Contaminación acústica

El 57% de los barceloneses convive con niveles de ruido inaceptables

El ayuntamiento prevé actuar en 11 puntos de la ciudad en los que el ocio nocturno genera problemas de salud a los vecinos del entorno, pero no prevé cambios en los horarios de apertura de bares y restaurantes

Botellón en la plaza del Sol de Gràcia, durante el verano de 2021

Botellón en la plaza del Sol de Gràcia, durante el verano de 2021 / Manu Mitru

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Carlos Márquez Daniel
Carlos Márquez Daniel

Periodista

Especialista en Movilidad, infraestructuras, política municipal, educación, medio ambiente, área metropolitana

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En las ruedas de prensa de balance de la siniestralidad, es inevitable una cierta sensación de descompensación. Entre las cifras, trágicas, y las medidas que se tomarán para tratar de paliar la situación. El diagnóstico es penoso, con más de 20 accidentes con heridos cada día en Barcelona, con decenas de muertos y heridos graves a lo largo de 12 meses. Pero el tratamiento, amén del buen hacer del equipo investigación y prevención de siniestros de la Guardia Urbana, siempre sabe a poco. En una ocasión, en el mandato anterior, se redujo a la puesta en circulación de un coche policial no logotipado que iría retratando infractores. Ese peculiar sabor de boca ha vuelto este jueves tras conocerse el plan de medidas contra la contaminación acústica 2020-2030. Es un problema de salud muy grave, sostiene el ayuntamiento, pero las soluciones quizás no destilen la contundencia que cabría esperar de un dato tan contundente como este: el 57% de la población se enfrenta a diario a niveles de ruido causados por el tráfico superiores al límite máximo recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Gemma Tarafa, concejala de Salud, ha expuesto primero el balance de daños. Ha hablado de cuatro grandes impactos: el trastorno del sueño, las enfermedades cardiovasculares y metabólicas, la mortalidad derivada de estas dolencias del corazón y el desarrollo cognitivo de los niños. Es decir, dormir mal puede generar ansiedad y estrés, y ese agobio puede derivar en el peor final posible. Según la Agencia de Salud Pública de Barcelona, 210.000 barceloneses (el 16% de la población) sufren una molestia intensa (afectación emocional, psicológica y social severa) y más de 60.000 padecen un trastorno grave del sueño a causa de la exposición continuada al ruido del tráfico. También el estruendo de los coches es responsable de 300 nuevos casos al año de cardiopatía isquémica del corazón y del 3% de las muertes por esa enfermedad. Eso implica 30 muertos al año, más del doble que las personas fallecidas en siniestros de tráfico en la ciudad durante 2021.

Zonas tensionadas

Ante esta inquietante postal, el consistorio plantea una serie de medidas y estudios. Tanto para el tráfico como para el ocio nocturno, la otra gran fuente de ruido aunque solo el 3% de la población está expuesta a niveles intolerables fruto de esta actividad. Es un porcentaje engañoso, puesto que es la media de los siete días de la semana, lo que silencia y deja fuera del gráfico muchas zonas cuyos problemas se concentran solo en fin de semana. Que no haya más fuentes de algarabía, por cierto, es la enésima evidencia de que Barcelona dejó de ser una ciudad industrial hace muchos años.

El ayuntamiento ha creado una lista de zonas tensionadas acústicamente en horario nocturno. Tras la previsible aprobación del pleno municipal, en la sesión de finales de mayo, se espera iniciar una fase de estudio de todas estas plazas y calles (ver mapa) para impulsar un plan adaptado a cada zona. No se espera, por si alguien se lo pregunta, modificar los horarios de apertura de bares y restaurantes. Se hizo en la plaza de Osca, por ejemplo, y aquello generó, además de la ira del Gremi de Restauració, un fallo judicial desfavorable. A un año de las elecciones, no está el gobierno de Ada Colau para más demandas.

Atasco en la Gran Vía de Barcelona

/ JORDI OTIX

Este enclave de Sants es uno de los citados en la lista negra del ruido trasnochado. Y no es una cosa de ahora: ya en 2014, la entonces síndica de Barcelona, Maria Assumpció Vila, instó al consistorio que entonces gobernaba Xavier Trias a intervenir para "solucionar los problemas de convivencia y ruido". Los vecinos de la plaza de Osca, y los del resto que de epicentros de la bulla nocturna, podrán solicitar subvenciones para aislar sus ventanas, una ayuda, ha precisado el concejal de Emergencia Climática, Eloi Badia, que se espera que sea "el último recurso", pues antes va toda la pedagogía y la colaboración con los agentes implicados para evitar que se tenga que admitir que el problema es inevitable.

La lista

En esa lista, por cierto, llama la atención que se incluyan "algunas plazas de la Vila de Gràcia". A preguntas de este diario, el ayuntamiento señala que se concretarán más adelante "junto con el distrito y las asociaciones de vecinos". El resto de puntos negros son los siguientes: Enric Granados, George Orwell, Joaquim Costa, Almirall Churruca, Rambla del Poblenou, Rogent, Allada Vermell, Nou de la Rambla i Triangle Lúdic.

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Algunos de los planes en marcha por el consistorio, como el plan de ejes verdes el el proyecto de ciudad 30 (en referencia al límite de velocidad) forman parte de las medicinas previstas para tratar al paciente. Sucedía lo mismo en el plan anterior, que abordaba los años 2010-2020, cuando se hablaba de "potenciar el servicio del Bicing y los carriles bici", del fomento del 'car sharing', de los caminos escolares o del pavimento sonoreductor. También hace 12 años se hablaba del papel de las zonas 30 y, a través del Consorcio de la Vivienda, se prometían ayudas para la insonorización de viviendas.

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/ El Periódico

En el plan que ahora empieza habrá también campañas de sensibilización a motos y ciclomotores y se instalarán dos radares acústicos que por ahora no sancionarán pero que servirán, ha detallado Badia, para ver cómo está la situación. No han concretado dónde se colocarán porque, en principio, irán cambiando de ubicación. Del mismo modo, se incrementará la protección de entornos escolares (la idea es que sean 200 antes de terminar 2022) y entre junio y finales de septiembre se desplegarán por los 10 distritos (en zonas de especial concurrencia ciudadana) 48 informadores que se encargarán de concienciar sobre la necesidad de reducir el ruido ambiental. La distribución de estos agentes cívicos quizás sea el mapa real del ruido nocturno de Barcelona. El tiempo dirá si todas estas medidas lograrán acallar la ciudad. O si la cosa quedará igual, con mucho ruido y pocas nueces.