Modelo urbanístico

Plan de usos del Eixample: Barcelona debate cómo evitar la ciudad de las dos velocidades

La futura ordenación de la restauración y el comercio en el distrito a raíz del proyecto de 21 ejes verdes se dirime entre la protección de la identidad y el peligro de tratar a los seis barrios como un bloque homogéneo

Terrazas en la acera de Enric Granados que ofrecen ’fresh healthy food’ y ’organic juices’

Terrazas en la acera de Enric Granados que ofrecen ’fresh healthy food’ y ’organic juices’ / Jordi Cotrina

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Carlos Márquez Daniel
Carlos Márquez Daniel

Periodista

Especialista en Movilidad, infraestructuras, política municipal, educación, medio ambiente, área metropolitana

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El Eixample nació con vocación de igualdad. Ildefons Cerdà dibujó su plan de ensanche de Barcelona desde el Besòs hasta Montjuïc con la idea de que no hubiera diferencias entre los barrios, con el deseo de que la calidad de vida fuera tan universal como homogénea. Distribuía parques, iglesias y estaciones de tren; con una gran plaza en el centro, Glòries, que acumula 160 años de infructuosos inventos. No contaba el urbanista, o quizás sí pero eran factores que escapaban a su lápiz y a su generación, con que aquella ciudad dentro de la ciudad terminaría generando compartimentos estancos. Núcleos con vida propia vinculados a equipamientos (mercados, sobre todo), la movilidad, la cercanía al mar o a las fábricas o a la huella de los que, como Antoni Gaudí, Lluís Domènech i Muntaner o Josep Puig i Cadafalch, se encargarían de dar forma a su estructura urbana. El Eixample surgió para aliviar la insostenible situación social y sanitaria de la vieja Barcelona amurallada. En 2022, en cambio, lucha por su propia supervivencia con muchos frentes abiertos para intentar mantener su identidad: envejecimiento de la población, tráfico desatado y monocultivo comercial, turístico y de restauración. Cómo conseguirlo es lo que está sobre la mesa.

Un viernes cualquiera en la supermanzana de Sant Antoni

/ Álvaro Monge

El pleno municipal de septiembre de 2013 dejó un enconado debate sobre el turismo, en un momento en el que la ciudad debatía su hoja de ruta a cinco años vista. El alcalde Xavier Trias, tras una dura ofensiva de Ricard Gomà (ICV-EUiA), echó mano del retrovisor, y, seguramente forzado por la dinámica de la discusión, dijo: "En 1992, en Barcelona había 25.000 camas, y en el 2011 -cuando CiU se hizo con el ayuntamiento- eran 63.528, así que no he sido yo quien ha generado esta burbuja turística en la ciudad". Zasca. A nadie se le escapaba que los ecosocialistas habían sido los principales socios de gobierno del PSC en esas tres décadas. Sirva ese lance para evidenciar que lo de hoy viene de lejos. Ordenanza de terrazas, plan de usos de Ciutat Vella, plan especial urbanístico de alojamientos turísticos..., la capital catalana lleva años intentando que la 'acqua alta' de Venecia no llegue a este lado del Mediterráneo. Ahora, parece ser (tarde, para unos; excesivo, para otros), es el turno de mantener a flote el Eixample.

Dos velocidades

El plan de 21 ejes verdes (en junio empiezan las obras de los primeros cuatro, con Consell de Cent como buque insígnia) obliga a establecer nuevos límites de explotación comercial y de restauración para evitar una Barcelona de dos velocidades. Los planes de uso de Sant Antoni, tras la creación de la supermanzana, y de la calle de Girona, sirven como paradigma. Pero la idea es trascender a un perímetro concreto y actuar bajo un mismo prisma en todo el distrito.

Y ahí es donde surgen las distintas visiones, entre los que, efectivamente, creen que la aplicación debe ser global, y los que consideran que hay que acotarlo a las zonas que forman parte de esta transformación que tiene como fecha de entrega de llaves el año 2030. Porque, sostienen, nada tiene que ver Enric Granados con cualquier calle del Fort Pienc. En cualquier caso, por mucho que se actúe en lo que se ve desde la calle, será mucho más complicado intervenir en lo que no se ve, esto es, el comportamiento (siempre al alza) del precio de la vivienda una vez una avenida de coches se convierta en un paseo casi peatonal.

El distrito concentra el 16,2% de la población total de la ciudad, pero con una densidad un 21% superior a la media, con 36.000 personas por kilómetro cuadrado, a mucha distancia del segundo, Gràcia, que resguarda a 29.000 'graciencs' por kilómetro cuadrado. Concentra el 18,2% de ciudadanos que viven solos, porcentaje que escala hasta el 21% en el caso de los mayores de 90 años, y la ocupación media de los domicilios es la segunda más baja de la ciudad, con 2,41 personas por vivienda, solo superada por Gràcia (2,34 moradores).

Es, después de Les Corts, la zona con la edad media más alta, con 44,6 años, y es el distrito con menos zona verde: la friolera de dos metros cuadrados por vecino, mientras que los 'sarrianencs' (gracias, Collserola) tienen 16 m2. Mucho tendrá que ver que no se respetaran los interiores de manzana destinados a parques y jardines, tal y como diseñó Cerdá en 1859. Y aún gracias que los alcorques se consideran zona verde y el Eixample es el segundo distrito con más árboles, después de Sant Martí.

