Revisión del nomenclátor

La Barcelona gitana saca pecho con un museo en Ciutat Vella y una calle dedicada a Rafael Perona

El primer museo sobre la historia del pueblo gitano de Barcelona.

El primer museo sobre la historia del pueblo gitano de Barcelona. / JOAN CORTADELLAS

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Helena López
Helena López

Redactora

Especialista en movimientos sociales y vecinales

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El activista gitano y antidesahucios Rafael Perona Cortés, fallecido en diciembre de 2020, tendrá una calle en La Mina, el barrio por el que tanto luchó. Así lo aprobó -con polémica por las formas- el pleno de Sant Adrià de Besòs el pasado 28 de marzo. El cambio de nombre de la Antiga Carretera de La Mina por calle de Rafael Perona Cortés, impulsor del célebre Festival de Cante Flamenco en el barrio, será este viernes, 8 de abril, Día Internacional del Pueblo Gitano. Una jornada en la que también se hará oficial la nueva denominación de la plaza del Poble Romaní, en Gràcia, que a partir de entonces se llamará plaza del Poble Gitano a petición de la comunidad.

El activista antidesahucios Rafael Perona, en una imagen del 2011.

/ ALBERT BERTRAN

El rebautizo de la plaza de Gràcia -que también ha sido reformada, aunque el resultado no acaba de convencer, esa es otra historia- se hace casi 30 años después de su inauguración, en 1993.

"Esta fue la primera plaza dedicada al pueblo gitano en todo el mundo y queríamos que todo el mundo entendiera lo que significa. Lo del pueblo romaní muchas personas no saben lo que quiere decir. A nosotros aquí todo el mundo nos conoce como pueblo gitano y para nosotros es un orgullo que la plaza lleve ese nombre", resume Ricard Valentí, vicepresidente primero del Consell Municipal del Poble Gitano de Barcelona y presidente de la Associació de Joves Gitanos de Gràcia.

Plaza del Poble Romaní, en Barcelona, a partir del día 8 plaza del Poble Gitano.

/ RICARD CUGAT

"Parece que los gitanos solo existamos en abril", bromea con bastante razón Sam Garcia, presidente de Carabutsí, asociación del Raval nacida para recoger la memoria de los gitanos de la calle de la Cera, desde donde habla.

El comentario no es sobrero. Mientras explica el origen del 'ecomuseo' abierto en noviembre en estos bajos de protección oficial de Ciutat Vella, dos hombres se llevan en cajas de cartón una exposición sobre la historia de la rumba catalana que montarán en la UGT. Faltan pocos días para el 8 de abril, día internacional del pueblo gitano, y el teléfono de García saca humo.

Entre las cuatro paredes del acogedor número 10 de la calle de la Cera, todos los días son el día del pueblo gitano. Da la bienvenida al visitante un flamante 'jukebox' llamado 'La Gitanola' en la que en estos instantes suena la mítica 'Achilipú'.

La asociación Carabutsí -palabra comodín para los gitanos catalanes para destacar que alguna comida está muy rica- nació en el año 2018. "Queríamos recuperar la historia de los gitanos de la calle de la Cera. Nuestra historia. Con la gentrificación cada vez quedamos menos, aquí, y no queríamos que nuestra memoria se perdiera", explica Garcia, quien empezó con la intención de hacer su propio árbol genealógico. "Pero es muy difícil. Me quedé en 1.800", añade. En cambio, junto a un grupo de 12 chicas de la comunidad gitana del barrio, reunieron más de 7.000 documentos tras visitar familia a familia, casa a casa (y escanear todo lo que se les ponía por delante). Entre otras cosas, encontraron un documento de identidad de Maria Roger Izquierdo, la tatarabuela de Garcia. Profesión: vendedora.

Ecomuseo gitano en la calle de la Cera, en el barrio del Raval, en Barcelona.

/ Joan Cortadellas

Una de las cosas que más motivó a las chicas a la hora de crear el valioso archivo fotográfico aquí expuesto -tarea para la que contaron con la ayuda de investigadores del CSIC y de la asociación InterAcció- fue romper estereotipos sobre las mujeres. "Las gitanas, en los años 1950 y 1960 dejaban a los hijos y a los maridos y se iban a vender a las Américas. Se subían a un barco y se pasaban allí un mes para ir a vender lotes y ganar dinero para sacar hacia delante a sus familias", recuerda Garcia mientras señala algunas imágenes en blanco y negro de un grupo de estilosas mujeres en una terraza.

La sombra de Peret

Tras cada una de las cientos de fotografías que forma el gran mural que forra la pared del museo, una historia. "Mira, este es un jovencísimo Peret actuando con la Tía Pepi para Evita Perón", cuenta el presidente de la entidad.

Peret tiene un gran peso en el espacio. De él hay hasta un 'capgròs' hecho por los niños del barrio, que sacan a bailar para la Mercè. "Quisimos hacer el primer 'capgròs' gitano de Barcelona", apunta. Todo lo que aquí se hace y dice, por supuesto, tiene un trasfondo claro, que es la lucha contra el estigma y antigitanismo con el que todavía conviven.

"Este no es un museo normal. Es un ecosistema de historias", reflexiona el activista, quien explica que la familia ha sido para pueblo gitano "una forma resistencia".

'Escape room' rumbero

A la entrada, junto a 'La Gitanola', una máquina de escribir antigua y una de coser de más o menos la misma época. Restauradas. Preciosas. ¿Su historia? "No es que tengan nada que ver con el pueblo gitano. Es que yo vengo de una familia de chatarreros de muchas generaciones atrás. Y siempre que encuentro piezas así me gusta restaurarlas. Y mira, las puse aquí, como esa tele o las baldosas", explica. Es decir, lo tienen todo que ver.

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En la pared de la derecha, las pequeñas y grandes historias locales. En la de la izquierda, historias de gitanos de todo el mundo. De Sean Connery a Ronnie Wood. De Elvis a Charles Chaplin. De Johann Wilhelm Trollmann, 'Rukeli', a Lola Flores.

Desde el 'ecomuseu' organizan rutas guiadas por el Raval de Peret, con paradas en el Bar Salchichón y el Bar Tonis y hasta dos 'escape rooms' sobre el origen de la rumba catalana y la llegada del pueblo gitano a Barcelona.