Las discrepancias entre los grupos

Las barcelonas posibles

  • Del tranvía a las supermanzanas, la ciudad variaría considerablemente en función de quién la acabase gobernando en el futuro

  • No es fácil presagiar un gobierno monocolor, porque hace años que nadie suma ediles para dirigir el ayuntamiento sin socios

El Trambaix, en una imagen de hace dos semanas.

El Trambaix, en una imagen de hace dos semanas. / JORDI OTIX

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Toni Sust
Toni Sust

Periodista

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¿Cómo sería Barcelona en función de que gobernase uno u otro entre los partidos que se presentan a las elecciones municipales en la ciudad? Algunas respuestas a la pregunta son claras oteando los programas y los discursos de los alcaldables potenciales. El mandato actual se caracteriza por una paradoja. Los socios de gobierno, Barcelona en Comú y el PSC, están un punto más alejados que los ‘comuns’ y ERC, socio estable externo. BComú y Esquerra han defendido casi lo mismo estos dos años de mandato, aunque hace unas semanas que están más distantes: los republicanos sostienen que los de Colau nunca acaban de cumplir lo pactado.

Todo apunta a que el próximo gobierno (2023-2027) también será de dos partidos como mínimo, lo que siempre obliga a matizar las posiciones iniciales. Y los sondeos que se han conocido en este mandato sugieren que en el próximo gobierno estarán Barcelona en Comú y ERC o Barcelona en Comú y el PSC, por lo que las prioridades serían similares a las actuales. Estas son las posiciones actuales en relación con los temas más relevantes de ciudad.

El tranvía

Barcelona en Comú y el PSC son partidarios de la conexión por la Diagonal, un proyecto con futuro gracias al apoyo de ERC. El matiz: los republicanos exigieron rebajar el beneficio del operador privado, algo que sucederá. Entre los grupos que rechazan conectar el tranvía, es decir, todos los demás, destaca Junts, que abomina de esa opción desde los tiempos de Xavier Trias y defiende el bus eléctrico como alternativa.

El coche y las supermanzanas

La movilidad de Colau es uno de los elementos que más excitan a sus detractores. Si los ‘comuns’ siguen al frente de la ciudad, mantendrán su apuesta por las supermanzanas, con especial atención al plan previsto en el Eixample. Y lo harán como una medida entre otras en su empeño en ganar espacio para el peatón a cuenta del coche. Una política jaleada por algunos sectores y rechazada por otros, que consideran que falta una mayor implantación del transporte público, especialmente para ir y venir de las ciudades cercanas a Barcelona, para tomar decisiones que ven demasiado drásticas. ERC apoya las supermanzanas aunque discrepa de los espacios elegidos, por considerar que se eligen feudos en función del voto. Los republicanos también discreparon del urbanismo táctico y los bloques de hormigón. El resto de la oposición rechaza las medidas que recortan espacio al coche y es de prever que si estuviera en su mano las revertiría.

Terrazas

El gobierno local permitió a los restaurantes instalar terrazas en la calzada para recuperarse de los efectos económicos de la pandemia, que ha afectado al sector con una gran dureza. Es una de las políticas del mandato en las que el PSC ha logrado dejar huella. ERC discrepó de la decisión de consolidar todas las terrazas ganadas, ya que abogaba por retirar de las aceras cada mesa que se ganara en la calzada, con el fin de que se recorte espacio al coche y no al peatón. Por eso votó en contra. Ciutadans y el PP se abstuvieron por lo contrario: no ven claro que se quite permanentemente es espacio de calzada a los coches.

Una terraza, a principios de enero.

/ MANU MITRU

La regulación hotelera

La limitación establecida por los de Colau a la aparición de nuevos hoteles, vetada en el centro de la ciudad, fue quizá la medida más relevante de su primer mandato como alcaldesa. Fue denunciado por gran parte de la oposición como una medida antieconómica y en lo simbólico quedó resumida en el veto al hotel previsto en el edificio del Deutsche Bank, que fue descartado. Tras los reveses judiciales, la medida fue renovada con el apoyo de ERC. Es de suponer que de gobernar otras fuerzas, la regulación desaparecería.

En cuanto a los hogares compartidos (alquiler de habitaciones por periodos inferiores a un mes), Barcelona en Comú está en contra, como ERC. El PSC está a favor de regularlas, como gran parte de la oposición.

Turismo y aeropuerto

El frente turístico ha visto cambiar considerablemente la batalla suscitada al respecto del sector. Barcelona en Comú pasó de abogar por un decrecimiento y de cuestionar el turismo masivo a celebrar ahora que viva un escenario de recuperación futura para paliar los estragos económicos del covid. Este punto suscitó una de las divergencias en el gobierno: Bcomú rechazó la ampliación del Aeropuerto de El Prat por considerar que supondría un incremento indeseable de visitantes, como hizo ERC. El PSC subraya que luchará para que la ampliación se acabe produciendo.

Vivienda

Todos los grupos, incluso el PSC cuando estaba fuera del gobierno, han criticado a Barcelona en Comú por considerar lento su ritmo de construcción. Pero en general no hay planes muy distintos al de ampliar el parque social, al que le quedan muchas décadas para contar con un número que logre afectar a la baja los precios del mercado. La discrepancia, pues, está en la velocidad y la eficiencia, no en el objetivo.

La supermanzana de Sant Antoni.

/ JORDI OTIX

Cobertura de la Ronda de Dalt

Vista como un proyecto que conectaría con el verde de Collserola y que daría cohesión y espacio a muchos vecinos, solo se ha avanzado parcialmente en los últimos años. El PSC la ha apoyado y ERC la defendió y acordó una partida al respecto en el presupuesto para 2020, que dice que no se materializó. Otros partidos también defienden la cobertura total, pero el gobierno, especialmente Barcelona en Comú, sostiene que es una operación con un coste inasumible. Se habló de 400 millones de euros, que algunos grupos rebajan a casi la mitad. 

El Hermitage

Sirva el proyecto de museo como ejemplo de iniciativas económicas que no reciben el apoyo de Barcelona en Comú. ERC también lo rechaza. El PSC ha dejado claro que es partidario de salvarlo, como el resto de la oposición. En este caso ya no parece que haya vuelta atrás. Con otros gobernantes, el museo se hubiera quedado en la ciudad.

Seguridad

Principal preocupación de los barceloneses desde hace tiempo. Colau ha sido muy criticada por la gestión en este aspecto. Por lo que es de prever que un gobierno de signo distinto apostaría por un cambio severo que se notara en la calle.