Un padre agarra a sus hijos para cruzar la calle de Aragó

/ Ferran Nadeu

La 'parquetematización' del Eixample es un fenómeno latente. Venecia, por ejemplo, ha perdido a la mitad de su población en los últimos 50 años. El distrito de Cerdà, por hacer un símil, es el segundo con la mayor tasa de envejecimiento, uno de los que menor tasa de nacimientos tiene y el segundo con la mayor tasa de mortalidad. En 2010 recibieron 2.081 retoños. En 2020 fueron 1.713. Niños y niñas que llegan a unas calles con una esperanza de vida de 82 años, tres más que en Ciutat Vella pero dos menos que en Les Corts. En resumidas cuentas, una población mayor en la que muere más gente de la que nace y en la que, difícilmente, se instalarán barceloneses de otros barrios, pues el precio del metro cuadrado es el tercero más alto de Barcelona, solo superado por los sospechosos habituales, Sarrià-Sant Gervasi y Les Corts. Acaricia los 4.800 euros por m2, mientras que la media de la ciudad està en 4.170.

Mileuristas 'not welcome'

Quizás se pregunten por la oferta de vivienda social en los seis barrios que componen el Eixample. Sintiéndolo mucho, y según cifras de 2020, solo hay 151 viviendas protegidas, el 1,3% del total de toda la ciudad. Muy lejos de las 2.680 de Ciutat Vella o las 2.224 de Nou Barris. Es de hecho, con diferencia, el distrito con menos pisos sociales a pesar de ser el más poblado (Sarrià-Sant Gervasi lleva la plata colgada del cuello, con 197).

Combinado con el precio del alquiler y de compra, no parece un lugar fácil para que los jóvenes mileuristas puedan arraigar. A no ser que cumplan los parámetros de sueldo y renta familiar. El salario medio acaricia los 35.000 euros anuales (el tercero más alto), así que los vecinos de Ciutat Vella (22.500 euros), Nou Barris (22.800 euros) o Sant Andreu y Sants-Montjuïc (ambos, sobre los 27.500 euros) lo tienen difícil para establecerse en el corazón de Barcelona. Misma historia con la renta disponible de los hogares por cápita: medalla de bronce y a muchos dígitos de los vecindarios más humildes. Sobre el empleo, hay un dato muy revelador. Los porcentajes de vecinos del Eixample que trabajan en el el distrito y el de residentes que trabajan fuera de él se han intercambiado. En 2014, el 45,3% podían ir a la oficina en pantuflas, mientras que en 2020 eran el 39,7%. Y en 2014, los que tenían el empleo fuera eran el 36,4% y ahora son el 42,6%. ¿Camino de la ciudad dormitorio?

Trafalgar, uno de los mejores ejemplos de monocultivo comercial en el Eixample, en la frontera con Ciutat Vella

/ Álvaro Monge

El tráfico y la contaminación (junto con Gràcia, la zona más polucionada) forman parte del ADN del Eixample. Por estos barrios circulan a diario unos 380.000 vehículos, 80.000 de los cuales lo hacen por la calle de Aragó. Tiene su lógica si se tiene en cuenta que en el plano topográfico del llano de Barcelona, realizado por Cerdà en 1855, pueden distinguirse las carreteras que entonces iban hacia Sants, Sarrià, Gràcia, Sant Martí de Provençals o Sant Andreu del Palomar. Es decir, el nuevo distrito se levantó en lo que antes era una zona para enlazar con otros municipios que, 40 años después, se irían anexionando a la gran ciudad.

Hay que moverse

La necesidad de la población de seguir moviéndose, la configuración de calles anchas -de 20 y 50 metros-, el posterior 'boom' del automóvil y la relación cada vez más cercana y estrecha con las localidades limítrofes convirtieron estos barrios en conectores viarios de los 3,2 millones de personas que forman parte del área metropolitana de Barcelona. Todo este tráfico tiene su lógico reflejo en la siniestralidad: casi un tercio de los accidentes se producen en el Eixample. También ahí, en un suponer, los ejes verdes deberían echar una mano.

Escasa vida callejera en Sardenya con Casp, el pasado viernes por la tarde

/ Joan Cortadellas

La restauración, la hostelería y el turismo son, seguramente, los aspectos más heterogéneos del distrito, con mucho más movimiento a la izquierda que a la derecha del Eixample. A nivel global, el distrito concentra el 20% de los locales en planta baja (con claros ejemplos de monocultivo de tiendas, como sucede con el textil del entorno de Trafalgar), pero también el 36,7% de los restaurantes y el 24,8% de los bares.

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¿Terrazas? aquí están el 40% del total de la ciudad. Para poder calibrar la cifra, en segunda posición está Ciutat Vella, con el 15% de los restaurantes y el 14,3% de los bares. En cuanto a alojamiento turístico, 57.439 plazas están en estos seis barrios, lo que supone el total de 156.748 camas disponibles en todas sus variantes, desde hoteles a apartamentos turísticos, pasando por albergues, hostales o residencias de estudiantes.

Mercado de Fort Pienc, nada que ver con el ambiente de Sant Antoni, el pasado viernes

/ Joan Cortadellas

Si se mira por número de establecimientos (también repartidos de manera desigual, en favor de las calles que quedan a la izquierda de paseo de Gràcia), el Eixample condensa el 41% de los hoteles y el 47% de los apartamentos turísticos. Nou Barris -aquí sí que duelen las comparaciones- tiene 736 plazas de alojamiento, el 0,5%. Ya en tiempos de Trias se hablaba de descentralizar el turismo, pero el consistorio sigue sin encontrar la poción para lograrlo. Cómo quedará el pastel con los 21 ejes, es lo que se quiere regular. Ahora está por ver si el plan de usos del Eixample es magia para el distrito o un simple juego de trileros.