrán de encontrar una bicicleta en cada unas de las 519 estaciones de la ciudad. El chasco de encontrarla vacía resulta hoy por hoy frustrante. Las bicicletas disponibles son 7.000 (3.000 de ellas eléctricas, 4.000 a final de año, según la previsión municipal) y su distribución depende en realidad de lo que los usuarios hagan con ellas.

Una bicicleta realmente de talla familiar, un ingenio cada vez más habitual en la ciudad,

/ FERRAN NADEU

De ese ‘software’ predictivo, conocedor de los hábitos de los ciclistas, se espera que mejore aún más la estadística de uso de cada unidad, porque lo que seguro que está descartado es incrementar el parque móvil de bicicletas públicas. Este servicio no se puso en marcha hace 15 años con voluntad de crecer sin techo en función de la demanda, sino como simple válvula con la que cebar la bomba de la movilidad a pedales, o sea, con el propósito, en parte, de que antes de comprar cada cual su propia bicicleta propia, los potenciales ciclistas supieran si esto estaba hecho para ellos. En cierto modo, esa estrategia bebía, tal vez sin saberlo, de las interesantes reflexiones que Delgado formuló en 1997. Como esta.

“Con la bicicleta uno se encuentra ante una de esas típicas paradojas de la condición de civilizado. Pasa como con el nudismo. Ir desnudo puede ser hipercivilizado o subcivilizado, o eres un naturista socialdemócrata sueco o un reductor de cabezas de la Amazonia”. Pues resulta que, aunque algunos las manejan como una cerbatana con dardos de curare, Barcelona pedalea poco a poco pero de forma incuestionable para ser uno de esos lugares tan avanzados que van en bicicleta y, por cierto, cada vez con mayor indiferencia ante las condiciones climáticas. Las bicicletas han resultado ser para el verano, para el invierno e incluso para los días de bochorno como los de la semana pasada.

Ciclistas con niños en la hostil plaza de Espanya.

/ FERRAN NADEU

El paseo realizado con motivo de la Fiesta de la Bicicleta por las calles del Eixample y de Sant Martí (unas 2.000 personas, según el ayuntamiento) ha estado a la altura, en número de participantes, de la KidicalMass celebrada el pasado 15 de mayo, en la que se reunieron, sobre todo, los llamados ‘bicibús’ de Barcelona y el resto de Catalunya. Al igual que entonces, el perfil de los participantes, sin ser homogéneo, despuntaba por la presencia de menores de edad, la gran asignatura por resolver. Les cuento.

Los ciclistas de hoy y, sobre todo, de mañana.

/ FERRAN NADEU

Noticias relacionadas

La red de carriles bici ha crecido notablemente. En siete años se ha duplicado el número de kilómetros disponibles. Son ya 240 y el propósito es alcanzar en 2023, coincidiendo con el final del mandato municipal, los 272 kilómetros. El problema es que los hay celestiales e infernales. Las políticas públicas de la bicicleta han sido, sobre todo, erráticas. La última gran reforma de la Diagonal, por ejemplo, que aún no ha cumplido ni 10 años, no solo maltrató a los usuarios del bus, porque situó las paradas en unas franjas de humillante acceso, sino que con esa decisión propició que el carril bici sea, de forma intermitente, exageradamente estrecho.

La bicicletada, en ruta.

/ FERRAN NADEU

El recién estrenado paso ciclista por la plaza de Cinc d'Oros en dirección Besòs es (vayan a verlo en intenten descifrar cómo funciona ese cubo de Rubik de la movilidad) un tramo corto pero endiablado y, lo que parece evidente, no aconsejable para niños. Esa es la cuestión. La Fiesta de la Bicicleta ha sido en gran parte familiar y, por lo que parece, el próximo paso puede que no sea solo hacer crecer aún más la red ciclable, sino hacerla en especial más segura, incluso esa que formalmente ya lo es. Esta crónica, de hecho, está especialmente dedicada a esos conductores, de reparto o particulares, que bloquean el carril con sus vehículos y que suelen tener solo dos frases de excusa, “es solo un momento” o “estoy trabajando”, y que ofrecen siempre como solución que el ciclista se incorpore al carril de los vehículos de motor para sortearles. ¿Los menores también?

Un 9% de usuarios del Bicing equivale a un bosque de 62 manzanas del Eixample

Un estudio encargado por el Ayuntamiento de Barcelona ha puesto algo de luz sobre qué supone realmente la bicicleta en términos de salud medioambiental. El estudio toma como universo de análisis exclusivamente a los usuarios del Bicing, y dentro de este grupo, solo a los que, según las encuestas, aseguran que en caso de que no existiera este sistema de alquiler de bicicletas utilizarían la moto o el coche para desplazarse. Así lo confiesa un 9% de los usuarios de Bicing.

Si ese 9% de los ciclistas cotidianos de Bicing emplearan vehículos de combustión generarían cada año 400 toneladas de CO2 o, dicho de otro modo, un volumen de gases de efecto invernadero que solo podrían ser absorbidos por un denso bosque que ocupara 62 manzanas del Eixample.

La aportación total a la calidad del aire que suman todos los ciclistas de la ciudad es, sin embargo, una cifra incierta, en primer lugar porque no hay un censo del número de bicicletas que hay en la ciudad, y en segundo lugar porque los contadores instalados en la vía pública para medir la intensidad de uso de los carriles bici están instalados solo en algunas calles, de modo que el tráfico a pedales en áreas pacificadas, como Gràcia, Ciutat Vella y Sant Andreu, se desconoce con exactitud. Como mucho, a través de encuestas se sabe que la suma de usuarios de bicicletas y patinetes es casi un 10% de la movilidad de los empadronados en Barcelona.