HISTORIAS METROPOLITANAS... 11

Las primeras de Sant Boi

Fátima y Bouchra llegaron al Baix Llobregat desde su Tánger natal siendo unas niñas, donde crecieron educadas por una madre activa y activista que fue una de las fundadoras de la Asociación de Mujeres Magrebís El Farah, entidad cuya llama mantienen viva estas hermanas. Llevan 25 años luchando desde la cultura por la integración, contra los estereotipos y por la libertad de la mujer.

Fátima, portavoz de la asociación de mujeres magrebís El Farah.

Fátima, portavoz de la asociación de mujeres magrebís El Farah. / ÀNGEL GARCÍA

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Helena López
Helena López

Redactora

Especialista en movimientos sociales y vecinales

Escribe desde Barcelona

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Fátima y Bouchra siguen con honor el ejemplo de su madre, una pionera. Una de las primeras mujeres marroquís que llegaron a Sant Boi de Llobregat, en los años 80, cuando Fátima tenía ocho años y su hermana, Bouchra, era un bebé. "Mi madre cogía a mi padre del brazo y se sentaban a tomar un café en una terraza de la plaza de Catalunya", recuerda rebosante de orgullo Bouchra mientras busca en su móvil la fotografía de su madre, fallecida ahora hace tres años, en un recorte de la prensa local. Es una noticia de la primera vez que la Asociación de Mujeres Magrebís El Farah -de la que su madre fue una de las impulsoras- participó en la mítica Fira de La Puríssima que se celebra todos los años en el parque de la Muntanyeta. "Fue un éxito rotundo. A todo el mundo le encantó el cuscús, el té y los dulces y cuando nos veían las vecinas por la calle nos preguntaban que si lo volveríamos a hacer", explica emocionada Bouchra. Habla en la sala del majestuoso centro cívico Can Massallera en la que la entidad ahora empujada por estas dos hermanas ofrece cursos de castellano y de costura para mujeres.

Aquella Puríssima que revolucionó sus historias fue la de 1996 -son una entidad con solera en el municipio- pero ambas la recuerdan como si fuera ayer. Las marcó mucho ("¡casi doy a luz aquel día!", bromea Bouchra) y la buena respuesta de todo el mundo les dio la fuerza necesaria para hacer crecer la asociación, cuya semilla había sembrado una trabajadora de Servicios Sociales que propuso a algunas mujeres magrebís -en aquel entonces ya un buen número- que crearan un espacio de encuentro y ayuda mutua. Su madre le cogió el guante. "El primer objetivo era dar a conocer nuestra cultura al resto de vecinos, vencer a las reticencias y al miedo que provoca siempre el desconocimiento del distinto; pero también ofrecer un espacio seguro para las mujeres", expone Fátima, cuya prioridad es luchar por los derechos de las mujeres. "Que todos tengamos las mismas oportunidades. Solo eso", apunta con soltura.

Clase de gimnasia en el centro cívico Can Massallera, hace unos días.

/ Àngel García

Mientras Fátima y Bouchra explican el trabajo de la asociación, en otra sala del luminoso centro cívico -su cuartel general- un reducido -el covid no perdona- grupo de mujeres de la asociación está en una clase de gimnasia. La organizan dos días a la semana, miércoles y viernes por la mañana. En un espacio cerrado, no mixto, en el que se sienten libres y seguras y pueden cuidarse. Además, si lo necesitan, pueden llevar a sus hijos pequeños, aún no escolarizados, lo que les supone una facilidad en no pocas ocasiones decisiva. "Tenemos todavía mucho trabajo por hacer por la igualdad de las mujeres, por que nosotras tengamos los mismos derechos que los hombres, pero seguimos trabajando", insiste Fátima sentada frente a su hermana.

Además de las clases de castellano, de gimnasia y de costura, ofrecen también un servicio de "punto de referencia" todas las semanas. Un lugar en el que informan a las mujeres recién llegadas a Sant Boi o a las que ya llevan tiempo aquí pero todavía no han hecho red sobre todos los recursos que tienen a su disposición. "Es un servicio que hubieran agradecido muchísimo las primeras que llegaron. Ahora, por suerte, ya hay mucho camino recorrido", señala Bouchra, quien añade también que sigue siendo necesaria la lucha contra el racismo. "Desde el primer día una de las cosas que buscaba la entidad fue combatir ese racismo compartiendo nuestra cultura. Haciendo que nos conocieran, dándoles a probar nuestro té y nuestras pastas", relata esta madre nacida en Tánger, pero criada en Sant Boi.

Fátima con una de las máquinas de coser de los talleres en Can Massallera.

/ ÀNGEL GARCÍA

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Otra de las actividades que organizan como asociación que les hace brillar especialmente los ojos son las excursiones. "Me acuerdo una que hicimos a Castelldefels. ¡Había algunas mujeres que no habían ido nunca a la playa! Y fuimos a comer a un restaurante; a sentarnos y que nos sirvieran. Fue una experiencia muy bonita para todas", narran con la misma ilusión que recuerdan otra salida al Poble Espanyol y otra a pasear por los huertos a ver las alcachofas.

Rompiendo prejuicios

Fátima explica también que muchas de las mujeres que llegan -a veces fruto de reagrupación familiar, pero no solo-, tienen estudios. "Solo les falta el idioma. Por eso teníamos claro que una de las actividades que teníamos que mantener eran las clases de castellano. Conocer el idioma es un paso imprescindible para empoderarse y perder el miedo al rechazo", reflexiona la conocida activista de Sant Boi.