MEMORIA HISTÓRICA

El Sants rural 'resucita' en un enorme mural regalo de un hijo a su madre

  • Carles Pageo homenajea a su madre, Mercè Burés Fàbregas, y a sus raíces agrícolas con una preciosa fotografía familiar de 1941 dibujada en un muro de 30 por 10 en una obra firmada por Roc BlackBlock junto a la Rambla de Sants

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Helena López
Helena López

Redactora

Especialista en movimientos sociales y vecinales

Escribe desde Barcelona

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El bisabuelo de Mercè Burés Fàbregas (1936) tenía una mula arrojada que era siempre la primera a la hora de ayudar a desembarrancar los carros que acostumbraban a quedar atrapados en el barrizal que en aquel entonces se convertían cada vez que llovía aquellos caminos, en la actual plaza de Cerdà. De escucharle siempre animarla "arri, valenta, arri!", le acabó quedando el nombre: 'Valent'. Y el 'Valent' tenía dos hijos; el pequeño, el abuelo de Mercè. De ahí que su masía acabara conociéndose como Cal Valent Petit.

Lo recuerda Mercè con una sonrisa orgullosa, sincera y tierna, sentada en la terraza del bar regentado por sus hijos en los bajos de su vivienda, frente a parada de metro de Mercat Nou, en el corazón de Sants. Es lunes y son las 10 de la mañana y todavía tiene la emoción de la jornada anterior a flor de piel. Su marido y sus hijos le regalaron por sorpresa, por increíble que parezca, un enorme mural con una fotografía de Mercè de niña junto a sus padres, su hermano, su prima y su tía en la imponente -tiene 30 metros de altura y 10 de anchura- medianera de su finca, que se se impresionante desde la rambla de Sants, sobre el cajón. Sobre la fotografía, un título -'Sants, la pagesia a les arrels'-; debajo, un pie: familia Burés Fàbregas, 1941.

"No me da vergüenza decirlo: lloré mucho. Fue precioso hacerla feliz", recuerda la jornada previa, sentado a su lado, Josep Pageo, su marido desde hace 62 años. La mirada que le devuelve su mujer confirma que no miente. Efectivamente, la han hecho feliz. "La idea fue del pequeño, Carles", prosigue el hombre mientras muestra en un gran plano titulado 'Les masies de Sants, Hostafrancs i la Bordeta als anys 30', donde estaba ubicada Cal Valent Petit, "junto al cuartel de Lepanto".

Josep, Mercè y Carles, este lunes frente al flamante mural.

/ JORDI COTRINA

"Quería homenajear al pasado agrícola del barrio. Se ha escrito mucho sobre el pasado industrial, pero no sobre rural, y como yo vengo de ahí, y teníamos en casa esta pared, contacté con Roc BlackBlock para proponerle la idea", señala Carles, quien enseguida contó con la complicidad de su padre y su hermano cuando, tras ver la fotografía familiar con el carro y el caballo, el mural pasó de ser solo un homenaje a la historia más desconocida del barrio para serlo también a su familia. A su madre.

Sobre si recuerda el día de la foto -de 1941, cuando tenía cinco años- Mercè ya no sabe si recuerda el día o recuerda la foto. Era en Can Tunis, donde iban a bañarse, no en Cal Valent Petit (el moderno bañador de su tía da una pista). "Sants llegaba hasta el mar", señala su marido con orgullo. Sí recuerda bien Mercè como hasta se casó con Josep, a los 23 años, cogía cada día el tranvía 52 e iba a vender las verduras que cultivaban al mercado del Born, "allí en Barcelona". A las cinco de la mañana. Tenían que llegar muy temprano porque vendían a los paradistas. "El 52 era un tranvía abierto e iban tan cansadas que se le iba la la cabeza por la ventanilla", apunta su marido.

Vendían alcachofas, pepinos, calabacines... y también hacían vivero para el resto de masías de Sants, otras 53 en los años 30 del siglo pasado según el plano que muestra Josep. Eso hacía que todos los payeses del barrio pasaran por allí y conocieron al padre de Mercè, que llegó a ser el presidente del sindicato de payeses de Sants, barrio que durante aquellos años se conocía como "la despensa de Barcelona".

El testimonio de Cal Bruixa

De aquel pasado no tan lejano queda poco en pie, pero queda algo (además, ahora, del gran mural en el 53 de la Riera de Tena). Una de las más emblemáticas es la masía de Cal Bruixa -de los tíos de Mercè- en estado casi ruinoso, pero en pie y calificada como equipamiento, dentro del recinto de Can Batlló.

Íbamos a vender las verduras al mercado del Born, allí a Barcelona

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El historiador local y activista por la memoria de Sants, Agus Giralt, pone contexto. En la primera mitad del siglo XIX con la construcción del canal de la Infanta que llevaba el agua del Llobregat hasta Sants hizo que aquellos terrenos pasaran de una agricultura de supervivencia a una una zona de alta producción, y el propio canal acabará siendo la excusa para la llegada de la industria a mediados del XIX, ya que son vapores y los vapores necesitan agua. "Eso permite cosas raras como Cal Bruixa, una masía dentro de una fábrica", destaca Giralt, quien apunta que el futuro equipamiento en el que debe convertirse la vieja masía de Can Batlló podría servir como centro de interpretación para explicar la(s) historia(s) del barrio.

Asignatura pendiente

El hijo de Mercè habla satisfecho. El mural ha quedado espectacular y ha logrado ya varios de sus objetivos: sorprender a su madre [el más importante a ojos de su padre] y poner sobre la mesa el pasado rural del barrio; sus raíces. Pero el camino ha sido largo. "El papeleo y la burocracia se ha alargado casi un año. Yo no digo que desde el ayuntamiento nos tuvieran que ayudar, ya nos dejaron claro que era algo privado, pero como mínimo hubiera estado bien que no pusieran palos en la ruedas", denuncia Carles, quien explica que también pidió que limpiaran los terrenos municipales que rodean la finca para que no afearan la postal del mural desde la Rambla, por el momento sin éxito.