Protesta vecinal
La Casa Orsola saca a la calle su lucha "contra la especulación" en el Eixample
Unos 200 vecinos del barrio se unen a los residentes de esta finca modernista para convencer al nuevo propietario de que se siente a negociar y renuncie a echarles

Movilización en defensa de la Casa Orsola / Zowy Voeten
Es el 'divide y vencerás' contra 'la unión hace la fuerza', el derecho a una vivienda digna contra el derecho a disponer de la propiedad privada. En la Esquerra de l'Eixample se disputa en estos días el enésimo partido entre un gran tenedor inmobiliario y una comunidad de vecinos, un encuentro en el que los segundos parten con algo de desventaja: tienen más que perder, lo que les da, por contra, muchas más ganas de dar batalla. Sucede que los residentes de la Casa Orsola, en el cruce con urbanismo táctico de Calàbria con Consell de Cent, no quieren marcharse de sus casas porque llevan ahí muchos años, pero sucede también que el pasado mes de octubre una SL compró el edificio con la intención de sacarle el máximo rendimiento posible, cosa que, al parecer, no pasa por mantener a los arrendatarios de siempre, que este sábado, acompañados de unas 200 personas del barrio, han marchado por las calles del entorno para exhibir su "unidad total contra los especuladores".

La protesta en defensa de la Casa Orsola, por las calles del Eixample, este sábado / Zowy Voeten
Resulta curioso observar cómo el urbanismo táctico, o las supermanzanas, en este caso, la de Sant Antoni, se adaptan a las vicisitudes de una manifestación. La pancarta, la procesión, los rezagados, el policía que va en cabeza compartiendo la posición con los compañeros para ir cortando y abriendo calles. Es lo de siempre. Pero con menos coches en las aceras, más terrazas y más gente paseando o sentada en un banco, la protesta adquiere un punto superior de 'voyeurismo' ciudadano. Parece como que la causa planteada adquiere más atención. Por eso Carme Arcarazo, portavoz del Sindicat de Llogateres, aprovecha cualquier esquina con bares para coger el micro y explicar, una y otra vez, las razones que les han llevado a movilizarse. "Esto podría pasaros a vosotros mañana", sostiene, tras exponer con brevedad los hechos.
Sentarse a negociar
Lo que podría pasar es que Lioness Inversiones, o cualquier otro fondo con querencia por el ladrillo, compre su edificio y decida no renovar ningún contrato, por mucho que lleven ahí viviendo 20 o 30 años. No es ilegal, pero sí es, denuncian, "pura especulación inmobiliaria", o un nuevo charco de gentrificación. Por eso piden, como ya se ha hecho con otras firmas más poderosas, como Blackstone o Goldman Sachs, que el propietario de este fondo, Albert Ollé Bartolomé, se siente a dialogar con la comunidad en bloque y no de maneras individual, como aseguran que está haciendo con el objetivo de dividirles. "Pero nunca nos habíamos encontrado un bloque tan cohesionado como este", señala Carme, que añade que la unión es "fundamental para conseguir un acuerdo que permita que sigan en sus casas".

La protesta en defensa de los vecinos de la Casa Orsola coincide con las terrazas de los bares de la supermanzana de Sant Antoni / Zowy Voeten
Tono es uno de los afectados (la finca tiene 27 pisos y siete ya están vacíos). Vive solo y en octubre recibió un burofax en el que la nueva propiedad le informaba de que su contrato de alquiler (lleva 10 años en este edificio modernista) no iba a ser renovado. En diciembre debía entregar las llaves y dejar la vivienda vacía. Consiguió una prórroga de seis meses y el problema ha saltado a junio. Como él, otros residentes han encontrado la misma misiva en el buzón. Algunos, como es el caso de Josefa, según detalla el Sindicat de Llogateres, han recibido una oferta para poder quedarse un año más. En el caso de esta mujer mayor, paga 480 euros y le permitirían 12 meses más en la Casa Orsola a razón de 800 euros mensuales.
Futuro eje verde
Carme explica que negociar por separado "es una estrategia habitual de los fondos buitre para debilitar a la comunidad de vecinos". Pero no cree que eso vaya a pasar porque la unidad en el edificio parece estar garantizada, y apoyada por buena parte del tejido social del barrio. También el concejal del Eixample, Pau González, respaldó la movilización. El objetivo del nuevo propietario, según la portavoz del Sindicat de Llogateres, es construir pisos de lujo y alquilarlos por meses. Sobre qué podrá colocar en los locales de los bajos (los negocios que hay ahora también se quedan sin contrato), la cosa no está tan fácil porque el plan de usos del distrito limita las posibilidades más suculentas. La Casa Orsola, que debe su nombre a su impulsor, el empresario de mosaicos hidráulicos Joan Orsola (1845-1929), está en en Consell de Cent, calle que está a punto de convertirse en el primer eje verde de los 21 previstos en la capital catalana. Sin lugar a dudas, la reforma revalorizará los pisos. Al alza, por supuesto.
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